El concurso para vestir a los indios de españoles – Jacobo de Villaurrutia y López-Osorio

Publicado el martes, 30 junio 2020

José Manuel Pradas – La huella de la toga.

 

Es una ventaja poder ir dando saltos en el tiempo y también en la geografía. En estas huellas de la toga ya hemos tenido ocasión de hacer más de una visita por lo que fueron en su día las posesiones de la Corona, que no de España -no olvidemos que hasta no hace demasiado tiempo éramos súbditos y no ciudadanos- más allá del océano. Así que ya hemos tenido ocasión de visitar lo que hoy son varios países de América y hoy nos vamos a dar una pequeña vuelta por La Española, Nueva España y Guatemala.

José Manuel Pradas

José Manuel Pradas

No espere quien esto lea la semblanza de un jurista de primer nivel -aunque seguramente lo fuese- ni anécdotas a las que poder sacar algo de punta o algún toque más o menos humorístico, si se me apura vamos a tratar de un personaje relativamente gris, de un funcionario criollo que termina sus días como presidente del Tribunal Supremo de Méjico y que se dedicó al periodismo y a ir creando Sociedades de Amigos del País, de la misma manera que antes Teresa de Avila o Fray Junípero Serra habían fundado conventos o misiones.

Jacobo de Villaurrutia nace en 1757 en Santo Domingo, en la isla de La Española, donde su padre es Oidor y poco después ascendido a la Audiencia de Méjico, con lo que se traslada allí con su familia y es en la ciudad de Méjico donde hace sus primeros estudios que más tarde completaría en la Universidad Complutense, en la Real Universidad de Toledo y en Valladolid. Se recibe como Maestro en Artes y Doctor en Leyes y se colegia con el número 2139 en el año 1783.

Recibió el apoyo de un personaje de la categoría del cardenal Francisco de Lorenzana, un científico y humanista, Arzobispo de Méjico y luego de Toledo y más tarde nada menos que Inquisidor General, siendo capaz de promover la excomunión de Godoy por ateo y bígamo. Vista someramente la biografía de Lorenzana, me apena no hubiera sido hombre de leyes, pues merecería, sin dudarlo, ser uno de nuestros protagonistas. Recomiendo sin duda una pequeña visita a su biografía, porque he visto cosas de él que me han llamado mucho la atención. Merece la pena.

Jacobo de Villaurrutia y López-OsorioDe manera que, habiendo pasado nuestro Villaurrutia por la Academia de Derecho Público de Santa Bárbara -habrá que dedicar un episodio a estas Academias, de cuya tarea de formación pocos conocerán- y que fue el antecedente inmediato de la actual Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, es nombrado Corregidor de Letras y Justicia Mayor en Alcalá de Henares y más tarde en 1792 destinado a la Real Audiencia de Guatemala como Oidor, más tarde en 1804 es destinado a Méjico a ocupar el puesto de Alcalde del Crimen en aquella Real Audiencia y así llegaremos a 1808, pero no precipitemos acontecimientos, pues antes debemos volver un poquito atrás en el tiempo.

Así que de vuelta a América y en concreto a Guatemala, Villaurrutia compatibilizó sus tareas judiciales con su firme vocación de “ilustrador” -sin duda la influencia de Lorenzana está presente- fundando en 1794 “La Gazeta de Guatemala” y la Sociedad Económica de Amigos del País, de la que fue su primer director.

Estas sociedades, hijas claras de la Ilustración, reunían, en el caso de las colonias americanas, tanto a los peninsulares como a los criollos y además de su finalidad patriótica aspiraban a recoger los afanes y proyectos de esas minorías que empezaban a constituir una emergente burguesía, tanto en la metrópoli como en América, fomentando la agricultura, la industria, el comercio y la educación.

Pero en 1799 el Consejo de Indias suspendió la Sociedad basándose en las denuncias de un religioso, Antonio San José de Muro, que se quejaba de un concurso ideado por Villaurrutia que pretendía reformar los hábitos de los indios, adaptándolos a las costumbres españolas, empezando por el modo de vestir. Según palabras del religioso, “querer en trage español a los Indios, darles cama, y mejorarlos de habitación es meterlos en necesidades que no conocen; y son perniciosos los que quieren introducirles modas. Un coton les sirve de camisa, chaqueta y armados: unos calzones sencillos cubren sus piernas y un sombrero de palma la cabeza”.

Las críticas que desde la Gazeta de Guatemala, controlada también por Villaurrutia, se hicieron a la suspensión de la Sociedad, le pusieron a en el ojo del huracán, siendo calificado como un personaje peligroso para el gobierno, así que el Capitán General González Mollinero se lo quitó de en medio, consiguiendo mandarlo para Nueva España, eso sí ascendiéndole.

Pero allí Villaurrutia repitió, por así decirlo, la jugada y fundó en 1805 el “Diario de México”, enfrentado inmediatamente y con un tono feroz a la que era la prensa “oficialista” representada por la “Gazeta de México” cuyo director Juan López de Cancelada influía notablemente en el Virrey Iturrigaray.

Cuando suceden los acontecimientos en España de 1808 y llegan emisarios de Sevilla para que se forme una Junta de Méjico mientras esté preso Fernando VII, la influencia de Villaurrutia consigue que los recursos de Nueva España no se destinen a la Península y se queden allí. Se empiezan a suceder entonces los acontecimientos que derivan finalmente en la independencia de Méjico, donde hay continuos avances y retrocesos en el proceso de independencia, siendo a la postre acusado de desafecto al rey y se le conmina a viajar a España. Se resiste al traslado y continúa colaborando con los líderes de la causa independentista, hasta que en 1814 regresa nuevamente a España. Es nombrado entonces Oidor de la Audiencia de Barcelona. Me resulta curioso que no se tomaran otras medidas contra él, máxime cuando desde el regreso de Fernando VII se produce una persecución de los liberales y no hay constancia de que a él personalmente todo esto le afectara, pero no parece que haya información sobre estos años de su vida en España, salvo el dato de su ejercicio judicial en Cataluña.

Finalmente regresa a Méjico en 1820 junto a su familia y apoya el proceso que proclama el “Plan de Iguala” hecho por Iturbide en 1821. Villaurrutia propugnó una solución autonomista, de manera que Méjico fuese gobernado por un monarca de la familia de los Borbones pero, como es notorio, su propuesta no tuvo acogida.

Tras la fundación definitiva de la República en 1824, Villaurrutia fue nombrado Presidente de la Corte Suprema de Justicia hasta su fallecimiento en 1833.

Y esta es finalmente la modesta semblanza del probo funcionario, periodista, conspirador e ilustrado don Jacobo de Villaurrutia y López de Osorio, que tuvo la genial ocurrencia de organizar un concurso para vestir a los indios de Guatemala como “majos” y “manolas” sacados de un cuadro de Goya.

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    Julio Prado 3 julio, 2020 a las 17:03 - Reply

    Que buen artículo y que bien escrito. Que oportuno en estos tiempos en los que se condena lo Hispano en los USA. Sobre todo en California, donde los españoles trajeron tantas cosas buenas a los indios. Tras la anexion de California su población india fue totalmente exterminada. El gran “patriota” John Fremont abrió las rutas para que entraran los colonos, organizó y participó en masacres de indios y se hizo millonario cuando se descubrió oro en ese estado. La fiebre del oro terminó con los pocos indios que quedaron. Hoy Fremont es un héroe nacional y los españoles unos genocidas. Gracias Jose Manuel.

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