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¿Cuál ha sido su caso más curioso?
- Tienden a encargarme bastantes casos
extraños. Uno fue una sucesión hereditaria
que se regía por un testamento de 1889. Era
de unos meses en que estuvo en vigor la
primera edición del Código Civil, pero
regido por el derecho civil especial de
Menorca de esa época.
- Un caso complicado…
- El juego de condiciones que dispuso el
testador era tan complejo que hasta más de
cien años después no se depuró la condición
y se supo quién era el heredero.
- La vocación la ha heredado de su padre.
¿Qué otras cosas aprendió de él?
- La austeridad, la tolerancia, su
preocupación social. Intelectualmente, me
admiraba la perfecta relación entre rigor
intelectual y rigor lingüístico: su
expresión se ajustaba como un guante a un
pensamiento. A la vez, profundo y preciso.
- ¿Más precisión y rigor en la universidad o
en los tribunales?
- Suelo encontrar más rigor en los análisis
jurídicos que se hacen en el ejercicio
profesional que en los trabajos de
investigación académica.
- Como alumno, ¿cuáles era sus asignaturas
preferidas?
- El latín y el griego. Y me siguen gustando
de adulto. Me admira cómo con medios tan
limitados, con una población culta tan
escasa, se pudo producir un conjunto de
obras tan fascinante y de un nivel medio
altísimo, que todavía nos pueden llegar a
emocionar, afectiva o intelectualmente.
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Tenemos mucho que aprender de los
clásicos.
- En esta época en que se publica
prácticamente cualquier cosa es bueno mirar
hacia atrás y aprender de aquella concisión,
de aquel nivel de exigencia y de excelencia.
En lo esencial, en lo profundamente humano,
no hemos cambiado mucho.
- ¿Saber latín le ha servido en algún
pleito?
- Una vez, una empresa andorrana me encargó
un asunto sobre incumplimiento de un
contrato celebrado en Andorra con una
empresa española. El derecho aplicable era,
a mi juicio, el derecho andorrano. Pero la
competencia correspondía a los juzgados de
Madrid. El derecho de Andorra era, pura y
llanamente, Derecho Romano. Y ello hizo que
la demanda prácticamente estuviera en latín.
Su redacción me resultó muy entretenida.
- ¿El juez también se entretuvo en
“latinajos”?
- El juez, español, entendió que aquel
derecho era como el del Código Civil, lo que
era verdad. Por lo que, para simplificar,
aplicó éste directamente.
- ¿Ganó el caso?
- Por completo, así que no me quejé de la no
aplicación del Derecho Romano.
- ¿Un clásico que haya leído últimamente?
- “Las Heroídas”, de Ovidio. Un conjunto de
cartas escritas por mujeres de la mitología,
vinculadas a las experiencias del amor y de
la pérdida. Me atrae la extraordinaria
belleza del lenguaje y su naturalidad y
proximidad a las formas actuales de
describir el mundo y los sentimientos.
Vuelvo a ellas cada cierto tiempo.
- ¿Es su obra favorita?
- Si tuviera que elegir un libro, elegiría
la “Eneida”. Para leer… y para traducir. Me
gusta imaginar tareas infinitas.
- ¿Con qué mito clásico se queda?
- El mito griego de Caronte, pero en su
versión latina de la “Eneida”. El barquero
que llevaba consigo las almas, o las
sombras, de los muertos recientes de un lado
a otro de la laguna Estigia. Lo asocio a un
fantástico cuadro de Patinir en el Museo del
Prado que ayuda a visualizar el mito.
- Dígame un falso mito de la abogacía.
- El del abogado que se pone de acuerdo con
la otra parte. Hay toda una categoría de
clientes que padecen esa obsesión de forma
recurrente. Creen que perdieron el pleito
porque su anterior abogado estaba de acuerdo
con el de la otra parte. Es falso e injusto.
- ¿Qué le falta a la Justicia española?
- Disponer de más medios personales y
materiales; especialmente más jueces y
magistrados. Es urgente, pero difícilmente
existen soluciones inmediatas.
- ¿Algo que copiar de otros sistemas
judiciales?
- Una colaboración más próxima entre jueces
y abogados para preordenar las incidencias
del proceso: fechas y horarios de
señalamientos, duración de las
intervenciones y de la prueba, criterios de
actuación. Y mayor flexibilidad en los
trámites orales con intervención activa de
los jueces ante los abogados para
preguntarles en búsqueda de la verdad
material y del fundamento último de sus
posiciones.
- ¿Qué cualidades debe tener un buen un
abogado?
- La independencia de criterio. Y, después,
el estudio y el rigor intelectual y
personal.
- ¿Por qué se presenta a estas elecciones?
- Después de bastantes años de ejercicio
profesional y de presencia en la junta de
gobierno, creo que conozco el Colegio y que,
con un buen equipo como el que he integrado,
puedo ofrecer un modelo de Colegio que sea
referente para una profesión que está en
plena transformación.
- Destaque tres cosas que aportará al
Colegio si sale elegido.
- Mayor presencia institucional del Colegio,
buscando la participación de todos los
colegiados. Mejor tutela de los abogados en
el ejercicio de su profesión, prestándoles
desde el Colegio amparo cuando esté
comprometido el derecho de defensa, su
libertad o independencia, o su dignidad. Y
más proximidad del colegio a todos, también
a quienes no ejercen ante tribunales, con
servicios y prestaciones asistenciales
dirigidos a ellos.
Lo dice un hombre de ley, ab imo pectore. |