Ana Rodríguez, Abogado y socia de AMAFI
En el marco del IV Congreso AMAFI (www.somosamafi.es) celebrado los días 15 y 16 de noviembre de 2024, se abordó uno de los temas más desafiantes y, a la vez, prometedores de la actualidad jurídica: el impacto de la inteligencia artificial (IA) en el ejercicio de la abogacía, especialmente en ámbitos tan sensibles como el Derecho de Familia y de Infancia.
Como socia de AMAFI y profesional comprometida con la evolución de nuestra disciplina, tuve el honor de participar reflexionando sobre una ponencia, “IA en la preparación y desarrollo de juicios”, que unió dos miradas esenciales para comprender este fenómeno: la visión jurídica de Diana Carrillo, abogada en ejercicio, y la mirada técnica de Teresa Lendez, científica de datos experta en IA.
La ponencia nos brindó una panorámica completa: desde los retos legales que implica la implementación de la IA en los procedimientos judiciales, hasta el potencial transformador que ofrece en la preparación y gestión de casos. No cabe duda de que la IA ya está reconfigurando nuestra profesión en nuestro día a día como abogados de familia.
Una aliada para el tiempo y el criterio profesional
Durante el congreso quedó patente que la IA no pretende suplantarnos, sino complementarnos. Herramientas que automatizan tareas repetitivas como la gestión documental o la facturación, sistemas que agilizan la investigación jurídica, asistentes virtuales que ofrecen respuestas básicas… todo ello permite algo fundamental: liberar nuestro tiempo para centrarnos en lo verdaderamente importante, como la estrategia jurídica, la empatía con el cliente o la defensa de los intereses del menor.
En la práctica del Derecho de Familia, donde cada caso exige un enfoque humano, personalizado y muchas veces emocionalmente delicado, esta optimización del tiempo no es solo una ventaja: es una necesidad ética. Si empleamos bien la tecnología, podemos dedicar más atención a la escucha activa, a la negociación y a la construcción de soluciones duraderas para los conflictos familiares.
Entre la promesa y la cautela
No obstante, como bien subrayó Diana Carrillo, no todo lo que brilla es oro. Es imprescindible mantener una vigilancia crítica sobre los límites legales y éticos del uso de la IA. ¿Qué garantías nos ofrece un algoritmo que propone una estrategia procesal? ¿Qué sucede con la protección de datos en los sistemas que almacenan información sensible de nuestros clientes? Estas preguntas no son secundarias, y deben formar parte del diseño e implementación de cualquier herramienta tecnológica en nuestro despacho.
Por su parte, Teresa Lendez nos mostró cómo el análisis masivo de datos, las predicciones basadas en jurisprudencia previa o los modelos de riesgo pueden convertirse en herramientas de gran valor estratégico. Eso sí: siempre que la abogada mantenga el control final, y no se deje sustituir por la máquina en el momento crucial del juicio profesional.
Formación, perspectiva y acción
A lo largo del congreso, se abordaron múltiples aplicaciones prácticas de la IA en el entorno legal, desde la revisión inteligente de documentos hasta plataformas de formación jurídica basada en simulaciones. Estos avances abren un abanico de posibilidades, pero también nos exigen formación continua y una actitud abierta pero rigurosa. No podemos permitirnos ignorar la IA, pero tampoco podemos adoptarla sin reflexión.
En resumen, mi visión como abogado de familia es que la inteligencia artificial puede ser una aliada poderosa, siempre que sepamos integrarla desde el conocimiento y no desde la moda. La IA puede ayudarnos a ser más ágiles, más eficientes y, paradójicamente, más humanos: porque nos devuelve el tiempo necesario para hacer lo que ninguna máquina puede hacer por nosotros —entender, acompañar, argumentar y defender.
Mi experiencia con la IA: un cambio silencioso pero decisivo
He de reconocer que soy una apasionada de la tecnología y en mi ejercicio profesional, he ido integrando progresivamente herramientas de inteligencia artificial que hoy forman parte de mi día a día en el despacho y puedo afirmar que la IA ha contribuido a que mi labor sea más eficiente, más ordenada y, sobre todo, más enfocada en lo importante: las personas.
La IA, permite invertir más tiempo en la estrategia procesal, en el análisis profundo de cada situación familiar, en explicar mejor los procedimientos a mis clientes y en ofrecerles alternativas con mayor agilidad.
Eso sí, todo esto requiere una implicación activa. La tecnología no se integra sola ni garantiza resultados mágicos. Implica una reorganización de la forma en que concebimos el trabajo jurídico, un aprendizaje constante y una actitud abierta al cambio sin perder el juicio crítico.
Gracias a AMAFI por promover estos espacios de conocimiento compartido. Para quienes no pudieron asistir, las ponencias del congreso están disponibles a través de su web: www.somosamafi.es. Porque la innovación también se construye desde el acceso al conocimiento.
