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Los prestigiosos juristas Aurelio Menéndez Menéndez y Antonio Garrigues Walker han sido investidos doctores honoris causa por la Facultad de Derecho (ICADE), de la Universidad Pontificia Comillas, en un acto académico celebrado hoy en el Aula Magna de esta institución madrileña, en el que han recibido también la medalla de oro de la universidad. El Rector de la universidad, José Ramón Busto, SJ, destacó los méritos de ambos juristas que habían glosado previamente los profesores Alberto de Martín Muñoz, padrino de Menéndez, e Iñigo Navarro Mendizábal, padrino de Garrigues. En los dos coincide "una especial vinculación con nuestra universidad", dijo el Rector; representan a dos de los despachos de abogados más relevantes del país, que "han colaborado con nosotros en muchas iniciativas, contribuyendo así al diálogo, hoy tan reclamado como imprescindible, entre universidad y mundo profesional". La trayectoria de Aurelio Menéndez, hoy catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid y premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales de 1994, ha discurrido ante todo por la vida académica haciendo gala de una profunda vocación universitaria, a la que ha unido también el ejercicio de la abogacía en uno de los despachos profesionales más prestigiosos de España, Uría & Menéndez. Es creador de "una valiosa obra científica de amplias miras -añadió Busto-, donde sobresalen sus libros de Derecho Mercantil, que han servido para la formación de toda una generación de discípulos, no pocos de los cuales han seguido sus pasos de profesor por las aulas universitarias. Como no es infrecuente entre los mejores universitarios también ha puesto su competencia al servicio del Estado desempeñando cargos públicos importantes como son el de Ministro de Educación y Ciencia, Magistrado del Tribunal Constitucional o Consejero de Estado". La presencia de Antonio Garrigues, Presidente del bufete J & A Garrigues, en el mundo jurídico español "es tan intensa -dijo el profesor Busto-, que sin exageración podría ser presentado como paradigma del buen abogado. Se ha empeñado en ofrecer la máxima calidad en el desempeño de su profesión a través del despacho que preside, sin olvidar el mundo de alrededor, pues ha tratado siempre de fomentar las relaciones internacionales y se ha preocupado por mejorar la sociedad en la que vive". Profesionalidad de la universidad En su lección doctoral "Dos temas para la reflexión: la profesionalización de la universidad y la fragmentación del Derecho Mercantil", al referirse a los "aires europeos" que corren para acentuar la "profesionalización" de la universidad, Aurelio Menéndez señaló que, "si se eleva el adiestramiento profesional a la ocupación principal de la universidad será necesario contar con un profesorado que tenga una formación práctica suficiente". "Tendríamos que pensar, quizás, en la necesidad de superar el ejercicio simultáneo de dos profesiones, la de profesor y la de abogado -añadió-, sin que de alguna manera una de ellas padezca el peso de la otra, normalmente la que proporciona un mayor beneficio. Concretamente, la retribución que ofrece el mercado por el ejercicio de la abogacía en relación con la que ofrece la Administración (la universidad en nuestro caso) por el ejercicio en exclusiva de la condición de profesor, compromete gravemente la selección de los profesores por la tentación permanente hacia el ejercicio de la abogacía. Me parece que no hemos reflexionado suficientemente, como lo han hecho en otros países, alguno tan próximo como Portugal, sobre la integración de uno y otro quehacer en el marco de una única profesión de profesor a través del ejercicio práctico de la condición de doctor en el seno de la misma facultad o departamento". Esta integración, continuó Menéndez, "sería posible mediante, sirva de ejemplo, la preparación de dictámenes, la elaboración de informes para instituciones públicas o privadas, la actuación como árbitro en este o aquél asunto, la preparación del primer texto de un anteproyecto de ley, etc., todo ello sin formalismos ni limitaciones innecesarias, facilitando así el mas alto nivel de 'observación de la realidad' en el marco del mismo departamento universitario, oxigenando la vida universitaria con un mayor contacto con la sociedad y huyendo del riesgo de profesores desalentados o perdidos en una campana de cristal, sin que nada de ello suponga, claro está, una 'reorientación utilitaria de la universidad'". Aludió después el profesor Menéndez a que el Derecho Mercantil se presenta hoy en buena medida como un derecho "descodificado". Un derecho que aún trata de encontrar en la empresa el eje del sistema, sensible al predominio de la actividad industrial y financiera y al desarrollo del ordenamiento público de la economía. Un derecho que se está convirtiendo cada vez más en un verdadero derecho de la economía que recupera y acentúa la necesidad de su armonización internacional. "La evolución del llamado Derecho Mercantil como categoría dogmática parece encaminada hacia lo que podría ser su fragmentación con la permanencia, si acaso, de su subsistencia como categoría académica", afirmó. Derecho global Antonio Garrigues se preguntó, en su lección doctoral "El estamento jurídico y la globalización", sobre la nueva misión del estamento jurídico en estos comienzos del siglo XXI. Entre los datos negativos a los que habrá que hacer frente, citó un proceso de globalización acelerado e irreversible, un país, los Estados Unidos, que ostenta un poder hegemónico en casi todos los órdenes y que se resiste al multilateralismo en su conjunto; una distribución injusta de la riqueza y del poder, y graves problemas medioambientales, entre otras cuestiones. "En un mundo así descrito, la primera obligación de los juristas es, de un lado, desvelar y denunciar los enormes déficits legales y democráticos con los que se está desarrollando la globalización y, de otro, reclamar la existencia de normas e instituciones que gobiernen ese proceso". Repasó Garrigues algunas de las actuaciones de los Estados Unidos, como sus "fuertes e incontrolables tendencias al aislacionismo y a las decisiones unilaterales", que "no excluye en forma alguna la invasión de Irán para corregir el fracaso de Irak"; la justificación de "situaciones, verdaderamente inaceptables, como la de la cárcel de Guantánamo", o "la resistencia americana a las instituciones globales y la adicción al unilateralismo", o "su oposición frontal a aceptar el protocolo de Kyoto". “Si hay globalización tendrán que existir instituciones globales -agregó- y ahora habrá que añadir que esas instituciones necesitarán, a su vez, un derecho global. Parecerá de momento un objetivo utópico, pero no lo es. Y, aunque lo fuera, habría que luchar por él porque todo lo utópico acaba siempre realizándose". Tras expresar que piensa dedicar una gran parte de su tiempo a esta tarea del derecho global, Garrigues dijo que la implantación de un derecho global debería tener su base conceptual en el alcance y en el sentido de la Pax Romana, que tiene dos diferencias básicas con la Pax Americana: la primera, que los romanos tenían un sentido mucho más abierto, más respetuoso y más comprometido con las culturas ajenas; y la segunda se encuentra en el protagonismo que los romanos otorgaban al derecho, como un orden de convivencia entre los ciudadanos (ius civile) y los pueblos del orbe (ius gentium), basado en la lealtad de la palabra dada (fides), un exquisito