La
acción
transformadora
-el
propósito
que
caracteriza
a
las
organizaciones
de
base
cívica
del
mundo
de
la
discapacidad-
no
puede
ser
espontánea
ni
improvisada,
ni
tampoco
el
producto
del
arbitrismo,
de
la
ocurrencia
pretendidamente
genial
que
no
suele
resistir
el
roce
con
la
realidad
práctica.
Ha
de
venir
precedida
de
la
reflexión,
del
debate
y
del
contraste
de
ideas.
Generar
condiciones
de
cambio
social
profundo
para
las
personas
con
síndrome
de
Down
(y
con
discapacidad)
y
sus
familias
en
Latinoamérica,
articular
un
movimiento
asociativo
iberoamericano,
que
sea
algo
más
y
mejor
que
una
mera
aspiración
sin
visos
de
realizarse,
ha
de
venir
impulsado
de
las
ideas.
Son
las
ideas,
las
buenas
ideas,
las
que
mueven
y
cambian
el
mundo.
Y
eso
fue
Monterrey
2013,
el
Congreso
Iberoamericano
de
Monterrey
organizado
el
año
pasado
por
la
Federación
Iberoamericana
de
síndrome
de
Down
(FIADOWN).
Un
gran
foro
de
ideas,
sí,
pero
llamado
y
destinado
a
alimentar
un
programa
de
acción
ambicioso
y de
alcance,
dispuesto
para
el
cambio
social
tan
necesario
a
las
personas
con
síndrome
de
Down
y
sus
familias
en
esa
región
tan
acuciada
del
planeta.
Mi
presencia
allí
-tangencial,
colateral,
acaso
desde
las
periferias
es
desde
donde
mejor
se
divisa
y
penetra
el
centro-
obedeció
al
valor
que
puede
aportar
el
testimonio
y el
relato
en
primera
persona.
Se
me
invitó
a
amablemente
a
referir
el
caso
CERMI,
en
España,
en
la
inteligencia
de
que
la
historia
sumaria
de
un
esfuerzo
de
años
en
articular
una
plataforma
civil
-enfatizo
lo
de
civil,
es
decir,
no
gubernamental-,
representativa
de
toda
la
discapacidad
española,
concebida
y
aplicada
para
la
incidencia
política,
al
servicio
de
una
agenda
política
unitaria,
pudiera
ser
de
algún
interés
para
los
miles
de
asistentes
a
las
jornadas
de
Monterrey.
Además
de
contar
la
experiencia
CERMI,
no
como
ejemplo
ni
como
modelo,
sino
como
hecho
que
pudiera
suscitar
alguna
atención,
se
me
pidió
también,
y
accedí
gustosamente,
que
abstrayéndome
un
tanto
de
la
experiencia
CERMI,
sacando
factor
común
y
generalizando,
planteara
al
auditorio
reunido
en
esta
ciudad
mexicana,
la
alta
y
principal
responsabilidad
de
las
organizaciones
de
la
discapacidad
en
el
cambio
social
impostergable
que
precisan
las
personas
con
discapacidad
y
sus
familias.
No
mirar,
por
una
vez,
a
los
gobiernos
y a
los
Estados,
sino
más
bien
al
propio
movimiento
asociativo
de
la
discapacidad,
a la
ciudadanía
activa
y
comprometida
con
la
causa
de
la
inclusión,
los
derechos
y el
bienestar
de
las
personas
con
discapacidad,
como
motor
primero
y
genuino
de
las
políticas
y
legislaciones
nacionales
e
internacionales
sobre
discapacidad. .
Más
que
los
gobernantes,
más
que
los
Estados,
más
que
esa
cosa
difusa
y
confusa
que
es
la
llamada
sociedad,
es
convicción
muy
firme
en
mí,
que
los
primeros
responsables
del
éxito
del
proceso
de
inclusión
de
las
personas
con
discapacidad,
somos
los
propias
personas
con
discapacidad
(más
sus
familias).
Hemos
de
ser
los
agentes
de
nuestra
propia
inclusión
La
inclusión
es
individual,
y
los
apoyos
colectivos.
Un
eminente
escritor
regiomontano,
Alfonso
Reyes,
decía
que
los
escritores
deben
publicar
porque
si
no,
estarían
condenados
a
estar
siempre
corrigiendo
su
obra;
análogamente,
los
activistas
de
la
discapacidad
de
toda
Latinoamérica,
reunidos
y
unidos
en
el
III
Congreso
de
la
FIADOWN,
hemos
de
pasar
a la
acción,
a la
acción
transformadora
y
humanamente
útil,
de
cambiar
el
mundo,
pues
no
podemos
estar
solo
debatiendo.
Tras
las
reflexión,
la
acción.
Hágase.
Luis
Cayo
Pérez
Bueno,
Presidente
Comité
Español
de
Representantes
de
Personas
con
Discapacidad
((CERMI)