No quiero tu éxito

Publicado el viernes, 1 diciembre 2023

Carlos Ranera

Carlos Ranera

Hace tiempo que parece que tener éxito es únicamente triunfar profesionalmente. Para muchos, el éxito es escalar hasta alcanzar puestos directivos, conseguir que la facturación de su empresa crezca o, simplemente, tener una buena posición económica. Si no consigues todo eso, eres uno más de los incontables mortales que no han triunfado, pero realmente, ¿eso es el éxito?

La respuesta a esa pregunta no es sencilla porque hay tantas posibles respuestas como personas hay en el mundo. Yo creo que debemos dejar de asociar el éxito con el trabajo porque, probablemente, triunfar en su profesión solo sea sinónimo de éxito para unos pocos.

El éxito va mucho más allá, es más trascendente y alcanza rincones mucho más íntimos. Para mí, el mayor éxito es dedicar tu tiempo a lo que te hace feliz, poder ganarte la vida con una profesión que te emocione, tener claras tus prioridades y conseguir lo que te vayas proponiendo, sea en un despacho o dentro del hogar.

Realmente, el mayor éxito es poder ser dueño de tu tiempo y ser libre de poder elegir. Muchas veces miramos con admiración al empresario y al directivo que van sentados en la parte de atrás de un coche estupendo y, sin embargo, nunca nos paramos a apreciar la suerte de las madres y los padres que esperan a sus hijos a la puerta de un colegio.

Es muy triste que pensemos que la vida envidiable es la del señor o señora, que va solo en la parte trasera de un cochazo, y que los que están en la puerta del colegio, están ahí porque no han triunfado. Nadie piensa nunca que los primeros quizá no se hayan atrevido a decir que no, cuando tuvieron que decidir, y que los segundos son los valientes que tienen claras sus prioridades. Yo me siento parte del grupo de los que envidiaba profundamente a los padres que tenían la sonrisa de sus hijos todas las tardes.

Eso no quiere decir que no me parezca admirable la fuerza de voluntad que hace falta para el éxito en el trabajo. Solo unos pocos elegidos dentro de las organizaciones o unas pocas empresas dentro de cada sector son capaces de alcanzar el éxito. Solo los mejores son capaces de triunfar. Quizá sea eso lo que nos provoca admiración. Pero solo me generan esa admiración, si esa es su prioridad y lo que les ha hecho felices. Y no siempre es así. Por eso, también me parece admirable la decisión de quienes, pudiendo elegir buscar el éxito profesional, han decido apostar por el éxito personal y familiar. Lo que en ningún caso vale es justificarse y decir que no he triunfado en mi trabajo porque aposté por mi familia o no he triunfado con mi familia porque he tenido una carrera brillante. La elección debe haber sido previa y haber actuado en consecuencia. Nunca un descarte.

Tengo amigos con enorme éxito profesional; otros, con gran éxito en sus estupendas familias, y otros, que cultivan y triunfan en sus relaciones personales. Cuando analizo cómo se ve la vida de unos y de otros, los que son admirados siempre son los que su vida ha transcurrido en despachos mucho más serios que la cocina de cualquier casa.

Esos son los que salen en los medios de comunicación, les hacen entrevistas y les dan premios. Sin embargo, puedo garantizar que no son los más felices. Tampoco los menos felices. Todo depende de las sensaciones de cada uno, de que sientan que llegaron a su destino porque ellos marcaron el rumbo y no porque la vida los arrolló hasta lugares que ellos no hubieran querido ni siquiera conocer.

Con esas, lo que realmente va a distinguir a las mejores empresas del resto es que, no solo no te obliguen a decidir entre carrera o familia sino, que fomenten el éxito en las dos caras de la misma moneda.

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