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Delincuencia sexual, delincuencia “de sangre”

MADRID, 20 de ENERO de 2015
 

 

La verdad es que, según se dice, los “psicólogos y educadores de la cárcel barcelonesa de Briñas están desolados”, pues su trabajo de años no ha servido de nada, yo diría que absolutamente de nada. Esta confesión de impotencia, enunciada a modo de frustración profesional, no es más que una muy fuerte crítica al sistema penitenciario español que, con más o menos ligereza, permite otorgar permisos temporales de salida, cuestión de suyo más que discutible, sin las mínimas cautelas objetivas y precautorias de ninguna clase, y esto si que es indiscutible su crítica, pues supone un gravísimo deterioro, cuando no negación, del sistema jurídico penal, basado, fundamentalmente, en el simplismo de la pena privativa de libertad.

El delincuente sexual violento no es más que un psicópata, debido a que se le presentan, y de forma a veces desmedida, sus apetencias y impulsos sexuales, que se les presentan, satisfacer(?), incluso agrediendo y matando. No creo que el principio de igualdad, consagrado por nuestra Constitución, exija una igualdad de tratamiento penitenciario, para aquellos que no son iguales, ni mucho menos. Justo el tratamiento penitenciario, su sentido, en definitiva, está presidido básica y esencialmente por un método de clasificación y, sobre todo, de individualización. Y duda de que todos los delincuentes sexuales violentos deben ser objetivo de una muy diferenciada y cauta, por no decir prudente, observación con los demás. En ocasiones el desviado sexual, me refiero al gravemente aberrante, nos sorprende, porque exterioriza su desvarío, que ya existía en su comportamiento privado, irrumpiendo en el mundo exterior bruscamente. A modo singular Doctor Jekyll, tiene dos personalidades y dos formas de conducta: la privada o la publica o social. No se ve a tratar psiquiátricamente como debiera. Y en la segunda, se nos ofrece como un ciudadano honrado por demás o eso cree el. Y un buen día deja aterrados a conocidos y vecinos con la realización de un crimen de sangre espantoso. Vecinos y familiares dicen: pero si era muy buena persona; muy educado; siempre saludaba cuando coincidíamos en el ascensor, etc. Y esta visión superficial no puede tapar la grave dolencia que es la psicopatía sexual, sobre todo cuando esta reprimida.

Una vez, aparecerá con salvaje brusquedad, y sus amigos, conocidos y hasta familiares quedaran estupefactos.

La concesión de permisos penitenciarios, como desde siempre he razonado, encierra, más que nada, un pronóstico casi profético para el que no estamos preparados ni los juristas, ni tampoco profesional de disciplina alguna, sea psiquiatra, psicólogo o pedagogo. Se juega así en una ruleta a veces fascinante y a veces terrible y cruel. Por esta razón, el Derecho penal clásico, que iniciara Becaria, siempre entendido que el carácter más fundamental de la pena para que sea eficaz en su función preventiva, es el de su “infalibilidad”, y no la de su crueldad o la mayor duración de esta perdida de libertad, ordenada por las sentencias judiciales.

El corazón de toda reforma penal lo constituye el sistema penitenciario. Aquí se ha aprobado un Código penal nuevo, unas leyes penales de menores, etc, y no se ha llevado en profundidad la reforma del sistema penitenciario español. No es de extrañar que sucedan hechos tan espantosos como el que comentamos en las distintas y variadas manifestaciones que pueden presentarse en la llamada delincuencia sexual. De todas formas, se me puede permitir que diga que yo nunca había dado permiso de salida temporal al presunto asesino, que, a pesar de lo que se lea que violo a las jóvenes policías, me resulta muy difícil creerlo. Su actuación no es la de un genuino violador que necesita, imperiosamente, su dispersada sexualidad, y nada mas.

Su actuación es, más bien, la de un psicópata sexual asesino, pero quizá hasta impotente y que probablemente no cometió los crímenes solo.

No conozco ni el atestado, ni lo instruido, pues opino sobre relatos periodísticos.

Manuel Cobo del Rosal

Abogado y Catedrático de Derecho Penal. 


 

 

 
 
 
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