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La
administración
de
sustancias
psicoactivas
a
una
persona,
sin
su
conocimiento
ni
consentimiento,
con
fines
delictivos
es
el
fenómeno
que
se
conoce
en
el
mundo
forense
como
sumisión
química.
En
España
no
hay
un
registro
único
de
casos
de
sumisión
química,
pero
los
expertos
sanitarios
y
forenses
señalan
la
creciente
importancia
del
fenómeno
en
España
y
estiman
que
entre
un
20 y
un
30%
de
los
delitos
sexuales
se
producen
por
medio
de
la
sumisión
química
de
los
agresores
a
sus
víctimas.
En
2012
el
INTCF
presentó
un
protocolo
de
actuación
con
las
instrucciones
a
seguir
en
los
casos
de
delitos
cometidos
contra
las
personas
sometidas
a
sustancias
psicoactivas
que
manipulan
su
voluntad.
Además,
algunos
centros
como
el
Hospital
Clínico
de
Madrid
han
diseñado
el
suyo
propio,
con
el
objetivo
de
que
se
mejore
la
colaboración
y
coordinación
entre
todas
las
instituciones
implicadas:
Policía,
urgencias
ginecológicas
y
pediátricas,
médicos
forenses
y
laboratorios
especializados.
Esta
es
una
de
las
conclusiones
que
se
extraen
de
la
conferencia
celebrada
esta
semana
en
el
Instituto
Nacional
de
Toxicología
y
Ciencias
Forenses
(INTCF)
e
impulsada
por
el
Servicio
de
Información
Toxicológica
con
objeto
de
propiciar
el
intercambio
de
conocimientos
y
buenas
prácticas
para
una
mejor
coordinación
entre
diferentes
estamentos
en
el
ámbito
de
la
toxicología.
La
jornada
contó
con
una
asistencia
de
90
profesionales.
Perfil de la
víctima
de
sumisión
química
Según
Luis
Segura,
médico
forense
de
los
Juzgados
de
Madrid,
el
70%
de
los
casos
de
sumisión
química
se
produce
en
menores
de
30
años
y el
grupo
de
mayor
riesgo
es
el
de
mujeres
entre
15-19
años.
El
perfil
tipo
es
el
de
una
mujer
joven
que
ha
consumido
1-2
bebidas
alcohólicas,
que
pierde
la
conciencia
y
despierta
varias
horas
después
en
un
lugar
desconocido
con
signos
o
sospechas
de
haber
mantenido
relaciones
sexuales
no
consentidas
y
que
se
demora
alrededor
de
unas
20
horas
en
acudir
a la
Policía
o al
centro
hospitalario
teniendo
sentimientos
de
culpabilidad
o
vergüenza.
Las
sustancias
que
intervienen
en
la
sumisión
de
manera
más
frecuente
son
el
alcohol
etílico,
las
benzodiacepinas
y
ciertas
drogas
de
abuso.
Sus
efectos
van
desde
la
desinhibición
a la
sedación
y a
la
amnesia,
pudiendo
provocar
también
alucinaciones,
según
datos
aportados
por
la
jefe
del
Servicio
de
Química
del
INTCF,
Begoña
Bravo.
Para
Cesáreo
Fernández
Alonso,
médico
adjunto
del
Servicio
de
Urgencias
del
Hospital
Clínico
de
Madrid,
la
complejidad
de
elaborar
una
estadística
sobre
este
fenómeno
radica,
por
un
lado,
en
la
dificultad
para
diagnosticar
como
sumisión
química
aquellos
casos
que
llegan
al
hospital
con
indicadores
de
sospecha,
la
falta
de
colaboración
de
la
víctima
debido
a
los
efectos
del
tóxico
y el
hecho
de
que
apenas
se
denuncia
el
20%
de
los
casos.
Además,
existe
otro
obstáculo
en
la
investigación
de
estas
prácticas:
la
tardanza
en
la
denuncia.
De
hecho,
la
demora
en
acudir
a un
centro
médico
por
parte
de
la
víctima
para
que
se
practique
la
recogida
de
muestras
biológicas,
es
inversamente
proporcional
a
las
posibilidades
de
detectar
las
sustancias
implicadas
en
casos
de
sumisión
química.
En
2012
el
INTCF
presentó
un
protocolo
de
actuación
con
las
instrucciones
a
seguir
en
los
casos
de
delitos
cometidos
contra
las
personas
sometidas
a
sustancias
psicoactivas
que
manipulan
su
voluntad.
Además,
algunos
centros
como
el
Hospital
Clínico
de
Madrid
han
diseñado
el
suyo
propio,
con
el
objetivo
de
que
se
mejore
la
colaboración
y
coordinación
entre
todas
las
instituciones
implicadas:
Policía,
urgencias
ginecológicas
y
pediátricas,
médicos
forenses
y
laboratorios
especializados.
Body-packers o portadores de
drogas
abdominales
Los
denominados
body-packers
o
portadores
de
drogas
abdominales
suelen
corresponder
al
perfil
de
un
varón
de
unos
30
años,
procedente
de
un
vuelo
con
origen
en
un
país
sudamericano
y
que
transporta
droga
tras
ingerir
cápsulas
que
contienen
cocaína
en
el
83,2%
de
los
casos.
Suele
transportar
en
su
interior
una
media
de
61
cápsulas.
En
la
revisión
de
las
862
historias
registradas
por
el
Hospital
Ramón
y
Cajal
de
Madrid
entre
julio
de
2007
y
marzo
de
2012,
solo
13
casos
precisaron
intervención
quirúrgica
tras
comprobarse
síntomas
de
intoxicación
aguda
y no
se
registró
ninguna
muerte.
La
experiencia
de
este
centro
hospitalario
de
referencia
para
el
Aeropuerto
Adolfo
Suárez
Madrid-Barajas
le
ha
permitido
desarrollar
un
protocolo
de
trabajo
específico
con
este
tipo
de
pacientes
que
será
copiado
por
el
Aeropuerto
JFK
de
Nueva
York,
dados
los
buenos
resultados
cosechados.
En
lo
que
va
de
año,
se
observa
una
disminución
de
los
casos
detectados
y se
intuye
que
los
correos
de
la
droga
utilizan
aeropuertos
con
menos
medidas
de
seguridad,
como
los
de
Grecia
o
Portugal,
cuando
hasta
hace
poco
los
habituales
eran
Madrid,
Londres
y
Ámsterdam,
como
señaló
durante
la
conferencia
Mª
Jesús
Estévez,
médico
adjunta
del
Servicio
de
Urgencias
del
Ramón
y
Cajal. |