De Malaga a malagón, o el impuesto al “cuartillo” – Miguel Cayetano Soler y Rabassa

Publicado el martes, 7 abril 2020

José Manuel Pradas – La huella de la toga.

A lo largo de nuestra vida, unas veces tomamos las decisiones adecuadas, otras no tanto, de la misma manera que hay sujetos que nacen con estrella y otros que irremediablemente, parezca que hayan venido al mundo para estrellarse brillantemente. Viene esto a cuento de lo que le sucedió a nuestro protagonista de hoy y permítaseme que no desvele nada hasta el final de la historia, para mantener la intriga.

Miguel Cayetano Soler y Rabassa

Miguel Cayetano Soler y Rabassa

Traemos hoy aquí a Miguel Cayetano Soler, como casi siempre un personaje relativamente desconocido para la mayoría –en la que me incluyo hasta ahora- un mallorquín ilustrado, de origen humilde aunque intentó disimularlo, que alcanzó ciertas cotas de poder y que le tocó vivir ese periodo de nuestra historia situado entre la Ilustración, el nefasto reinado de Carlos IV y el inicio de la “lucha contra el francés”.

Nacido en Palma de Mallorca en 1746 hijo de un agricultor, aunque como acabo de escribir intentó luego ennoblecer a sus ancestros, se licenció en Derecho en Palma de Mallorca, donde empezó a ejercer. Se traslada a Madrid, trabajando en el despacho de un jurista de prestigio como era Antonio Cano Manuel –firme candidato a ser traído a estas páginas- e ingresa en la Administración. Se colegia en Madrid en 1778 con el número 1945.

Regresa destinado a las Baleares y es nombrado “asesor togado del tribunal civil de Ibiza y Formentera” y aunque el cargo no parece de mucho ringorrango, en la práctica le convertía en una especie de máxima autoridad en las dos islas, donde al parecer realiza un trabajo más que aceptable, de manera que al regresar a Madrid a informar sobre su gestión, es “fichado” para la Hacienda pública por el reformista Francisco de Saavedra, nombrándole Intendente general de Rentas y consejero de Estado.

Soler era una persona íntegra –se supone que más o menos, porque con los personajes de aquellos tiempos no es fácil poner la mano en el fuego- vinculado a la masonería y que en 1798 asciende al cargo de Secretario de Estado y del Despacho Universal de Hacienda, es decir, se convierte en el encargado de que los recursos llegaran y las cuentas cuadraran y con la importante rémora de tener por “jefe” a Manuel Godoy.

José Manuel Pradas

José Manuel Pradas

En cualquier caso, se pone a ello en una coyuntura además difícil en lo nacional y mucho más complicada en lo internacional, con un Godoy entregado a Napoleón, declarando la guerra a Inglaterra y con unos recursos insuficientes que se van desviando a una Armada que encima es destruida por Nelson en Trafalgar.

En 1798 Soler escribió “El estado de la real hacienda”, donde sin ambages se reconoce la situación de grave crisis económica. Diseña para enderezar la Hacienda un plan que arranca con una encuesta, la primera concebida en España con criterios estadísticos en 1802, sobre el estado de la agricultura del Reino. Derivado de ésta encuesta, para combatir la escasez de tesorería y poder pagar la Deuda Pública, establece una desamortización de bienes de la Iglesia que, aunque inicialmente estaba concebida como una forma de allegar recursos, en la práctica supuso que una serie de bienes y propiedades, que estaban destinados a las obras caritativas como las Casas de Misericordia, quedasen sin recursos que al por lo menos lograban paliaban el hambre de muchos, por lo que su cierre resultó a la postre una fuente de inquietud social. También fue el primero en intentar desvincular los mayorazgos con carácter general, pero en el fondo y por muy bienintencionado que fuera Soler, todo su plan fracasó. Para hacernos una idea de lo que estamos hablando, en 1808 los gastos doblan los ingresos; la deuda llegaba a los 7.000 millones de reales que suponían el equivalente a los ingresos del Estado en diez años.

Finalmente estableció una serie de nuevos impuestos que según él,  aumentarían los ingresos públicos. Uno de ellos fue al “cuartillo de vino” que rompía con la exención que se había dado a los agricultores que plantaran viñas y que duraba veinte años. ¡Tremendo error estratégico e insensatez que acabaría costándole la vida!

En esto sucede que al pueblo enardecido no se le ocurre nada mejor que hacer, que amotinarse en Aranjuez y dar un golpe de estado contra Godoy. Soler es cesado y procesado por malversación de fondos públicos y en Mallorca una turba llega a  irrumpir en el palacio de Cort y destruye su retrato colgado en la galería de hijos ilustres de Palma. Pero como ya he escrito antes, era un hombre honrado, un servidor del Estado y resulta absuelto de todos los cargos.

Poco después, nuevamente el pueblo se subleva el 2 de mayo, ahora en Madrid contra los franceses. Soler al año siguiente, huye con destino a Sevilla con la intención de unirse a los liberales y en el camino se detiene en Malagón. Es hecho preso confundiéndole con un general francés, pero al final alguien descubre su auténtica identidad y los labriegos, que habían resultado muy perjudicados por el impuesto al cuartillo de vino, le asesinan a golpes.

Y aquí se termina la historia de hoy, contando el triste final de todo un Ministro de Hacienda. Hoy día, estas cosas ya no pasan, hasta donde me alcanza mi saber.

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