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Hasta
tres
elecciones
traerá
este
año
2015;
las
municipales
y
autonómicas
en
mayo,
las
generales
a
final
de
año
y
unas
posibles
elecciones
catalanas
que
se
celebrarán,
o
no,
dependiendo
de
múltiples
factores,
en
fecha
por
fijar.
Cuál
será
el
resultado
de
esos
tres
procesos
electorales
lo
dirán
las
urnas,
pero
hay
una
cosa
que
sí
podemos
afirmar
desde
este
primero
de
año:
que
tras
esas
elecciones
el
panorama
político
resultante
no
se
parecerá
en
nada
al
presente.
Este
tiempo
de
cambio
es,
sin
duda,
el
momento
de
los
audaces:
es
el
momento
de
los
juristas,
es
el
momento
de
la
abogacía.
Cuando
la
corrupción
es
el
primer
problema
que
preocupa
a
los
españoles,
los
juristas
hemos
de
ser
capaces
de
colocar
a la
justicia
en
el
centro
del
debate
político,
pues
la
justicia
es
el
único
antídoto
válido
contra
la
corrupción
y
sólo
con
ella
se
regenerará
este
erial
político
que
es
España:
Dime
cuánto
inviertes
en
Justicia
y te
diré
cuánta
voluntad
tienes
de
luchar
contra
la
corrupción.
Esa
es
la
medida
y la
piedra
de
toque
de
un
gobierno
verdaderamente
regenerador:
el
grado
de
inversión
que
destina
a la
justicia
y el
grado
de
independencia
judicial
que
es
capaz
de
alcanzar.
Cuando
el
poder
judicial
en
España
está
más
controlado
que
nunca
es
el
momento
de
que
la
abogacía
reivindique
y
consiga
un
poder
judicial
independiente
y
derogue
leyes
inicuas
que
tienden
a
controlarlo.
Cuando
los
juzgados
tardan
años
en
resolver
los
asuntos
por
falta
de
medios,
los
juristas
tenemos
ahora
la
ocasión
de
exigir
y
conseguir
los
medios
mínimos
para
que
en
España
podamos
gozar
de
una
justicia
digna,
eficaz,
independiente
y
cercana.
Pero
para
lograr
esto
la
abogacía
debe,
ante
todo,
reconocer
el
inmenso
talento
que
se
acumula
en
su
colectivo
y
poner
a
pleno
rendimiento
todo
ese
capital
de
talento
y
creatividad,
abandonando
para
siempre
políticas
pseudo-elitistas
de
salón,
canapé
y
moqueta.
Es
tiempo
de
cambios
y es
tiempo
de
audacia.
Ya
no
es
tiempo
de
contemporizar
o
titubear
ante
un
ministro
y un
gobierno
descontados
políticamente.
Es
tiempo
de
explicarle
al
ministro
que,
frente
a la
inicua
ley
de
tasas
que
lleva
ya
más
de
100
días
"estudiando"
(y
cobrando,
por
cierto),
no
le
cabe
otra
opción
que
derogarla
él
mismo
o
ver
cómo
se
la
derogan
otros
en
diciembre;
que
las
únicas
opciones
entre
las
que
puede
elegir
son:
o
abandonar
el
cargo
en
diciembre
con
el
oprobio
de
haber
mantenido
la
vergonzante
ley
de
tasas
o
irse
con
el
sincero
orgullo
de
haber
acabado
con
una
ley
injusta.
No
le
queda
otra.
Cuando
hablo
de
"movilizar
el
talento
y la
creatividad
de
todos
los
juristas"
sé
que
muchos
de
los
lectores
pensarán
en
el
movimiento
#T y
probablemente
estarán
en
lo
correcto;
#T
ha
logrado,
a
costo
cero
y
sin
invertir
un
céntimo
de
euro,
la
mayor
movilización
de
talento
y
creatividad
jurídica
que
recuerdo;
esto
debería
llamar
la
atención
de
la
abogacía
institucional,
pero
eso
sólo
debe
ser
el
principio,
porque
los
tiempos
han
cambiado
y
nuestras
estructuras
institucionales
no
se
han
adaptado
a
ellos,
adoleciendo
de
una
rigidez
e
inflexibilidad
tal
que
les
hace
llegar
sin
plan,
tarde
y
con
pocos
efectivos
a
casi
todos
los
conflictos.
Es
tiempo
de
cambios
y es
tiempo
de
audacia,
en
un
año
vamos
a
jugarnos
casi
un
lustro
y, o
la
abogacía
institucional
está
a la
altura
adecuándose
a
los
tiempos,
o la
abogacía
en
su
conjunto
adoptará
soluciones
imprevisibles
que
pasarán
por
arriba
a la
abogacía
institucional.
2015
va a
ser
un
año
apasionante;
en
tu
mano
está
decidir
si
quieres
asistir
a él
como
espectador
o
como
protagonista;
puedes
dejar
el
futuro
en
manos
de
otros
o
puedes
hacerte
dueño
de
tu
propio
destino.
Yo,
que
tú,
viviría
este
año
intenso
intensamente;
yo
que
tú,
de
verdad,
me
enrolaría
en
la
Brigada
Tuitera.
#T
¡Vamos!
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