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COLABORACIONES / Opinión

 
A más ilusión…mayor recaudación
MADRID, 02 de JULIO de 2014 - LAWYERPRESS

Por José María Moyano. Socio Drtor. Dpto. Fiscal Adarve Abogados

José María Moyano. Socio Drtor. Dpto. Fiscal Adarve AbogadosMilton Friedman dijo:

"Estoy a favor de reducir los impuestos bajo cualquier circunstancia, con cualquier excusa, por cualquier razón y siempre que sea posible."

Así mismo sentenció:

“Uno de los más grandes errores es juzgar a las políticas y programas por sus intenciones, en lugar de por sus resultados.”

Veremos los resultados de la reforma fiscal. Sin embargo cabe preguntarse si estamos ante una autentica reforma fiscal, o simplemente ante una bajada de impuestos.

La línea entre autentica reforma o simple bajada de impuestos es muy delgada.

En mi opinión, un conjunto amplio de medidas, dirigidas a reducir los tipos y hacer desaparecer la mayoría de deducciones, es un ejemplo de reforma y no simple maquillaje del sistema que hasta entonces existía. En cualquier caso no creo que esto sea importante y debamos perder más tiempo en cuestiones conceptuales.

Analizando las medidas, lo que pretenden es generar mayores recursos poniendo mayor liquidez a disposición del ciudadano. La teoría económica señala que la misma se puede reactivar por vía del consumo y del ahorro:

- mayor consumo, que genera empleo, y mayor recaudación. Esto será posible desde el momento que el ciudadano, al habérsele reducido los impuestos, dispondrá de más dinero.

- Vía ahorro, que se traduce en inversión. Desde el momento en que el ciudadano dispone de mayor liquidez, invierte más, que se traduce nuevamente en generación de empleo y mayor recaudación impositiva del estado.

Al adoptar estas medidas el riesgo está (riesgo que se puede medir o reducir pero no evitar completamente) en que disminuya la recaudación del Estado. En un primer término, así habrá de suceder. Sin embargo, si la confianza de los ciudadanos aflora, los mecanismos de consumo e inversión se activarán, lo que se traducirá en, incluso, mayores recursos a favor del estado vía recaudación.

No obstante, la economía es una ciencia inexacta que se basa en las emociones de los ciudadanos. Al final, sí resultará que la economía es un estado de ánimo. La reducción de tipos influye en el bolsillo…y en el corazón de los contribuyentes. Por ello tipos más bajos conducen a una voluntad de pagar lo que corresponde. Tipos superiores animan al fraude fiscal.

Y es que es necesario bajar impuestos para volver a crecer.

En este sentido, Arthur Betz Laffer, creador de la "Curva de Laffer", sostiene que una menor presión fiscal tiene como efecto una mayor actividad económica, generar empleo y aumentar la recaudación. Es cierto que también tiene sus detractores, pero yo en particular, más allá de modelos matemáticos que demuestren la precisión o el error de esta teoría, sí comparto su punto de vista y no pocas veces (no todas), la realidad ha demostrado que su teoría se cumple.

Ahora bien, para que lo anterior sea cierto, no deben cumplirse únicamente las condiciones que los economistas consideran idóneas, ya que los artífices del cambio son, en último término, los ciudadanos. El éxito o fracaso se deja así en manos de los propios contribuyentes, quienes son los que, cargados de emociones (las personas somos razón y emoción) deciden si les gusta o no lo que escuchan, si refrendan esa política económica o la rechazan. Es decir, de nada valdría que las medidas adoptadas fueran óptimas desde el punto de vista técnico (que existiera un consenso de todos los gurús de la materia, de izquierdas o derechas, sobre su idoneidad), si el ciudadano no interpreta de igual manera la reforma a como lo haya hecho el gobierno.

 En este sentido juega un papel trascendental cómo se hacen llegar los mensajes. Estamos ahora analizando todos, y leyendo los ciudadanos, de que trata la "reforma fiscal". Algunos medios y partidos se dieron prisa en matizar las declaraciones del gobierno, manifestando que no se trataba de una reforma, si no de una bajada de impuestos, como si de esta forma le pudiera restar importancia al cambio, o le pudiera robar votos al gobierno actual. Y sin embargo creo que el mensaje es mucho más claro cuando se le habla al ciudadano de rebaja de impuestos, que es un lenguaje directo, coloquial, y que todos entendemos, que cuando se habla de reforma fiscal, con tentaciones de explicar cuestiones mucho más técnicas, donde se insinúa un cambio trascendente en el sistema tributario español, que al ciudadano, la verdad, ni entiende ni le importa.

A pesar del, quizá, error en la forma de nominar los cambios que han llegado, obviamente el gobierno, por tradición de todos los gobiernos, ha intentado (veremos si lo ha conseguido) “vender” las modificaciones que llegan. Así, los mensajes que se lanzan al ciudadano son claros: reducción de tipos impositivos, rebaja de retenciones, mayor dinero en el bolsillo de los trabajadores y rentas medias, etc.

Viniendo de una época que ha sido realmente dura, estos mensajes no me cabe duda que van a calar en la gente, del signo político del que se trate, generando emociones positivas en los individuos. Muchos ciudadanos se van a sentir mejor; si no completamente en términos económicos, que también -aunque la rebaja no fuera en realidad tal alta como se hubiera presumido de inicio-, si sentirán una clase de serenidad en su estado de ánimo.

 Nuestro ex-presidente del Gobierno, señor Rodríguez Zapatero, fue criticado (en privado yo también lo hice) por manifestar que la economía era un estado de ánimo. En realidad esto no era una idea suya, sino muy anterior, y la mayor crítica que se le hacía en realidad era tratar de hacernos creer que no existía crisis, y que se trataba todo de un error de percepción, que debía cambiarse para que, cambiando nuestro estado de ánimo, revertiera el ciclo económico.

La realidad es que no era posible que aquello que entonces defendía tuviera visos de éxito, porque además de las emociones que se generan en los contribuyentes, es necesario que existan unos mimbres para el cambio. No se trata ahora de remover lo sucedido años atrás, pero sí quiero destacar que entonces ni existían las condiciones para generar ese cambio en la visión de los ciudadanos, ni se hizo nada en particular para generar el cambio.

Actualmente, por merito del gobierno, o porque la mejora ha sido en la zona euro, o por que ha sido mundial, o por las razones que fueren, sí se cumple la existencia de bases sólidas que permiten que el cambio se vaya a operar de forma efectiva en la mentalidad de todos los que nos rodean.

 

 

 

 

 

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