De la
Constitución de 1978 al desafió soberanista catalán del 2015. En estos treinta
ocho años mucho ha cambiado en nuestro país. El III Encuentro de la Sociedad
Civil organizado desde la Fundación Independiente con el apoyo de la Asociación
Española de Fundaciones y el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales
analizó durante un día entero esos cambios a lo largo de nueve mesas redondas
que abordaron, familia, economía, medios de comunicación o justicia entre otros
elementos que vertebran nuestra sociedad. En el caso de la justicia, los
ponentes moderados por Luis Martí Mingarro, presidente de la UIBA, señalaron los
déficits de nuestra justicia, muy alejada del servicio público que todos los
ciudadanos y expertos anhelan. Las intervenciones de la magistrada del Tribunal
Supremo, Margarita Robles, del abogado ex Fiscal General del Estado, Juan Ortiz
Urculo y de Juan Ospina, presidente de Aja Madrid, señalaron la necesidad de que
los poderes políticos se tomen en serio nuestra justicia en un contexto en el
que nuestro país está en vísperas de unas nuevas Elecciones Generales que pueden
cambiar mucho el status quo imperante. Lo que queda por ver es si habrá otro
talante hacia la administración de justicia.
Fue Margarita Robles, ex vocal del CGPJ y magistrada del Tribunal Supremo en la
actualidad quien detalló los males de nuestra justicia. “Es muy posible que
estemos ante una de las legislaturas peores en relación a la justicia. Dimitió
un Ministro, también lo hizo el anterior FGE y hay reformas que se han hecho muy
deprisa y sin consenso político, como es el caso de la Lecrim que puede generar
problemas para jueces y fiscales que han pedido su aplazamiento”, apuntó. Para
esta jurista, por desgracia la justicia no es una prioridad en nuestro Estado de
Derecho y eso hace que los propios políticos de los que depende dotarlas de
medios, solo se preocupen de ella cuando hay algún asunto judicial relacionado
con ellos. A su juicio el propio CGPJ tras la reforma que hizo Gallardón ya
nació muerto y sin medios, con muy pocos vocales con dedicación exclusiva.
“Todavía hay un recurso interpuesto ante el Tribunal Constitucional que podría
cuestionar su validez”, destacó.
Desde su punto de vista, no hay un modelo claro de justicia “se ha invertido
mucho dinero sin sentido y lo cierto es que no es de recibo que se celebren
pleitos en la jurisdicción social y civil con año y medio de aplazamiento. No
se invierte en justicia pero si en obras faraónicas como el nuevo edificio de la
Audiencia Nacional que ha costado 27 millones y otros 100 en una Ciudad de la
Justicia madrileña que aún está sin edificar pero de la que ya conocemos este
gasto importante”, aclaró. Para Robles es injusto señalar que los jueces están
politizados. “Son profesionales que pese a todas las trabas que tienen en su
entorno realizan su trabajo lo mejor posible. Ellos han reconducido la
legislación española en materia de hipotecas, laboral e incluso en temas
bancarios con cuestiones prejudiciales que han planteado al TJUE”, recordó. Bajo
su punto de vista un Pacto de Estado con la presencia de la sociedad civil
podría ser útil para despolitizar nuestra justicia y dotarla de medios
adecuados.
Abandono
consciente de la justicia
En los mismos términos de dureza se mostró Juan Ortiz Úrculo, ex Fiscal General
del Estado hace años y ahora abogado penalista en Cremades & Calvo Sotelo.
Recordó que aunque la propia Constitución de 1978 señala la importancia de la
justicia como derecho que reside en el pueblo, los sucesivos gobiernos
democráticos apenas han parcheado su administración de justicia. Por unas u
otras circunstancias el poder político en estas más de tres décadas no ha
invertido en justicia lo necesario para que fuera ese servicio público que
todos, ciudadanos, expertos y empresarios, anhelan. “Soy consciente que en lugar
de estar en un Estado de Derecho, nos encontramos en un Estado de Leyes,
demasiadas normas y la mayor parte de una calidad legislativa ínfima”, apuntó.
En estas circunstancias es consciente que la llamada seguridad jurídica ha
disminuido notablemente en esta última legislatura.
Nuestro interlocutor destacó también los problemas de funcionamiento de Tribunal
Supremo y Tribunal Constitucional con demoras inadmisible en algunos asuntos
claves para nuestra convivencia. También recordó que existe alrededor de un
millón de sentencias que aún no se han ejecutado, cuestión que preocupa a muchos
ciudadanos porque en esos fallos tienen expectativas muy concretas. “Hay un
abandono consciente de la justicia que es lo que está generando la corrupción de
estos últimos años” apuntó. Y reveló la necesidad de una estrategia que defina
objetivos y actividades tanto desde el punto de vista financiero como
tecnológico, a fin de que la administración de Justicia pueda funcionar algún
día como otros servicios del Estado. “No parece muy lógico que nuestra Lecrim
haya tenido 67 reformas desde su aprobación y que el propio Código Penal, el que
llama de la democracia haya sufrido otras veintiocho”, aclaró.
Sociedad Civil ,
clave del Estado democrático
La intervención de Juan Gonzalo Ospina, joven abogado penalista y presidente de
Aja Madrid, sirvió para conocer de lo que es capaz la sociedad civil si se lo
plantea. En su inicio de exposición recordó el trabajo de Martin Luther King en
los años sesenta en los EEUU cuando nadie daba un duro por la igualdad entre
hombres blancos y negros. “Desde la sociedad civil se pueden lograr muchos hitos
para salvaguardar el Estado de Derecho, apuntó. Para este joven jurista la
mejora de la justicia en nuestro país pasa, entre otras medidas, por la
despolitización del CGPJ, volviendo a su sistema de nombramientos que consagra
la Constitución en el artículo 122.3. “Es el momento de reformar la Ley Orgánica
del Poder Judicial que gestiona el propio CGPJ actual. También habría que
modificar el propio Tribunal Constitucional para que no se viera como una
prolongación de los poderes políticos”, recalcó.
Desde su punto de vista, Montesquieu murió hace ya mucho tiempo. No hay una
verdadera división de poderes en nuestro país y eso se percibe ahora de forma
clara. Para Ospina, esta falta de independencia alimenta la impunidad en la
corrupción. La ciudadanía está cansada de que se le tome por ingenua, y exigimos
una democracia de calidad con una independencia real y eficiente de nuestros
tribunales. La falta de seguridad jurídica contribuye a alimentar la crisis
económica en nuestro país. Esta inseguridad jurídica no motiva al inversionista
quien ve un riesgo añadido en caso de conflicto, con sus respectivos costes en
dinero y tiempo para encontrar una solución al mismo.” Con juicios para dentro
de 4 y 5 años, ¿cómo va a funcionar una economía eficiente?” respondía a una
pregunta de un asistente cuando le cuestionaban sobre la relación entre economía
y política.