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No hace mucho que escribía que se había consumado la tragedia. Que si nada lo
impedía, la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal entraría en vigor y nos
encontraría con el pie cambiado. Y así ha sido. Por más que Fiscales, Jueces,
Letrados de la Administración de Justicia, Abogados, Procuradores y todos los
operadores jurídicos lo advirtieran, por más que los ciudadanos se percataran,
nada pudo con la determinación de un legislador empecinado en no dar su brazo a
torcer. Y eso, con un magro período de vacatio legis y un más magro todavía
–cero pelotero- presupuesto para acometer esta reforma. Porque no olvidemos que
la propia ley contenía una Disposición Adicional que, bajo el irónico epígrafe
de “previsión de costes” reza textualmente que las medidas que incluye no podrán
suponer incremento de dotaciones de personal, ni de retribuciones ni de otros
gastos. Así que blanco y en botella, leche.. Por más que se nos dijera, destinar
un solo euro a ello hubiera sido incumplir la propia ley. Y en esto han cumplido
a rajatabla. Acabáramos.
Así que los fiscales –como todos- hemos llegado de un largo puente vacacional
–los que han disfrutado de él, claro- con una ley diferente de la que había
cuando nos marchamos. Claro está, que estábamos más que advertidos. Y asustados
y angustiados también. Porque veíamos que se acercaba el día y no llegaban ni
los fiscales sustitutos prometidos para acometer la tarea de revisar cientos de
miles de expedientes, ni la Instrucción dirigida a los Letrados de la
Administración de Justicia destinada a facilitarnos la tarea, ni la conexión
informática que iba a ser la panacea. Nada de nada. Como hubiéramos pronosticado
cualquiera sin necesidad de poseer facultades adivinatorias más allá de la
experiencia, que es la madre de todas las ciencias.
Y no es que me extrañe. Me hubiera extrañado lo contrario, que todo estuviera
listo y a punto. Pero como dice el refrán, más sabe el diablo por viejo que por
diablo, y unos cuantos años en esta profesión le quitan a una la esperanza de
que las cosas se hagan a tiempo. En cuanto a los Fiscales sustitutos, se nos
dice que venir, vendrán, pero yo no los he visto aún por ningún lado. Y sigo sin
entender tampoco cómo se compatibiliza su contratación con los dispuesto en la
dichosa Disposición Adicional a que antes me refería. En cuanto a la Instrucción
a los LAJ, pues más de lo mismo, nadie sabe de ella y tampoco se la espera,
aunque seria desvestir un santo para vestir otro, o tal vez trasladar a otros
hombros parte del peso de la mochila de la reforma. Y, por descontado, lo de las
conexiones informáticas no se lo había creído nadie, pues en mal lugar dejaría a
quienes ponen en dos meses lo que no han puesto en muchos años a pesar de
demandarlo una y otra vez. Porque lo de los sistemas informáticos en Justicia es
una tragedia de dimensiones cósmicas, y no se puede arreglar con una ley a la
que no acompaña presupuesto alguno.
Por nuestra parte, sí que se han recibido Instrucciones por parte de la Fiscalía
General del Estado. Destinadas, esencialmente, en interpretar de la manera menos
lesiva posible las disposiciones de la reforma en relación al famoso plazo de
instrucción de 6 meses y su no menos famosa prórroga. Y que aclaran, como la
propia ley, que el transcurso del plazo no supondrá el archivo automático de las
causas, sino el que a partir de ese punto queda congelada toda posibilidad de
pedir pruebas, o de practicarlas. Lo que significa que tiremos para adelante con
lo que haya y, si no hay bastante, archivemos, que la presunción de inocencia es
lo que tiene. Algo así como el “hable ahora o calle para siempre” de las bodas
de películas americanas. Salvo prórroga, claro, previa declaración de especial
complejidad, pero, llegado el fin de la misma, volveríamos al punto de partida.
A la casilla de salida.
Todo esto, claro está, sin que nadie haya tomado medidas para que esas
periciales que en principio no resultan complejas, tarden más de seis meses
simplemente porque están a la cola en la lista de espera, que ya sabemos todos
como van los medios. Desde dictámenes psicológicos a volcados de ordenadores,
desde pruebas de ADN hasta analíticas de cualquier tipo, pueden tardar más de
seis meses porque los peritos sencillamente no dan abasto. Como sucedía antes,
sin ir más lejos. Y es que un coche sin gasolina no corre más porque se tire de
las orejas al piloto, si no se llena de combustible el depósito.
Así que hemos llegado al día D tal como estábamos. Sintiendo que nos han puesto
el contador a 0 y que desde ahora todas las causas tienen pegada una bomba lapa
que estallará cando el temporizador marque los 6 meses cumplidos. ¿Y como lo
estamos solucionando? Pues como siempre pasa, con dosis de paciencia, buena
voluntad y tiempo a partes iguales, al tiempo que nos mordemos la lengua para no
blasfemar más de lo conveniente. Tratando de ponernos de acuerdo cada uno de
nosotros con su respectivo Juez, LAJ o funcionarios para ir viendo las causas
que hay en el Juzgado por orden de antigüedad. Sacando listados de donde podemos
e intercambiándolos en papel porque la conexión informática no ha llegado.
Aprovechando los recesos de juicios para que los funcionarios te hablen de ésta
o aquélla causa que llevan y que recuerdan que estaba muy parada, porque no
llegaba no sé qué oficio o no se encontraba al testigo. Colocando montoncitos de
asuntos en cualquier hueco para ir echándoles un vistazo, y llenarlos de
pegatinas y de pósits –benditos pósits- para poder pedir la declaración de
especial complejidad y la prórroga llegado el momento. Y confiar en que nos la
concedan, porque nada claro está un posible régimen de recursos en caso de que
se deniegue. Y hablando con los abogados, cuando se pueda y quiera, para ver
cómo tiran también ellos del carro, aunque por obvias razones de defensa, no
siempre estiraran de la cuerda en el mismo sentido que nosotros.
La cuestión es que el tic tac inexorable ha empezado y no nos queda otra que ir
buscando ratos para revisar causas pasadas además de seguir despachando las
presentes, que entran exactamente al mismo ritmo. Y que cruzar los dedos para
que no se nos pase nada, no solo por nosotros sino, fundamentalmente, por el
interés del ciudadano en general y de las víctimas del delito en particular.
En definitiva, y como nos teníamos, la ley no ha hecho otra cosa, en pro de la
supuesta agilización que repite en su texto hasta la saciedad, que no sea darnos
un tirón de orejas. Porque en eso consiste el que nos diga que con los mismos y
paupérrimos medios con los que se contaba nos demos más prisa. ¿O acaso nos pone
bajo sospecha de que si no lo hacíamos así era porque no nos aplicamos lo
bastante? ¿Qué sólo era necesario decirnos que nos diéramos prisa para que
corriéramos?
No era tan fácil. Es imposible hacer una cesta más grande y nueva con los mismos
mimbres con qe estaba hecha una pequeña y vieja. Los milagros en Justicia no
existen. Al menos, que yo sepa. |