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Corrupción en España vs. Democracia: Paraísos fiscales estercoleros de corruptos y de corrupción

MADRID, 06 de FEBRERO de 2013
 

La corrupción se adueñó de todas las instituciones del Imperio Romano y así terminó, como por lo general ha sucedido con tantos otros regímenes políticos. Si existe un enemigo de un régimen político, siquiera sea dictatorial, es la corrupción, no digamos si se trata de una débil democracia formal como la española.

La corrupción tiene mucha más entidad y capacidad destructiva que la que normalmente le correspondería a una mera democracia formal, por mucho que se diga social y democrática de Derecho, porque no es más que una frase más bien declamatoria que, a la hora de la verdad, se traduce en bastante poco. No es casualidad que una crisis económica de la magnitud de la que estamos sufriendo desde hace ya casi cinco años en España, no sea la génesis y desarrollo de una amplia y profunda corrupción y destrucción de la democracia de arriba abajo. Porque mientras el sistema democrático va económicamente bien, el ciudadano come, vive, siquiera sea medianamente, tiene su trabajo y aguanta los costes, que suelen ser bastantes elevados, de mantener un gravoso y corrupto sistema democrático formal. Pero, cuando hay cerca de seis millones de parados y la gente no come, porque no come, y come de las instituciones pietistas de la Iglesia Católica o donde sea, y además le echan de su casa y le niegan su trabajo, en suma, lo más elemental para su sustento, la cosa progresivamente se va poniendo, mal, sociopolíticamente, para el régimen político del que se trate. Cunde la desesperación y aflora una insospechada y sumergida, delincuencia económica con unos enriquecimientos ilegítimos y desmedidos que, existiendo una cierta libertad de prensa, ya se encargan de comunicárselo a la ciudadanía esté parada o tenga un trabajo poco rentable como suele suceder. Brotan manifestaciones y protestas diarias, expresión de incontrolables indignaciones que se pretenden silenciar con dádivas un tanto limosneras que lo único que hacen es ir engordando el problema hasta que, un mal o buen día , estalle por doquier y destroce, con la rotundidad de un NO, como se está viendo, que no podrán parar las fuerzas de orden público, ni municipal ni nacional y, si se me apura, ni el mismo Ejército, inmerso también en semejante crisis socioeconómica.

No es casualidad que, en los años más agudos de la corrupción en España, hayan brotado procesalmente cerca de 500 corruptos que, de momento, están de rositas, esperando les llegue el tosco y desvencijado, pero terrible artefacto de la justicia criminal. Mas tarde que temprano.
Todos los días asistimos en televisión a los más dispares casos de corrupción y desmedido enriquecimiento injusto. Pero, los órganos de represión del Estado en el orden fiscal, jurisdiccional penal y policial guardan por lo general un pudibundo y recatado silencio. No hay ni mucho menos 500 corruptos en la cárcel, pero sí puede que hayan, con la lentitud propia de la dinámica judicial 400 delincuentes o semidelincuentes que por asaltar supermercados, joyerías y otras tiendas de abalorios, están sometidos a prisión incondicional. Y esto el ciudadano lo ve, lo oye y lo comenta con sus amigos y familia también de parados a la que pertenece.
Y la pregunta surge constantemente de inmediato: ¿Hasta cuándo se va a dejar de financiar a los bancos para que saneen sus cuentas pero que no dan, acto seguido un céntimo de crédito ni a familias ni a pequeños empresarios, e incluso grandes para que puedan ir creando los indispensables puestos de trabajo y la ciudadanía no esté sujeta a tantas convulsiones?. Cientos de miles de millones de euros han venido a salvar a bancos impresentables, gestionados la mayoría por granujas y delincuentes que viven o vivían ostentosamente, pero se negaban en redondo a conceder un modesto préstamo de 50.000 euros a un modesto empresario, para que no se vea obligado a cerrar su actividad y enviar al paro a los dos o tres empleados que tuviera. Esto no es de recibo.

