De
la teoría a la práctica. Si hace algo más de un mes pedíamos a diferentes
juristas opinión sobre la figura del jurado, en el reportaje que va a leer
nuestro lector a continuación, va a poder cotejar las reflexiones de
profesionales juristas que han ayudado a simular un juicio con jurado. Las dos
horas que duró el proceso fueron amenizadas por sketches de la película “Las dos
caras de la verdad”, cuestión que sirvió al “jurado” elegido para dictar su
veredicto definitivo. Este evento, en el que este periodista pudo participar
fue organizado por el Grupo de Investigación Derecho y Lenguaje de ICADE de la
Universidad Pontificia de Comillas. Estos son los comentarios de Cristina
Carretero, profesora de Derecho Procesal y Oratoria y directora de este Grupo de
Investigación, de la fiscal de Alcalá de Henares, Beatriz Prieto y de Marta
Retolaza, Estudiante de 2º E1 Business Law. Facultad de Derecho. Universidad
Pontificia Comillas.
Cristina
Carretero hace una primera reflexión sobre este tema :. “¿Por qué con un
jurado no le sirve al jurista la comunicación clásica? Porque no le entenderán y
eso no le interesa.” Luego añade que “Si quiere que le comprendan los jurados,
tendrá que esforzarse para resultar más explicativo, más claro y así que su
mensaje llegue mejor y más eficazmente.”
Para esta
estudiosa del lenguaje, miembro de la Comisión de Claridad del Lenguaje
Jurídico que ha puesto en marcha el Ministerio de Justicia recientemente :” Si
emplea las fórmulas habituales de expresión del Derecho sin un plus de claridad
en los términos más técnicos, sustituyendo el tecnicismo cuando resulte posible,
y, cuando no, explicándolo, la comunicación será complicada o inexistente.
Recuerde que uno de los apartados que completarán los futuros jurados es: ¿sabe
leer y escribir? … El léxico jurídico sencillo se impone.”
Desde su punto
de vista la Buena y clara comunicación se puede ver en dos ejemplos que nos
explica :” El primero, que constituye un hecho desfavorable del objeto de un
veredicto real (solo se han suprimido o modificado ciertos datos de
identificación):
“El acusado D. Carlos M.M., mayor de edad,
la mañana del martes 15 de septiembre de 2011, en el domicilio familiar que
compartía con su pareja sentimental Dª Lourdes N.N., propinó a la misma uno o
varios fuertes golpes en la cabeza con o contra un objeto contuso, con el
propósito de acabar con la vida de Lourdes, o admitiendo que era muy probable
que su acción le causara la muerte, causándole lesiones en el cráneo
consistentes en una herida lacerante en la región temporo-parietal izquierda,
continuando en dirección horizontal con una zona deprimida en región fronto
parieto temporal izquierda que determinaron un traumatismo cráneo encefálico
severo con destrucción de centros vitales que le causaron la muerte”.
Para Cristina ese texto es claro :”
Porque entiendo que los miembros del jurado que lo lean se quedarán
fundamentalmente con la idea siguiente: una pareja, él hombre golpea a la mujer
y ella muere. Además usted podrá aportar aquéllas imágenes o simulación en un
vídeo en el que se muestre cuál es la región temporo-parietal izquierda y la
fronto parieto temporal izquierda para poder describir, explicar la región
afectada por el objeto y la trayectoria de este durante el hecho, la concreta
lesión causada y así, la razón del traumatismo encefálico severo que causó la
muerte. “
Nuestra interlocutora aporta otro ejemplo
de claridad: : en lugar de hablar de causas de abstención, y en su caso, de
recusación -art. 219 LOPJ- en el cuestionario que deben cumplimentar los
candidatos a jurado (que tiene varios cuadernillos, una hoja complementaria
sobre los datos de la cuada y un sobre para devolución de los cuestionarios), se
expresa (en el apartado quinto del cuadernillo B): tras un recuadro, lo
siguiente:
“No tengo ninguna relación con las personas
implicadas en el asunto para el que he sido designado como jurado y cuyos
nombres figuran en la hoja que me ha sido facilitada. Tampoco tengo interés en
el asunto, ni formado juicio sobre la culpabilidad o no culpabilidad de los
acusados”.
Son estos los términos con los que los
miembros del jurado le comprenderán y podrá centrarse en la mejor defensa,
acusación o dirección, ya sea abogado, fiscal o magistrado-presidente.
