José Manuel Pradas – La Huella de la toga (segunda temporada)
Nos habíamos quedado en un punto muy interesante como era el momento en que a Bergia le dan una “patada hacia arriba” y le nombran Juez Municipal, con la finalidad de quitárselo de enmedio y que no pueda intervenir en asuntos penales. Eso sucedió a finales de enero de 1937.
Es en ese momento cuando a Bergia se le ocurre “… que viendo las persecuciones de que los compañeros Abogados eran víctimas, de que no se podía vivir sin un carnet sindical y de que se detenía y asesinaba a muchos de ellos por ser apolíticos…llevé a la práctica la fundación de la Sección de Abogados en el Sindicato de Funcionarios de la C.N.T… cualquiera que fuera su ideología y entrando en él más de quinientos compañeros…”
Junto con otro abogado, Domingo Zarazúa, inscriben a centenares de personas, incluyendo sacerdotes, diputados, antiguos concejales de partidos de derecha. ¡Es increíble, si no estuviera luego ratificado por docenas de testimonios que manifiestan pertinazmente que así fue! Pero más increíble me resulta que de esto no se sepa nada de nada. Y aún más que los dirigentes de la propia CNT no supieran el gol que les estaban metiendo, no por la escuadra, sino entre las piernas.
Rizando el rizo y como si el Gobierno estuviera encantado por la actuación sindical del compañero Bergia, no se le ocurre otra cosa que, como modo de parar los pies a la “Comisión Ejecutiva”, designar como refuerzo de la “Junta Incautadora” a dos vocales por el Sindicato U.G.T. y otros dos por el Sindicato C.N.T. Como fácilmente habrá adivinado ya el agudo lector, uno de esos dos vocales anarquistas era Bergia que, como estamos viendo, de anarquista tenía más bien poco.
Según indica Bergia en su expediente, existía un serio peligro de que tanto él como sus compañeros más señalados “ascendieran” dentro de la nomenclatura de la C.N.T., ocupando otros cargos de mayor trascendencia. Esto los llevó a afiliarse al Partido Sindicalista que, derivado de una escisión anterior de la CNT estaba liderado por Ángel Pestaña y que tenía extrañas conexiones, al parecer, con los elementos más revolucionarios de la Falange. Por lo visto el estar afiliado a un partido político cercenaba sus posibilidades de ascenso dentro de la CNT que, por otro lado, era justo lo que pretendían, tener un perfil lo más bajo posible. Es entonces cuando el destino de los cincuenta y cinco firmantes de la famosa instancia por el asesinato de Calvo Sotelo alcanza su momento clímax, cuando la famosa “Comisión Ejecutiva” de los abogados, en octubre de 1937, exige a los Sindicatos que faciliten los nombres de los firmantes afiliados a su sindicato y, llegado el caso, los expulsen. La UGT, según afirma Bergia, acata esa decisión, pero no así la sección de la CNT.
Deciden entonces viajar en comisión a Valencia en la que figuran también Zarazúa y Enrique Cordón para entrevistarse con el ministro de Justicia el peneuvista Irujo, ponerle en antecedentes de lo que estaba sucediendo en el Colegio y dimitir del cargo en la Junta. Según el relato que hace Bergia, se exponen “… las vejaciones que se imponían a los colegiales que no pertenecían al equipo popular, la escasez de defensa que por el colegio se prestaba a los abogados de libre ejercicio porque el Decano era además fiscal de la Audiencia y era inútil toda protesta…”
El ministro Irujo -que más tarde dimitiría también a resultas de los sucesos habidos entre los comunistas del PCE y los trotskistas del P.O.U.M.- toma buena nota de todo y además de aceptar la dimisión les promete que renovará la Junta. Así sucedió en octubre de 1937 pero eso es ya otra historia que ahora no toca y de la que también hay mucho que contar.
Y así va pasando la guerra, donde el Juzgado Municipal número 10 se convierte en una especie de Parque Natural donde está prohibida la caza. Hay entre cuatrocientos, seiscientos u ochocientos -según las fuentes- afiliados a la Sección de la CNT, que si son detenidos por unos milicianos en la calle por resultar sospechosos al ir paseando con chaqueta y corbata, pueden sacar de su cartera el carnet de la CNT, que es como una especie de salvoconducto que te saca de innumerables problemas.
