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07 de OCTUBRE de 2015

Cómo proteger el nombre y el logo de un contenido creativo en constante renovación

LAWYERPRESS

Por Matilde Párraga, diseñadora de ‘7 de Trébol’ y ‘Subbass7’, y Paz Martín, abogada y directora de Derecho Digital en Herrero & Asociados

Cuando oímos la palabra “moda” inmediatamente viajamos al fascinante mundo de las revistas y pasarelas, como la recién terminada MBFWM (Mercedes Benz Fashion Week Madrid). Todo ese engranaje de creadores, estilistas y cuerpos idílicos vestidos a veces con piezas imposibles. En definitiva, la parte que camina temporada a temporada de la mano del arte y el espectáculo.

Pero la realidad de la moda no se agota en un mero recreo para los sentidos. Detrás de todo ese despliegue, hay un potente mercado que se alimenta de creatividad y marketing. Un mercado que mueve millones de euros y, que como otros sectores se encuentra expuesto a situaciones que lo hacen peligrar.

En el caso de la moda, falsificaciones e imitaciones, generan importantes pérdidas a las firmas y marcas que realizan inversiones de dinero y talento para ofrecer al consumidor en cada campaña su personal visión de la sociedad, expresada en el lenguaje de la moda, a través de su propia identidad para, no pocas veces, ver frustrados buena parte de los beneficios esperados. Pero no por el fracaso de la propuesta expuesta, que ya es en sí todo un riesgo, sino por el uso que terceros ajenos a dicha inversión y riesgo hacen de la misma una vez tienen constancia de su éxito.

Proteger el nombre, la denominación de origen y el logotipo, que nos identifica y diferencia de la jungla mercantil, es algo que todos hacemos a nivel nacional, algunos también a nivel comunitario y los menos, no todos alcanzan ese mercado, a nivel internacional. Pero el sello de identidad de una marca de moda no solo es solo su nombre, también lo es su producto y es, en ese punto donde más se desconocen las propuestas de las que dispone el marco jurídico para su protección.

Cada modelo que se crea en moda, soporte de los valores de la firma o marca, es en sí un diseño industrial, que nos diferencia de la competencia. Tres figuras básicas nos amparan: los plazos de prioridad de exposición, el diseño no registrado, con una cobertura de tres años, y el diseño registrado con una cobertura de 25 años.

Pero no todo es tan sencillo. A menudo la protección de un diseño de moda es una cuestión a menudo polémica por la disyuntiva que se le plantea al creador. De una parte, la copia en el mundo de la moda está a la orden del día, especialmente en el sector de complementos y firmas innovadoras por sus patrones, estampados o prendas. Para poder defenderse, es aconsejable proteger y las vías son diversas.

Pero de otra parte, el mundo de la moda cada vez es más fértil y aquellas dos colecciones de hace unos años (primavera-verano y otoño-invierno) se han convertido en una innovación constante bajo el paraguas de colecciones crucero o similares. Además, dentro de cada colección el número de diseños puede ser realmente elevado y el coste de proteger una colección cuya vigencia va a ser tan solo de unos meses es un poderoso argumento para decidir no registrar. El diseño no registrado es por ello una opción y un derecho que invocar frente a una copia y a un tribunal pero no siempre es suficiente, especialmente para ciertos diseños que permanecen en el tiempo.

También existe una protección por propiedad intelectual que no debe olvidarse pues los derechos de propiedad industrial (marcas, patentes, diseños) son compatibles con los derechos de propiedad intelectual. No obstante, la dificultad de invocar el derecho de autor en el mundo de la moda reside precisamente en lo que se puede considerar o no objeto de propiedad intelectual: parece indiscutible que algunos diseños tienen un sello de autor tan indiscutible que se pueden considerar verdaderas obras intelectuales. Pero, ¿podríamos considerar una colección completa como objeto de propiedad intelectual? Necesitaríamos matizar muchos aspectos que no son objeto de este breve artículo.

En definitiva, un sector tan poderoso como es la industria de la moda no puede darle la espalda a los derechos de los creadores y de las propias empresas contando no sólo con las herramientas legales que ya existen sino también con el apoyo de los tribunales y la concienciación de los consumidores que a menudo tienen la responsabilidad de elegir entre un artículo original y una copia.

 

 

 

 
 
 

 

 

 
 
 
 
 
 
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