Mujeres a las que admirar

Publicado el jueves, 7 marzo 2024

Victoria Ortega, Presidenta del Consejo General de la Abogacía

Victoria Ortega

Las sociedades buscan con insistencia referentes. Los han necesitado siempre, pero la proliferación de la sociedad de la información los ha convertido en más necesarios que nunca. En los últimos años están especialmente de moda los emprendedores, sean hombres o mujeres, que pueden ofrecer casos de éxito. Experiencias que imitar incluso aunque esos aciertos hayan estado precedidos de fracasos por diferentes causas. También nos sucede en el ámbito de las ciencias, en el que científicos de las más diversas disciplinas destacan por el descubrimiento de técnicas o productos que pueden cambiar la vida de miles y miles de personas en un futuro no muy lejano. Y, aunque tal vez no sean conocido para el gran público, ocurre también en el ámbito del Derecho.

El efecto de imitación o de empoderamiento femenino fue precisamente lo que llevó al Consejo General de la Abogacía a crear, en el año 2020, sus Premios Igualdad Abogacía. Aunque la lucha por la igualdad de oportunidades estaba de plena actualidad en los años precedentes a la pandemia, en la institución sentimos la necesidad de contribuir a mostrar a personas que nos han inspirado para trabajar con constancia en nuestras reivindicaciones en favor de la igualdad.

Tras la concesión del premio a las agrupaciones de mujeres abogadas de los Colegios de la Abogacía de Valladolid y Alicante, a quienes se otorgó el galardón nacional de la primera edición, estuvo el reconocimiento si no a las pioneras, al menos a quienes entendieron la importancia de sumar fuerzas para hacer respetar la presencia de mujeres en la profesión. Entonces éramos minoría y ellas supieron entender que apoyarnos unas a otras era importante para hacernos respetar. Recogieron el premio en un otoño de 2020 en que el Covid todavía habitaba nuestras calles y nos permitió reconocer en ellas a cada una de las mujeres que durante la Transición tomó conciencia de que ejercer una profesión era también una suerte de militancia por la igualdad.

María Luisa Segoviano, ahora magistrada en el Tribunal Constitucional, ha llegado a una Corte de Garantías más que habituada a combinar los sexos en su seno. Pero durante décadas fue rara avis en la judicatura española, alcanzado diferentes hitos como primera mujer al frente de distintos tribunales y, finalmente, primera presidenta de Sala del Tribunal Supremo. De nuestra premiada en 2021 habría que decir, además, que su trayectoria ha sido decisiva para establecer nuevas doctrinas en el ámbito laboral, en el que las mujeres tenemos aún mucho terreno por recuperar.

Ángela Cerrillos ya impartía conferencias sobre el Derecho de familia cuando divorciarse era poco más que una excentricidad en la recién estrenada ley que soliviantó a la Iglesia de los primeros años 80. Ha estado al frente de cuantas reivindicaciones en favor del ejercicio en condiciones de igualdad se han realizado y fue durante décadas una de las voces y rostros más reconocibles cuando, desde el Derecho, se abordaban cuestiones como la violencia de género o la discriminación de las mujeres en el ámbito laboral. La única pregunta que surgió cuando le dimos el premio del año pasado fue por qué no lo había recibido antes.

A la fiscal Teresa Peramato le debemos las mujeres españolas muchos de los pasos que en materia de protección de la víctimas y persecución de los agresores se han dado en los últimos 15 años. Su visión del fenómeno y la claridad con que lo ha analizado y expuesto periódicamente ha ido y seguirá siendo una referencia indiscutible, tal y como se puso de relieve cuando le entregamos el premio Igualdad de la Abogacía esta misma semana.

Son todas ellas mujeres admirables, que marcan senderos por los que transitar, que iluminan la ruta de las decenas de miles que tras ellas hemos trabajado duro para que cuando lleguemos a una encrucijada no tengamos que salir por detrás de los hombres. Para que no se nos infravalore. Para que quienes vienen detrás que nosotras no tengan que esforzarse más para conseguir lo mismo que sus compañeros varones.

Este recorrido de referentes femeninos del Derecho no estaría completo si no mencionase en él a nuestras premiadas internacionales en las cuatro ediciones del galardón: la abogada iraní encarcelada por ejercer su profesión Nasrin Sotoudeh, la jurista mejicana Leticia Bonifaz, la magistrada puertorriqueña Maite Oronoz y la también magistrada italiana Gabriella Luciolli. Su inteligencia, su valor y su trayectoria son ejemplos para sus compañeras en sus lugares de origen, pero también un espejo en quienes nos debemos mirar quienes tenemos muy claro que lo que sucede aquí ocurre de igual forma en muchos otros lugares del mundo.

No quiero ni puedo dejarme en el tintero a Ascensión Chirivella. ¿Puede alguien imaginar que lo supuso acudir al Colegio de Abogados de Valencia a colegiarse cuando nunca antes lo había hecho una mujer en toda España? La palabra coraje no es capaz de contener el significado completo de lo que inspiró aquella acción y cada una de la que siguieron a aquella inscripción fechada en 1922.

Quienes hayan tenido en algún momento la sensación de que las metas están más lejos para las mujeres que para sus compañeros solo tiene que pensar en alguna de las mujeres mencionadas en estas líneas. Ellas pudieron. Nosotras podemos. Quienes nos sigan deben estar convencidas de que alcanzarán sin duda una sociedad en igualdad de oportunidades.

I Premio Igualdad de la Abogacía

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