Estudiando las depuraciones y puedo asegurar que he visto muchas, he detectado docenas, sí docenas, de abogados que cuando eran preguntados si habían militado en la guerra en algún partido o sindicato, contestaban que en 1937 en la CNT; de hecho, muchos de ellos decían que se habían afiliado, pero que no habían pagado ni siquiera una cuota o habían dejado de hacerlo casi de inmediato. Esta circunstancia me causaba una natural sorpresa y me hacía pensar que había alguna pieza que no encajaba del todo bien en el esquema mental que uno tiene o le han hecho tener.
Pero claro cuando ves argumentos y no solo argumentos, sino declaraciones documentales que unas con otras ahorman un relato aplastantemente lógico, pues no te queda otro remedio que dejarte caer del caballo como San Pablo camino de Damasco y convertirte.
Uno de los “compinches” de Pablo Bergia era Domingo Zarazúa que en su declaración jurada para ser él mismo depurado, afirma que fue condenado en un consejo de guerra a quince años de cárcel por intentar evadirse a la llamada España nacional a mediados del año 38. Dice también: “En unión de otros compañeros ingresamos en la sección de Abogados de la CNT, con el fin de agrupar y defender a cuantos compañeros y personas se encontrasen perseguidas y falta de documentación de trabajo con que poder circular y efectivamente se llegó a tener la cifra global de ochocientos al parecer abogados, adscribí a mi bufete unos doscientos auxiliares y mecanógrafos y se darían más de dos mil certificados de trabajo”.
Marcos Pérez Sauquillo que en marzo de 1939 se incautó del Colegio unos días antes de terminar la guerra, declaró: “Me afilié al Sindicato de Abogados de la CNT… a fin de adueñarnos de sus riendas y favorecer a nuestros perseguidos. Así lo hicimos todos, lográndose plenamente los fines propuestos…”
Pero hay muchos más. Los testimonios a favor de Bergia se reproducen uno tras otro por Abogados y por quienes no lo son y les hace pasar por tales. Por poner algún ejemplo, el de José María Sainz de los Terreros con varios familiares asesinados, que decide acudir a él en demanda de auxilio y protección; el de Luis de Onís, cuando declara “…arrastrando toda clase de peligros y no mirando solo por ti sino también por los amigos, supiste y tuviste el arresto necesario para hacerlo, fundar esa “entelequia” de Sindicato de Abogados que fue nuestro paño de lágrimas y… obtuvimos un carnet sindical con el que andar por el mundo…” O María Ángeles Gosalvez Sánchez “… con conocimiento de mis ideas, y para protegerme, me ingresó como mecanógrafa en el Registro Civil de dicho Juzgado, facilitándome un carnet de trabajo y el carnet de la CNT gracias a lo que he podido defenderme…”
Y así se van desgranando uno tras otros testimonios como con los judíos supervivientes en la lista de Schindler. Llega a tal grado la coincidencia que en el propio expediente de Bergia hay una relación mecanografiada con trescientos noventa y nueve nombres completos y sus direcciones.
Poco más se puede contar en este espacio. Es un razonamiento muy habitual con algunos personajes de la historia de España -por ejemplo, en la barra de un bar tomando el aperitivo- que alguien diga si fulanito fuera norteamericano menuda película le harían. Pues en este caso exactamente igual o más. El personaje da para película, novela o lo que queramos, siempre que sea de calidad. Termino de escribir y aún no salgo de un cierto estupor de que estas historias no se conozcan. ¿Por qué no tenemos derecho a esta memoria histórica también? No lo sé, quizá alguien me pueda dar respuesta.
De don Pablo Bergia Olmedo poco o nada más se sabe terminada nuestra guerra civil. En lo que afecta al Colegio de Abogados de Madrid en la sesión de Junta de 26 de abril de 1942 se da cuenta por el señor secretario de su fallecimiento y la Junta toma al respecto dos decisiones. Por un lado, que conste en acta su sentimiento por dicho óbito y, en segundo lugar, que “con cargo al Capítulo de Imprevistos de la Corporación se entregue a la familia del finado la suma de cinco mil pesetas”.
No era frecuente que la Junta se hiciese eco del fallecimiento de un compañero y tampoco lo era que acordase entrega de cantidad alguna a la viuda. No debía haberse hecho rico precisamente nuestro hombre.
Deseo firmemente que haya gustado este trabajo sobre Pablo Bergia y que nos pueda ser de utilidad para un mejor conocimiento de la realidad y la historia de nuestro país.
Creo que no hay testimonio gráfico mejor que aportar una foto amarillenta de la primera página de la “RELACION DE ABOGADOS INSCRIPTOS EN EL SINDICATO UNICO DE FUNCIONARIOS JUDICIALES, ABOGADOS Y FUNCIONARIOS EN GENERAL (SECCION DE ABOGADOS)”

