¡Y sé que no es morir esto que quiero! – José Carvajal y Hué

Publicado el miércoles, 13 noviembre 2019

José Manuel Pradas – La huella de la toga.

Creo que siempre es bueno –o al menos eso empieza a ser mi estilo- comenzar haciendo una pequeña reflexión de cualquier materia, por nimio que pueda parecer el tema y luego, con mayor o menor fortuna, enlazar con el personaje reseñado. Procuro ser ameno y variado y ya de paso terminar rescatando a algún jurista –la mayoría de prestigio en su tiempo- y que hoy están prácticamente en el olvido.

José Manuel Pradas

José Manuel Pradas, abogado.

Hace unos días me vinieron a la cabeza los ímprobos esfuerzos pasados para hacer que mi única hija se interesara medianamente por la lectura. Ni que decir tiene que no pretendía se fajara con Cervantes, Goethe o Faulkner. Mis aspiraciones eran mucho más modestas y me bastaba con Julio Verne, Salgari, las obras de Enid Blyton o como mucho las novelas de detectives de Agatha Christie o Conan Doyle a los que tantas horas dediqué. Bueno ahí están criando polvo esos libros de mi adolescencia, seguro que deseando los pobres que alguien los abra. Me causa una tristeza infinita que no le llame la atención leer “La isla del tesoro” o el desinterés en darle una ojeada todos los días al periódico. Estoy seguro que muchos padres me comprenderán.

La culpa, obviamente la tienen los tiempos actuales que no es que corran, es que vuelan. Internet, las redes sociales, cientos de canales de televisión, no quiero aburrir con la enumeración, todo apunta precisamente a huir justo de lo que nos hizo feliz a nosotros. Y así es como me voy acercando a nuestro protagonista de hoy, que en un siglo XIX, sin cine, automóviles, luz eléctrica tenía, como sus coetáneos, poco más que dos distracciones intelectuales para  llenar su tiempo, el estudio que traía la lectura y la tertulia. A través de esas actividades llegaban el saber y los conocimientos que en el caso de muchos de nuestros protagonistas, eran enciclopédicos.

Traemos hoy aquí a don José Carvajal y Hué, malagueño ilustre -con calle en Andorra por motivos que no he podido descifrar- y con una vida pública interesantísima.

José Carvajal y Hué

José Carvajal y Hué

En muchas ocasiones la realidad supera a cualquier ficción novelada y la vida de José Carvajal es sus primeros años es uno de esos casos. Su padre, represaliado político, emigró a los Estados Unidos, donde muere ciego, paralítico y arruinado, por lo que su madre regresa a Málaga para fundar un colegio de señoritas y poco después envía su hijo a Burdeos  con diez años para aprender francés y que haga estudios mercantiles. Con 16 años regresa a Málaga como tenedor de libros en las llamadas entonces casas de comercio. Vamos igualito que nuestros hijos hoy día.

Hace el Bachiller y estudia Derecho en Salamanca y fruto de su trabajo se consolida como empresario en Málaga con intereses en los ferrocarriles y llegando a ser fundador de la Caja de Ahorros de Ronda. De ahí salta a la política, adoptando el republicanismo –fue fiel seguidor de Castelar- y participando activamente en el movimiento revolucionario de 1868 que trajo la primera República. En el breve plazo republicano, le dio tiempo a ser ministro de Hacienda con Figueras y de Estado con Castelar, justo hasta el momento en que el general Pavía decidió darse una vuelta por el Palacio de las Cortes subido a caballo.

Fue en 1874 cuando solicitó ingresar en el Colegio de Abogados de Madrid, asignándosele el número 6190. Aunque siguió vinculado a la política, poco a poco se fue centrando en sus negocios, fue también prolijo articulista de prensa e hizo Colegio, llegando a ser Decano en 1884, sustituyendo a Álvarez Bugallal.  En el patio de la biblioteca del Colegio existe un retrato suyo obra de Jorge Llasera, donde destaca su luenga barba y una oronda bonhomía; parte del retrato es el que se reproduce aquí.

Carvajal era ferviente republicano como se ha dicho, resueltamente opuesto al federalismo y, sin lugar a dudas de un marcado carácter conservador, pues precisamente por ser antiborbónico se consideraba radicalmente patriota. Además se consideraba un firme oponente a la pena de muerte, por encima de cualquier otra convicción política. Prueba de ello fue la firme defensa que hizo de tres de los encausados en el famoso crimen de “La mano negra”, donde unos preanarquistas, miembros de una sociedad secreta, cometieron unos asesinatos que fueron reprimidos con firmeza y brutalidad. Defendió, con mal resultado y con toda la opinión pública en contra, en lo que hoy se denomina “pro bono”. Otro motivo más que le honra.

Carvajal era también masón, grado 33 de la orden, y paralelamente de una profunda religiosidad católica, como luego veremos. Su principal obra lleva un original título “Quodlibetos Jurídicos”, donde desgrana su ciencia en las más variadas materias y también son dignos de mención sus “Discursos parlamentarios” y el originalísimo “El azar y su influencia en las cuestiones de Derecho”. Falleció finalmente en Madrid en 1899 y está enterrado en su Málaga natal, constituyendo su sepelio una manifestación de duelo como pocas veces se había visto.

Me quedan tres últimas ideas sobre su figura. Más de uno se preguntará a estas alturas qué pinta la introducción sobre mis frustraciones y el escaso éxito que tengo con mi hija y su relación con la lectura con nuestro personaje. Pues bien, además de jurista, hombre de negocios, político, Carvajal era un enamorado de los idiomas. No uno o dos. Además del castellano, hablaba y escribía en inglés, francés, alemán, ruso, italiano y portugués. Y como por lo visto aún le debía sobrar tiempo, traducía el sánscrito, hebreo, árabe, latín y griego clásico y buscando un huequecito, se animó a traducir el Ramayana del sanscrito al español. Vamos, igualito que nuestros hijos, que no consiguen ven por ningún lado la gracia a Mortadelo y Filemón o a 13 Rue del Percebe, ni inteligencia alguna a Mafalda.

En segundo lugar, para aquellos que quieran interesarse por saber más de José Carvajal, no puedo por menos que hacerles una recomendación. El Colegio de Abogados de Madrid, en las navidades de 2017 y con la colaboración de Tirant Lo Blanc, editó una edición facsímil del alegato que contra la pena de muerte realizó en el Tribunal Supremo, con motivo de los crímenes citados de la Mano Negra. Completa la obra un magnífico estudio sobre su figura hecho por el Profesor de la Complutense José Miguel Serrano Ruiz-Calderón. Merece de verdad la pena. Este es el enlace: https://icam.odilotk.es/opac?id=00325198

Termino ya. Podía haber copiado aquí alguna referencia u opinión sobre Carvajal hecha por Pérez Galdós o Romanones, pero circunstancias  muy personales me llevan a concluir de otra forma, transcribiendo este soneto dedicado a su hijo, una pequeña obra de arte y del que quizá a alguno le pueda resultar familiar el último terceto.

Como quiero morir.

Quiero morir tranquila mi conciencia

de no haber hecho daño voluntario,

con lágrimas bañando el relicario

del alma, en el altar de mi creencia.

Labro en sufrir y amar mística esencia

que redime la culpa en el calvario;

yo pequé, más sufrí viento contrario

y amé a Dios, a mi patria y a la ciencia.

Quiero morir en brazos de mi hijo,

y hallar mi sepultura en el sendero

de la fe y el honor con rumbo fijo.

Quiero morir cristiano y caballero;

quiero morir besando un crucifijo,

¡y sé que no es morir esto que quiero!

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