Mucho menos lo es que vayan apareciendo cuentas millonarias en paraísos fiscales, cuando en España se está diciendo que no hay dinero, que no hay liquidez. Pero, el dinero no ha desaparecido y por eso no se puede dejar de dar crédito. Los bancos y cajas se han arruinado porque se han llevado el dinero se lo han llevado. El lector no necesita grandes conocimientos económicos sino solamente algo de sentido común, para saber que el dinero ni ha desaparecido ni se ha esfumado. Lógicamente debe estar en negro en el sótano, bien vigilado de alguna finca de plutócratas. De todas formas, el sitio más común y vulgar es que se encuentre en toda su negrura en los denominados “paraísos fiscales” o como hoy se me ha ocurrido denominar “estercoleros fiscales”, donde la evasión fiscal de grandes capitales encuentra un cómodo y aséptico escondrijo. Hace ya algún tiempo, siendo casi un estudiante, leí que esos “paraísos”, ahora “estercoleros”, no son más que un talón de Aquiles del sistema capitalista y que pueden estar terminando con él, como está sucediendo o ha estado a punto de suceder en economías tan sólidas como la de U.S.A. que parece ser ha remontado o está remontando debido a su potente previsión el brutal ataque del sistema capitalista y sus malvadas consecuencias.

La preservación de la libertad en la circulación de capitales está siendo utilizada, perversa y egoístamente, como una fácil y amplia oportunidad para eludir de todo control grandes o medianos capitales. El fracaso de los gobiernos españoles para mantener dichos capitales está a la vista. La gente, por lo general, prefiere estar un tiempo en la cárcel pero conservar su fortuna en el “estercolero fiscal” de turno y cuando salgan ya recogerán el dinero, por muchos años y años que dure, y durará, hasta el punto de lesionar el derecho fundamental a un proceso sin dilaciones indebidas, con efecto atenuatorios pero que además, será generador de pingües intereses, pero exentos de presión fiscal, porque para han estado en un estercolero y, en éstos no se pagan impuestos al Estado español.

En España tenemos una reciente historia de lucha contra los flujos dinerarios ilegales hacia paraísos fiscales. La durísima ley del General Franco, aprobada después de la Guerra civil, castigando los entonces denominados “delitos monetarios”, fue derogada, con auténtico alborozo de los millonarios por una muy imperfecta Ley democrática de control de cambios, con graves errores en su génesis y fue sustituida a raíz de la entrada en España en la antigua C.E.E., llegándose a una galopante y loca liberalización de un día para otro. No obstante, la total libertad de movimientos de capitales no se culminó hasta la promulgación del Real Decreto 1816/1991, de 20 de diciembre, que establecía la liberalización del control de cambios en España, a partir del 1 de febrero de 1992. En resumen, con la aparición del citado Real Decreto, se culminó el proceso liberalizador en línea con la armonía impuesta por la UE. Este Real Decreto fue modificado por otro Real Decreto el 1638/1996, de conformidad a la Directiva de la UE 88/361, y España procedió, de inmediato a liberalizar a partir del 1 de febrero de 1992 los movimientos de capitales con el exterior ya sea con Estado o extra comunitario, como es el tópico de la Confederación Helvetica. Habitual receptora de toda clase de estiércol español. Esta liberalización, en gran medida, va mucho más allá de lo exigido por la normativa comunitaria, que limitaba su ámbito a las transacciones intracomunitarias, ya que se aprovechó para extenderla también a las “operaciones” con terceros países.

Los paraísos fiscales, actualmente más de setenta, y algunos en fase de funcionamiento, han debido desempeñar, si no un exclusivo papel determinante, sí desde luego una importante función en la crisis española. El abundante dinero derivado de la brutal especulación inmobiliaria no va a ser fiscalmente contabilizado, sino que va a huir, que para eso están, a cualquiera de esos paraísos “fiscales”. Porque están concebidos para conseguir una opacidad total del dinero, sobretodo a efectos fiscales. Su propio nombre, paraísos fiscales, así lo indica. En ese sentido, no va a dejar de ser una cuestión nimia la del secreto total que impera sobre ese injente capital radicado en los mismos. Por esa razón, la acertada aportación de Francia y Alemania en la reunión del G-20 de Londres, ha girado sobre como poner término al secreto bancario y fortalecer el incremento del control financiero .La representación española no dijo ni pío, que se haya conocido.

Con la entrada de España en la Comunidad europea, la rigidez de nuestro sistema se vino totalmente abajo y se adoptó un sistema completamente opuesto, cual es, como subrayo, el de la libre circulación de capitales, en su sentido más amplio. Lo que hasta hacía poco estaba castigado con graves penas privativas de libertad y pecuniarias muy elevadas, dejó de ser un delito para, simplemente, ser “operaciones económicas regulares” y en la aduana solamente bastaba con rellenar un impreso y adelante con los maletines llenos primero en pesetas y luego en euros.
Hay que tener en cuenta que, en el fondo, los, en su día llamados delitos monetarios, más moderna y suavemente contra el control de cambios, son, antes de nada, delitos tributarios que, sin embargo, no eran estos últimos perseguidos automáticamente, a pesar de las condenas muy graves que por sí misma la evasión de divisas comportaba.
La desaparición del sistema de control de cambios, desde luego facilitó, hasta límites insospechados, la evasión de capitales y ahora llevaría razón se pudiese hablar que son atentados contra la economía nacional, cosa que en el franquismo nos parecía una exageración desorbitada, producto de una ley de Guerra.

