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La desaparición del parricidio y de la premeditación del Código Penal de la llamada democracia

MADRID, 11 de OCTUBRE de 2013
 

El vigente todavía Código penal español, que espera, inquieto, la amenaza de una anunciada hecatombe, que parece ser, se producirá en la actual legislatura, va a ser objeto de una práctica reforma casi total. Como hasta ahora sucedido, no ha habido ministro de justicia como tampoco de Educación, en los últimos decenios, que se haya quedado quieto. Todos, uno tras otro, han introducido una reforma parcial o total del Código penal o de las leyes educativas, en su caso, aunque no hayan tenido la menor idea ni de uno ni de otra. Todos han querido que aparecieran sus nombres y apellidos en el B.O.E. mas bien para mal que para bien. No voy a entrar ahora en detalle porque ya no recuerdo ni sus nombres ni sus apellidos de los que han desempeñado por el dedo de algún presidente del Gobierno tamañas funciones.
Así las cosas, los actuales no van hacer menos. El ministro de Educación ya ha cumplido con su bizarra y total reforma. Puede hacer algo mas, sin duda. Pero ha salido tan escaldado que no creo que se le ocurra otra originalidad. El proceso de confección de una reforma bastante generalizada del Código penal esta avanzado, como según dicen los medios de comunicación.
Es, sin duda, un buen momento para reflexionar y plantearse si debe continuar desterrado del Código penal español el delito de parricidio tal y como fuera entendido por la constante legislación penal española y la agravante de premeditación, que desaparecieron, como por arte de magia. Nadie lo había pedido, y menos con clamor, para después llorar por su ausencia, creándose, con fea expresión la ahora llamada “violencia de género”.
Repito: no recuerdo que hubiese una actitud general de los hermeneutas, ni de la jurisprudencia criminal del Tribunal Supremo. Fue, sencillamente, una simple copia del Derecho penal alemán, sin que hubiera en España una seria, razonada y razonable opinión para que fuese expulsado del Código penal. Quien sí lo hizo a finales del siglo XIX fue el ilustre catedrático de Derecho penal de la Universidad de Berlín F.von Liszt. Sobre la base de la siguiente presunción. El delito de parricidio no es mas que un homicidio simple atenuado. Porque siempre está caracterizado por la pasionalidad y la vida del padre o de la madre o de la mujer o de los hijos y de los abuelos o del cónyuge no es objetivamente más digna de represión que la de un tercero. El bien jurídico protegido es idéntico: la vida humana. Está consideración del tan ilustre maestro del Derecho penal tirada por la ventana toda la histórica tradición, derivada, inmediatamente, del Derecho penal romano sobre el concepto de familia y la exquisita protección de la vida de sus componentes, de forma especial del pater familias. Pero tan prestigioso profesor era alemán y su país no fue romanizado, y no podía valorar la diferisiación con el Derecho germánico. Tan radical posición fue mimetizada por quienes las que prepararon y confeccionaron el proyecto del vigente Código penal. Nada se discutió sobre el tema en vía parlamentaría. El PP entonces en la oposición se abstuvo.
No debe olvidarse tampoco que uno de los pilares fundamentales de la génesis del Derecho penal fue el tabú del parricidio. Como era la costumbre prehistórica. En el Derecho penal español era el delito mas grave. Se castigaba, sin circunstancia con la pena de reclusión mayor a muerte. De buenas a primeras, desapareció, haciendo mutis por el forro, sin ni siquiera una explicación parlamentaria como viene siendo costumbre en la actuación de los políticos españoles que aunque se proclamen de izquierda tienen, a veces, los mismos reflejos que los franquistas de derechas. La comodidad muchas veces se antepone al ejercicio de la practica de la democracia.
Algo parecido sucedió con la famosa y popularmente agravante premeditación. Hacía algunos años que la überlegun (premeditación), había desaparecido del código penal alemán. Nosotros no íbamos a ser menos, y la suprimimos sin más. Tan arraigada estaba en la conciencia popular española, que los periodistas que siguen el crimen espantoso de la muerte de la niña de Santiago de Compostela, afirmaron por doquier que estaban pendientes de la recepción de la pruebas de laboratorio para conocer si la muerte de la pobre niña Asunta había sido premeditada, porque entonces seria un asesinato.
Tampoco hubo necesidad, de la desaparición de la conocida agravante que, desde siempre, estuvo en los códigos penales españoles. Parece ser que los escribientes del proyecto del vigente código penal creyeron que, suprimiéndola, tendríamos un sistema penal como el alemán. Eso no es verdad..
Nos faltan miles de cosas para que eso pudiese suceder pero, copiando, acriticamente, no resolvemos nada.
La premeditación que fue objeto de muy buenas tesis doctorales y que desde los prácticos de los siglos XI y XII había sido objeto de una inmejorable construcción doctrinal y científica también fue, inopinadamente, expulsada del Código penal español. Nada se dabatió en las Cortes generales españolas. Simplemente se voto y ya está usted servido. Con esta metódica franquista fue aprobada su eliminación. El desprecio por el pueblo soberano fue, una ves mas, mayúsculo.
Esperemos que la reforma que se divisa en lontananza no sea como las anteriores y los medios de comunicación no sigan con el sainete dictado por los políticos “de tu eres mas corrupto que yo”, mientras la justicia por lo general calla y calla. Espero dedicarme a esto algún día..


Manuel Cobo del Rosal, Catedrático de Derecho Penal y Abogado.

 


 





 


 

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