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09 de MARZO de 2015
Apuntes de un viaje por Corea y China de dos profesores universitarios (II)

LAWYERPRESS / Iñigo Navarro, Decano de la Facultad de Derecho de ICADE-COMILLAS

 

Nos montamos en el taxi el profesor Adam Dubin y yo y le mostramos al conductor la dirección en caracteres chinos (esto siempre hay que hacerlo porque allí ningún taxista habla inglés o es capaz de averiguar una dirección que no esté en chino). Como es habitual, el taxista se dedica a estudiar esos caracteres durante un rato. Lo hace con detenimiento, casi con mimo, hasta el momento que, como siempre, sin ninguna razón especial, empieza a gritar como si estuviera enfadado con la dirección o con nosotros, como si le pareciera mal que fuéramos allí. Nos gritaba algo en chino que la primera vez me asustó, pero ahora me hacía reír, me parecía gracioso ver a aquel hombre enfadado con una dirección e increpándonos en un idioma en el que no entendíamos nada de nada. Nuestra única respuesta era OK (dicho oké) y aferrarnos al taxi para que nos llevara a la dirección. Porque en China, tanto en Pekín como en Shanghái, es muy difícil coger un taxi. Todos van llenos o en otra dirección y esto además de ser metafórico de otras cosas que pasan, complica un poco la vida allí.

En el caso de China podríamos discutir sobre si es la primera economía del mundo o la segunda, pero no mucho más. Es más que un gigante, es más que una potencia del futuro... es un país que repercute en todo el globo. Y es un país muy muy grande, con muchas muchas personas y muy muy diverso. De todo hay en China, aunque con cierta miopía a veces creamos desde Europa que todos los chinos son iguales, que toda la comida china es la misma, que el chino es un único idioma... Por ejemplo, hay montones de Universidades de todo tipo de categorías, prestigios y pelajes, con una diferencia abismal entre las buenas y las malas.

El Derecho es crecientemente una profesión prestigiosa, aunque no siempre ha sido así, ni es entendido por todo el mundo cuál es el valor añadido que aporta un abogado. Pensemos que China es un país que ha experimentado un crecimiento económico rapidísimo y que hasta hace muy poco era más bien rural. Es decir, muchos de los rutilantes hombres de negocios de hoy eran campesinos e hijos de campesinos y en ocasiones les cuesta entender porqué un asesoramiento legal es más caro que otro. A veces parecen personas muy pegadas a lo tangible, que están dispuestos a pagar más por un coche en función de los extras o la cilindrada del motor, pero que no están dispuestos a pagar más por un asesoramiento legal que por otro.

En las Facultades de Derecho, como en Corea, se nota una gran presencia estadounidense. Muchos de los profesores se han educado en Universidades americanas y tienen un LLM y además muchísimos alumnos chinos van todos los años a Estados Unidos. En las Universidades americanas se está produciendo una tremenda mercantilización de la educación, lo que se nota en que van a China a captar alumnos, para los que diseñan cursos exclusivos para ellos, una especie de Derecho americano al gusto chino. La visión es muy distinta a lo que hacemos en Europa, donde no se trata de «importar» alumnos chinos, sino de establecer intercambios... y no nos miran con la desconfianza con la que ven a los americanos que parece que les quieren timar «como a chinos», para enjuagar sus cuentas.

No puedo eludir que China es un país fuertemente autoritario. Por un lado es un país muy seguro, donde por ejemplo, según me contaron, más del 90 % de los objetos perdidos en Pekín se recuperan por sus dueños. En Pekín la seguridad es total, en todos los sentidos. En todas las Universidades hay una presencia de miembros del partido que tienen despachos allí. Y en la calle escuchamos las cosas que se dicen en todas las dictaduras: alguno nos dice socarronamente que los telediarios son en blanco y negro: lo de fuera es todo negro y lo de dentro todo blanco y la admonición constante de que «lo que hay que hacer es trabajar y no meterse en política».

Quizás son nuestros alumnos los que más se sorprenden cuando les encargan el primer trabajo y tienen que hacerlo sin poder consultar Google o cuando descubren que no funciona Facebook...

Pekín es un ciudad claramente china con más de 20 millones de habitantes. Salvando mucho las tremendas distancias, Pekín podría ser a Shanghái lo que Washington es a Nueva York. Con esto quiero decir que Pekín no es la capital financiera de China, pero sí la capital política y militar (siendo esto último muy importante en un país donde el ejercito es una institución fundamental). La presencia de soldados por las calles y la constante recreación de «lo político» puede resultar cargante.

Pekín, al ser menos cosmopolita que Shanghái, también es más «china», tiene más sabor local. Siguen existiendo los hutong que son callejones que nacen de las calles principales y dentro de los cuales se apiñan casitas que quizás no tengan acceso ni a la electricidad y en los que la vida puede ser dura.

En Pekín nos reunimos con las Facultades más importantes con las que ya tenemos relación o habíamos establecido un previo contacto. Igualmente tuvimos la suerte  de ver al Embajador de España D. Manuel Valencia Alonso y visitamos las oficinas de Uría y de King Wood. Y, como siempre, a los alumnos que tenemos allí. Lo que habían aprendido en unos meses no cabría en enciclopedias enteras. Llegar el primer día a un Colegio Mayor Internacional y descubrir que internacional supone compartir habitación con un coreano, un japonés, un kazajo... y que ninguno sabía inglés. Conseguir cambiarse de habitación y encontrarse a un estudiante cocinando un pato en la ducha... Que la magnifica profesora de WTO diera clase en el parque los días que hacía buen tiempo... En fin, horas de conversación y la convicción de que cada día habían aprendido algo importante. Y a mí me queda claro que esos jóvenes, tras esa experiencia, serán mejores juristas que si no la hubieran tenido.

Shanghái es un gran contrapunto con Pekín. Se parece en el tamaño (más de 21 millones de habitantes) y en ser china... pero en todo lo demás es diferente. Es un gran centro de negocios, una ciudad financiera. El skyline de Pudong no tiene nada que envidiar a Manhattan, sobre todo teniendo en cuenta la juventud de todos los edificios.

En Shanghái visitamos las Facultades de renombre internacional con sus campus de sabor americano. En cuanto a despachos, en Shanghái están presentes la mayoría de los españoles (salvo Uría que está en Pekín) y visitamos Cuatrecasas, Garrigues, Baker y King Wood. He de decir que siempre me sorprende la fabulosa internacionalización de nuestros abogados. Muchos de ellos llegaron allí con muy poquito y, compitiendo contra todo lo que se ponga por delante, van sacando operaciones cada vez más complejas. Y todos recuerdan las primeras operaciones, porque cuando ya tienes varias en cartera es más fácil mostrar un recorrido y resultar confiable, pero al principio, con solo un nombre que allí apenas dice nada, consiguieron ganarse la confianza y ser dignos de ella con su buen hacer. Creo que podemos estar muy orgullosos de la presencia de los juristas españoles en el campo global y lo que haga mi institución por ayudar a que crezca será para mi un motivo de orgullo también.

En fin, para que mis amigos de Lawyerpress no tengan que cortarme estas líneas, acabo ofreciéndome a contar todos los detalles de los que me acuerde a quien le interese y me atrevo a concluir: sabiendo la importancia de China y Corea en el mundo global, nosotros tenemos que estar allí. No podemos no estar.

 

 

 

 
 
 

 

 
 
 
 
 
 
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