Desde la Administración del Estado sobre este tema general, la verdad, es que se ha hecho bien poco hasta el momento. Al término de la reunión de Londres, el Presidente del Gobierno ha manifestó sin saber por qué, estábamos a presencia del “principio del fin de los paraísos fiscales”, a modo de declaración de intenciones un tanto aventurada y proyectiva. Pero, ahora, estará por resolver la grave cuestión de cómo llevar a cabo que esos paraísos fiscales dejen de serlo o no tengan afluencia de capitales tan fácilmente como la tienen en la actualidad. Sobre todo es por demás interesante saber de qué forma concreta y real, se puede producir, si es que se puede, el fenómeno de la repatriación, para que de esa manera se aporte algo a la solución de la crisis y que no se esté nutriendo, solamente, de inyecciones (deuda) de dinero público o de avales del Estado, puesto que en el fondo todos los españoles estamos cooperando a resolver unos graves problemas de los que, curiosamente, somos víctimas pero no beneficiarios.

Se ha seguido un sistema de captación del 10% de dinero evadido. El Estado ha sido, a cambio de ese 10%, muy generoso con los delincuentes evasores. Podría haber sido menos, pero ha pensado que “menos da una piedra”. Ha mezclado a los ladrones con los policías y eso es un principio nefando, político-criminalmente. Al final, la corrupción ha podido y ha podido con el Estado de Derecho, muy débil por su debilidad macro y microeconómica. En el fondo, le ha pedido suplicantemente a los ladrones que le den un 10%. Se ha conformado con eso. No hay que olvidar que es un Gobierno de la derecha pura y dura. A su derecha no hay nadie.


Todo esto último da mucho que pensar.

La verdad sea dicha muy pocas personas físicas o jurídicas se han ocupado del tema. CCOO y UGT y mucho más posteriormente mi buen amigo y colega, Juan Velarde ha demostrado una cierta sensibilidad en un artículo publicado en ABC del mes de Abril del año 2009, inmediatamente posterior a la reunión de Londres. Todo ello muy tardíamente.
Desde la Administración del Estado sobre este tema general, la verdad, es que se ha hecho bien poco hasta el momento y no se vislumbra actuación bancaria de ninguna clase, ni de bancos privados o públicos o del banco emisor que contengan la más mínima finura intelectual para impedir la fuga de capitales y la descapitalisación de España. Por su puesto tampoco existe atractivos para que invierta el capital extranjero en nuestro país y entonces ¿ Cómo combatir el desempleo?.
Al término de la reunión de Londres, el Presidente del Gobierno, a la sazón, señor Rodríguez Zapatero, ha manifestado que estamos a presencia del “principio del fin de los paraísos fiscales “, a modo de declaración de intenciones un tanto proyectiva como ya hemos indicado. Pero ahora estará por resolver la grave cuestión de cómo llevar a cabo que esos paraísos fiscales o mejor “estercolero”, donde se oculta el dinero contante y sonante, se repatrié o no tenga afluencia de capitales generados en España tan fácilmente como lo están teniendo en la actualidad todavía. Sobre todo seria muy interesante saber de que forma, concreta y real, se puede producir la llamada repatriación total, para que de esa forma se aporte algo a la solución, si es posible, de la crisis y que no se esté nutriendo de inyecciones de dinero público o privado puesto que en el fondo todos los españoles estamos cooperando a resolver un gravísimo problema del que somos victimas pero beneficiarias. Que los primeros paguen los perjuicios no deja de ser un cruel contrasentido.
Quizá porque de lo contrario todavía podía ser peor. De todas formas creo que, solamente, con una seria actividad de la legislación española, que es necesaria, en la persecución de los evasores de euros, algunos de ellos sumamente conocidos, podría irse poco a poco recuperando un cierto crédito y una confianza que hasta ahora se presentan como inexistentes.
Tan inexistentes como se pretende que lo sea encontrar al fugado capital que, en gran medida, ha ocasionado, muy principalmente, esta crisis, tan grave como inhumana.



Manuel Cobo del Rosal, Catedrático de Derecho Penal y Abogado.

 


 





 


 

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