Manuel Hernández, Director y socio del Bufete Vilches Abogados
En el día a día es muy habitual cerrar acuerdos sin firmar nada.
Se contrata un servicio por teléfono, se acuerda un precio entre particulares, se encarga un trabajo “de palabra” o se acepta una condición sin dejarlo por escrito. Ahora bien: ¿un contrato verbal tiene validez legal o, en caso de conflicto, no sirve de nada?
Desde el punto de vista legal, los contratos verbales pueden ser perfectamente válidos y el problema está en cómo se prueba lo que se acordó en caso de desacuerdo.
¿Qué es un contrato verbal?
Un contrato es un acuerdo entre dos o más personas por el que se comprometen a cumplir determinadas obligaciones. En el Código Civil (art. 1259) se establece que existe desde el momento en que las partes consienten en obligarse a dar alguna cosa o prestar algún servicio.
Esto significa que no siempre es necesario firmar un documento.
Si hay acuerdo, puede haber contrato.
El contrato verbal es simplemente ese acuerdo que se alcanza de palabra, sin dejar constancia escrita. Puede darse en multitud de situaciones cotidianas: encargar una reparación, acordar la compra de un bien, contratar un servicio profesional o pactar un alquiler entre particulares son ejemplos conocidos.
Ahora bien, para que sea válido, deben cumplirse los requisitos generales de cualquier contrato: que exista consentimiento entre las partes, que el objeto sea lícito y posible, y que haya una causa que lo justifique. Si estos elementos están presentes, el contrato existe aunque no esté por escrito.
Por qué los contratos verbales generan tantos problemas
Aunque, como acabamos de decir, los contratos verbales son legales, generan muchos conflictos. El motivo principal no es la validez del acuerdo, sino la dificultad de demostrarlo.
Cuando todo va bien, no suele haber problema, pero cuando una de las partes niega lo que se había acordado o interpreta el acuerdo de forma distinta, surge la pregunta clave: ¿cómo se prueba lo que se dijo?
En un contrato escrito, las condiciones están claras: precio, plazos, obligaciones y firma de las partes. En cambio, en uno verbal, todo depende de recuerdos, conversaciones, mensajes o comportamientos posteriores. Esto hace que cualquier discusión se convierta en un problema importante.
En Derecho Civil, la carga de la prueba suele recaer en quien reclama algo. Es decir, si alguien afirma que existe un contrato verbal y que la otra parte ha incumplido, tendrá que demostrarlo.
Cómo se puede probar un contrato verbal
Aunque no exista un documento firmado, sí hay diferentes formas de acreditar la existencia de un contrato verbal. Los tribunales admiten todo tipo de pruebas siempre que sean lícitas y tengan valor para demostrar el acuerdo.
Una de las más habituales es la prueba documental indirecta, como mensajes de WhatsApp o correos electrónicos. Aunque el contrato haya sido verbal, estas comunicaciones demuestran que existió un acuerdo previo y cuáles eran sus condiciones.
También es fundamental la prueba testifical, es decir, declaraciones de personas que hayan presenciado el acuerdo o que conozcan su existencia. En algunos casos, especialmente en relaciones entre particulares, los testigos son clave para acreditar lo pactado.
Otra prueba frecuente es la conducta de las partes. Por ejemplo, si una persona ha pagado una parte del servicio o ha recibido el producto, eso puede ser un indicio claro de que existía un contrato. Lo mismo ocurre si una de las partes ha comenzado a cumplir lo acordado sin objeciones iniciales.
En ocasiones también se utilizan pruebas periciales, especialmente cuando se discuten aspectos técnicos o económicos del acuerdo.
Qué ocurre cuando hay un conflicto en un contrato verbal
Lo primero que hay que tener claro es que el contrato no deja de existir por no estar escrito. Lo que cambia es la dificultad para demostrarlo y defenderlo.
Si una de las partes incumple lo pactado, la otra puede reclamar judicialmente el cumplimiento del contrato o una indemnización por daños y perjuicios, siempre que consiga acreditar que ese acuerdo existía y cuáles eran sus condiciones.
El Código Civil, como hemos visto, permite reclamar el cumplimiento de las obligaciones contractuales, incluso si el contrato es verbal. Sin embargo, la realidad es que los procedimientos dependen de la solidez de las pruebas aportadas.
Por eso, en estos casos es habitual que el conflicto no se centre solo en si hubo o no contrato, sino en qué condiciones exactas se acordaron: precio, plazos, calidad del servicio o alcance del trabajo.
Riesgos de los contratos verbales
El principal es la falta de claridad.
Muchas veces las partes creen que están de acuerdo, pero en realidad no han concretado todos los detalles esenciales. Esto lleva a malentendidos que solo se descubren cuando ya hay un problema.
Otro riesgo frecuente es el cambio de versión. Al no haber un documento firmado, es más sencillo que una de las partes modifique su relato de lo ocurrido, lo que complica la defensa jurídica.
También es habitual que el contrato verbal se apoye en la confianza, especialmente entre particulares o en pequeñas transacciones. Lo que ocurre aquí es que esa confianza no siempre es suficiente cuando surge un conflicto económico.
Por último, existe el riesgo de que el procedimiento judicial se vuelva más lento y costoso, precisamente por la necesidad de reconstruir el acuerdo a través de pruebas indirectas.
Cuándo de debe evitar un contrato verbal
Aunque sea perfectamente válido, hay situaciones en las que recomendamos dejarlo por escrito. Esto ocurre, por ejemplo, cuando el acuerdo tiene un valor económico relevante, cuando se prolonga en el tiempo o cuando las obligaciones son complejas.
También es fundamental documentarlo cuando intervienen varias partes o cuando el cumplimiento depende de plazos concretos. En cualquiera de estos casos, un pequeño malentendido deriva en un conflicto complicado de resolver.
El contrato escrito no solo protege en caso de desacuerdos, sino que también ayuda a evitarlos, porque obliga a concretar los términos del acuerdo desde el principio.
Cómo actuar en un conflicto por un contrato verbal
En una situación así, hay que recopilar toda la información posible desde el primer momento. Esto incluye mensajes, correos, justificantes de pago, presupuestos o cualquier prueba que pueda ayudar a reconstruir el acuerdo.
También, identificar a posibles testigos que confirmen lo pactado o la forma en que se desarrolló la relación contractual.
Por lo general, antes de iniciar un procedimiento judicial, es muy útil intentar una reclamación formal por escrito, esto ayuda a dejar constancia del conflicto y, en ocasiones, facilita una solución negociada.
Si no hay acuerdo, será necesario valorar la vía judicial, teniendo en cuenta que la viabilidad del caso dependerá en gran medida de las pruebas disponibles.
El problema no está en la validez de un contrato verbal, sino en la dificultad de probar que existió cuando las partes dejan de estar en sintonía.
Siempre que sea posible, especialmente en acuerdos con cierta relevancia económica, lo más adecuado es dejar constancia por escrito de las condiciones. Esto no solo aporta seguridad jurídica, sino que también evita malentendidos que pueden terminar en un procedimiento judicial.