Visión de
la cuestión desde una Fiscal
Beatriz
Prado Benayas, Fiscal de la Fiscalía de Alcalá de Henares, ha ayudado mucho
en este evento. A lo largo de cada una de sus fases ha ido explicando cómo se
encajaba una con la otra. Esta es parte de su reflexión sobre el jurado y la
comunicación que debe recibir: “ Una carta del juzgado...¿y esto? Si no tengo
nada pendiente...”. Sorpresa. Estupor. “¿Que forme parte de un jurado? ¡Pero si
yo no sé nada de Derecho!”. Esta será probablemente la reacción de la mayoría de
los ciudadanos que reciban en su domicilio una carta del juzgado avisándoles de
la obligación-derecho que están llamados a ejercer “
Para esta
jurista es evidente que “. sin embargo, en un primer momento pesa más esa
obligación que el legítimo derecho de hacer justicia, o al menos intentarlo. De
este modo, son diversas y muchas veces insólitas las excusas alegadas por el
candidato. Muchas, la mayoría, legítimas, fundadas y justificadas. Otras...
propias de niño que no quiere ir al colegio el día que no se sabe la lección. “
Nuestra
interlocutora recuerda que tras “ haber superado con éxito (para algunos con
desgracia) la primera fase de selección, llega el día de la elección de los once
ciudadanos (nueve titulares y dos suplentes) a los que se les impone el deber y
se les permite disfrutar de su derecho de hacer justicia.”
Y pregunta el
Fiscal “¿qué le parece a usted la idea de formar parte de un jurado?”. Aquí las
respuestas son diversas. Unos contestan animosos, incluso con ilusión. Otros
resignados y temblorosos, “si no hay más remedio...”. Comienzan las sesiones,
generalmente más de una, mañana y tarde, jornadas durante las cuales, los once
ciudadanos elegidos abandonarán sus tareas cotidianas para desempeñar otra con
la que no contaban.
Beatriz
reconoce que los ciudadanos convertidos en jurado se van relajando a la vez que
se van metiendo en la “historia”. “Van transcurriendo las horas, se van
sucediendo los testigos, los peritos... y mientras, los miembros del jurado se
van conociendo, compartiendo comidas y recesos en los que sólo hablan de su
“misión”. Los nervios del inicio quedan lejos y ya tienen claro cuál es la
función que han de desempeñar y, en ocasiones, hasta su veredicto. “
Cuando
finaliza el juicio, “inician la deliberación con la consiguiente incomunicación
y llega el momento de emitir su veredicto. Han cumplido con su obligación.
Abandonan el edificio con la sensación de irse con el deber cumplido. A lo que
inicialmente se veía únicamente como un deber, finalmente se le une la
satisfacción de haber colaborado en hacer justicia.”
Sentirse
jurado por un día
Para Marta Retolaza, estudiante de ICADE Comillas la experiencia ha sido
muy gratificante: “Una imagen vale más que mil
palabras, dicen los fotógrafos y es cierto, no hay como la realidad, para ver la
verdadera esencia de las cosas. Esto, por una tarde, fue lo que nosotros
sentimos
simulando
un juicio en la Semana de la Ciencia de la Universidad de Comillas. “
A su juicio, “todos creemos saber cuál es el papel de un Jurado Popular, por
casos tan mediatizados como puede ser el de Asunta Basterra, en Santiago de
Compostela. Pero en verdad, ¿entendemos cuál es la finalidad de que un médico,
un ama de casa, un charcutero, un directivo de una empresa o cualquier español
sin estudios sobre derecho, elegido al azar, pueda juzgar un caso de semejante
transcendencia?”
Marta
señala que “tras esa simple imagen de jurado popular que todos tenemos, fuente
del boca a boca, se esconden complejos procesos que permiten formar, a partir
de gente ajena al derecho, equipos válidos para la mejor y justa resolución de
un proceso.
“Pero ¿cómo descubrimos que esto se esconde detrás, si nadie nos lo explica con
un ejemplo gráfico, asequible para todos los públicos?”, se pregunta.
Periodistas, profesores, alumnos, niños, jóvenes, adultos, todos fuimos
invitados para experimentar por una tarde en nuestra propia piel, qué suponía
formar parte de un juicio. “Cada día estudiamos horas y horas, hojas y hojas de
información, que pasado el examen almacenaremos en nuestro “disco duro”, pero la
impronta de un caso real se queda siempre a flor de piel”, apuntó.
Para esta futura jurista es necesario “una enseñanza que nos permita perder el
miedo a lo que nos vamos a encontrar en la calle, fuera de los muros de nuestra
facultad y de las tapas de nuestros libros, sin la ayuda de nuestros profesores.
Hace falta, por supuesto, la enseñanza teórica que te permite adquirir
conocimientos materiales para fundar nuestra base jurídica y nuestras
capacidades como buenos juristas, pero... ¿y la necesidad de bajar a la arena y
toparnos con un caso de verdad, con órganos jurisdiccionales reales y, en
concreto en este caso, con las figuras del jurado popular, el ministerio fiscal
y la defensa del acusado?”
En su opinión, ser jurado es algo muy importante: “por primera vez hemos sentido
la responsabilidad de un caso en nuestras manos, y hemos podido sentir la
satisfacción de haber ayudado a alguien de una forma justa o el vacío de
comprobar como muchas veces, por más que nos pese, ello resulta imposible."