ASUFIN denuncia que entidades como CaixaBank están priorizando las tarjetas de crédito diferido como alternativa a las de débito convencional, lo que facilita que los usuarios incurran en crédito innecesario y costoso, con TAEs que alcanzan cifras cercanas al 20%. Esta entidad está sustituyendo las tarjetas de débito sin comisiones, de la que disponían sus clientes vinculados, por la MyCard, de modalidad “diferida”. Un tipo de tarjeta que está en radar de la futura Directiva de Crédito al Consumo por imitar el sistema ‘compra ahora, paga después’ – BNPL por sus siglas en inglés – que invita al sobreendeudamiento del consumidor.
ASUFIN ha detectado en el mercado varias tarjetas, con tipos de interés elevados y cercanos a los del crédito revolving, que no se encuadran en la categoría de débito (el gasto incurrido se carga automáticamente en la cuenta del usuario) ni en la de crédito convencional (el gasto incurrido se liquida a final de mes). La tarjeta de crédito diferido Mycard, de CaixaBank, tiene una TAE actual del 19,26%; entre las híbridas, encontramos la Visa Dual, de KutxaBank, con TAE del 21,31%, y la All in One, de Banco Santander, con TAE del 19,56%. Ibercaja comercializa una de crédito que permite la liquidación en plazos cortos, de una semana, al 11,41% TAE.
| EJEMPLO DE COSTE* para una operación de 1.000 euros
• 2 meses, sin coste: 2 cuotas 500 euros. • 3 meses, cuota mensual de 338,31 euros. Intereses pagados: 14,92 euros • 6 meses, cuota mensual de 172,93 euros. Intereses pagados, 37,59 euros. • 9 meses, cuota mensual de 117,84 euros. Intereses pagados, 60,58 euros. • 12 meses, cuota mensual de 90,33 euros. Intereses pagados, 83,90 euros. (*) Tarjeta MyCard de CaixaBank a 16/03/2022, TAE 19,26%. |
ASUFIN ha hecho llegar al BEUC (la organización de consumidores europea) y a Finance Watch un documento con propuestas dirigidas a la Comisión Europea para regular estas tarjetas en la futura Directiva de Crédito al Consumo.
Argumentamos que el auge de estos nuevos productos está en que los bancos no ganan con la gestión de cobros y pagos, sino con el decalaje del pago, puesto que al vendedor sí le pagan de inmediato mientras que al usuario le cargan el importe de la compra en su cuenta pasadas 48 horas, lo que no deja de ser una financiación al vendedor.
Además, en el caso de la tarjeta Mycard radica en que ya es la sustituta de la de débito convencional, dado que ésta ha pasado a tener coste mientras que la de débito diferido es gratuita. En concreto, el coste de una tarjeta de débito en CaixaBank es de 36 euros anuales y de la de crédito de 48 euros anuales.
Con ello se incumple que la tarjeta de débito debe ser un derecho (servicio financiero básico): ningún banco puede negarse a ofrecer una tarjeta de débito. Pedimos que la nueva Directiva europea de Crédito al Consumo obligue de manera expresa a ofrecer una tarjeta de débito convencional, que compita en igual de condiciones con este tipo de tarjetas y que el coste de mantenimiento no represente un factor disuasorio.
La tarjeta de débito, como un instrumento de control del gasto, es una medida para prevenir el sobreendeudamiento al cargar las compras sobre saldos. Mientras las tarjetas de débito diferido permiten comprar por encima del saldo, por la posibilidad de fraccionamiento de las operaciones en el momento de la compra y después.
ASUFIN también propone a la UE que hay que informar de manera adecuada al consumidor del riesgo que contrae al disponer de una tarjeta con múltiples posibilidades para activar modalidades de crédito onerosas.