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La abogacía catalana quiere garantizar el derecho constitucional a la vivienda

El Grupo de trabajo del Ilustre Colegio de la Abogacía (ICAB) y el Consell de l’Advocacia Catalana (CICAC), sobre las proposiciones de ley de reforma de la LAU presentadas en el Congreso, ha anunciado la elaboración de un documento de propuestas para la reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU).

El acto ha sido presidido por el secretario de la Junta de gobierno del ICAB, Jesús Sánchez; con la asistencia también de los diputados de la Junta, Alejandro Fuentes-Lojo y Cristina Vallejo; y también el coordinador de la Comisión de normativa, Isidor García.

El secretario ha recordado que la Ley de 2013 tenía el objetivo de incentivar el mercado de alquileres, con vocación coyuntural en un momento de crisis en que la oferta era reducida y los activos inmobiliarios en poder de las entidades financieras no estaban siendo destinados a ningún uso. «Su mantenimiento está contribuyendo a agravar la problemática del acceso a la vivienda y está poniendo en riesgo la eficacia de este derecho constitucional».

Las modificaciones propuestas por el Grupo de trabajo del ICAB y el Consell de l’Advocacia Catalana en el texto se distribuyen en cuatro grandes bloques.

En cuanto a la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU):

Ley de Enjuiciamiento Civil (LEC):

Ley del IRPF:

Ley del IVA:

Durante la presentación de la propuesta de la reforma de la LAU se ha puesto de manifiesto la necesidad de abordar urgentemente la situación que no ha podido cubrir la Ley de 2013. En ese año el mercado del alquiler de vivienda en España representaba el 22,3% y en 2016 el 22,2%, mientras que la media europea en el año 2016 se situaba en el 30,7%.

Por otra parte, el precio del alquiler en los principales barrios de ciudades como Barcelona o Madrid continúa subiendo. El precio del alquiler de la vivienda en Cataluña aumentó en 2017 un 10,3% mientras que la media española de la subida fue del 8,9%.

Las medidas de hace cinco años han precarizado el mercado del alquiler mediante la estandarización de contratos de duración insuficiente para dotar el domicilio familiar de la mínima estabilidad necesaria, poniendo en riesgo el núcleo esencial del derecho constitucional a una vivienda digna, que consiste no sólo en el derecho a acceder a una vivienda, sino también en el derecho permanecer en él.