Estamos viviendo una de las más rápidas e importantes revoluciones del comportamiento social de la historia. Creo que no somos conscientes de lo que esta transformación supondrá en los próximos meses o años. Ya no se trata de anticipar si nos van a volver a confinar o no, si la vacuna relajará nuestras costumbres o si podremos a volver a disfrutar de la necesaria socialización. Todo eso tendrá más importancia en nuestra vida familiar y en nuestro ocio que en nuestra vida laboral, donde también será enorme.
Presenciamos cómo despegan servicios a la carta en entretenimiento, restauración, modelos de compra de los particulares, de relación virtual, de búsqueda de pareja. Nacen nuevos servicios de información y tipos de productos que se demandan. Incluso nuestro vestuario se está viendo afectado por un nuevo estilo de vida. Nuestra indumentaria está anticipando hacia dónde va esta revolución; de lo más formal a lo más cómodo y práctico. Del consumismo desaforado a una más sensata reflexión.
Durante estos meses nos hemos ocupado mucho más de nuestra alimentación, de nuestra salud, de la conciliación familiar, de la educación de nuestros hijos, de la sostenibilidad de nuestros hábitos y del respeto al medio ambiente. Hemos visto cómo en pocos meses los animales salvajes han vuelto a ocupar los espacios que les hemos arrebatado, cómo se limpian las ciudades de polución y cómo se puede vivir de una manera más respetuosa con el entorno. Nos hemos desprendido de la arrogancia de que nada nos afecta y hemos descubierto la fragilidad de nuestra civilización.
Creo que ha sido un aprendizaje durísimo para todos y especialmente para millones de familias en todo el mundo que han perdido a alguno de sus miembros.
Nos ha servido para recolocar nuestras prioridades y poner un poco de sentido común en el absurdo orden que habíamos establecido. Muchas cosas pronto se nos olvidarán porque los humanos somos así de estúpidos, pero se quedarán muchos hábitos de eficiencia, de ahorro de costes, de optimización de tiempo y de nuevas formas de consumir y relacionarnos. Al final, como ocurre siempre, anclaremos antes los hábitos que tienen consecuencias económicas que los que tienen consecuencias emocionales. Antes seremos capaces de ser más productivos que más felices, aunque en este caso puede que una cosa nos ayude a la otra.
El mundo que ya está aquí hará desaparecer muchas empresas basadas en los desplazamientos por trabajo y en la presencia física. Cambia la moda y la composición de los tejidos y de los armarios, invertimos más en tecnología y adaptamos nuestras viviendas. La fuerza mayor ha quitado el miedo a dejar de hacer viajes caros y absurdos de negocio, largos vuelos, reuniones presenciales, congresos, convenciones y todo tipo de encuentros. Solucionamos en una hora y bajo coste lo que antes nos llevaba días y miles de euros. Surgen oportunidades para nuevas empresas basadas en lo digital y en servicios personalizados y aparece la gran oportunidad de negocio: desarrollar el ocio y crear nuevas experiencias.
Después de analizar todo esto no debemos pensar que ahora todo será digital y que nos convertiremos en los replicantes de la película “Blade Runner”. Volveremos a buscar el contacto, la cercanía, la confianza y la empatía. Pero debemos entrenar para hacerlo de otra forma, más ágil, en muchos casos con más apoyo en lo virtual, pero donde siempre tendrá una enorme importancia la relación humana y la importancia de nuestras emociones para tomar decisiones.
Personalmente me encanta que, por fin, podamos dejar de hacer el imbécil, recorriendo miles de kilómetros para asistir a una reunión rutinaria o a una visita intrascendente. Me parece estupendo que reservemos lo presencial para lo importante y nos apoyemos mucho más en la tecnología para lo aleatorio. Pronto veremos cómo nos lo agradecen nuestras familias, nuestra salud, la rentabilidad de nuestras empresas y el medio ambiente. La máquina de coser acabó con miles y miles de puestos de trabajo. La máquina de vapor hizo lo mismo con millones de empleos. Esta nueva era digital hará lo mismo, pero se crearán otros muchos. Pensemos.
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