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CONTRIBUCIONES
Cayetano Serna Serna, Abogado, Grau Pastor Mora Serna Abogados
La noticia de que 62 articulistas de prensa catalana pactaran un manifiesto conjunto, como estrategia de coacción y advertencia al Tribunal Constitucional, me sorprendió en mi despacho a primera hora de la mañana. Entre la febril actividad que en esas horas tempranas hay en todo despacho de abogados, la noticia por lo singular, sorprendente y ante la no existencia de precedentes en la prensa española a excepción de la alianza editorial, producida hace seis meses por doce periódicos catalanes, hizo que parase mi actividad profesional para reflexionar sobre lo que estaba ocurriendo. Leí el manifiesto publicado y en seguida comprendí de lo que se trataba: una iniciativa dirigida a tensionar, y presentar un ultimátum al Tribunal Constitucional, garante de nuestra Carta Magna. No me equivocaba, estaba leyendo correctamente: “...los pactos deben ser respetados, especialmente cuando tienen…la legitimación democrática de los ciudadanos. Si las instituciones y los partidos políticos no son capaces de encontrar una salida digna a la situación actual, la realidad obligará a los catalanes a elegir entre la involución y la selección”. Los firmantes del manifiesto recuerdan que ante la sentencia de un Tribunal Constitucional, “caducado, dividido, deslegitimado e internacionalmente desprestigiado”, España se encuentra a las puertas de un episodio de estricta involución política y autonómica…” “…que sólo puede resolverse en términos Políticos…” “…Si las aspiraciones del autogobierno nacional de los catalanes no cabe en la Constitución…” “… O los catalanes renuncian a sus aspiraciones, o renuncian a la Constitución…” El pulso estaba echado. Se amenazaba, y todo ello con la pretensión de poner los intereses de partidos nacionalistas catalanes (muy legítimos), por encima de una decisión judicial que aún no se conoce. Es claro que los intereses de todas las personas, incluso de los partidos nacionalistas catalanes, pueden y deben de ser defendidos, pero no puede existir ningún interés, ninguna ley, que esté por encima de la Ley de leyes. No seré yo como abogado quien discuta la posibilidad de criticar y debatir, las decisiones de los Tribunales de Justicia, pero una cosa es la sana crítica y otra muy distinta, la amenaza velada al más alto Tribunal de la Nación, realizada además en momentos en que por éste se está ultimando su Sentencia. Las expresiones arriba señaladas dejaban claro a todas luces que se pretendía menoscabar la independencia judicial. Fue entonces cuando recordé mis tiempos de estudiante en la Universidad y cuando vino a mi memoria la anécdota contada en repetidas ocasiones en todas las facultades de derecho de media Europa sobre Federico II el Grande, Rey de Prusia, su respeto al Poder Judicial y el molinero de Sans Souci. La historia es la siguiente: Federico II, también conocido como el Rey Filósofo y amigo de los enciclopedistas, mando levantar en la pequeña ciudad de Potsdam el palacete de Sans Souci al mas puro estilo rococó, auténticamente francés, rodeado de jardines con fuentes, estanques y jarrones de alabastro que emulaban al mismísimo Palacio de Versalles. Al final de la linde de los jardines del palacete había edificado un molino, y con la intención de ampliar el parque de su palacio, Federico II ofreció comprar el molino a su propietario, con la intención de demolerlo. El molinero se negó a venderlo aun habiéndole ofrecido el Rey un buena cantidad de dinero. Persistiendo en su negativa el molinero, Federico II intentó persuadirle diciéndole ¿No sabes que puedo quedarme el molino, expropiándotelo sin darte dinero a cambio? Entonces el molinero, sin mediar palabra montó en su caballo y preguntándole el Rey donde iba tan deprisa contestó: Sire, es gibt noch richter in Berlín (Sire, todavía hay jueces en Berlín). Cuentan que Federico II, reflexionó un momento y encantado con la respuesta, llamó al molinero y dio la orden de conservar el molino en medio del parque de Sans Souci, como recuerdo histórico de su respeto al Poder Judicial. Allí, en la actualidad, no lejos del palacete, se yergue, como símbolo del respeto a la Ley -del cual el Rey diera siempre ejemplo-, el celebre molino que el Soberano había tratado de manera infructuosa de adquirir a su propietario, sin que el Rey pasara nunca para satisfacer su deseo de ejercer la menor presión sobre su humilde súbdito. No se si los partidos Nacionalistas Catalanes que han promovido la iniciativa de publicar una editorial que atenta contra la independencia del Poder Judicial conocen esta historia, pero de lo que no me cabe duda es de que si la decisión de los jueces de Berlín se hubiera visto presionada por el favoritismo Real, probablemente el mundo no conocería el famoso molino, símbolo de Sans Souci. Cayetano Serna Serna Abogado, Grau Pastor Mora Serna, Abogados
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