Hoy es el Día Internacional de la Mediación el cual coincide con el
primer texto legislativo sobre mediación familiar en Europa a través de
la Recomendación nº 98 aprobada por el Comité de Ministros del Consejo de Europa
el 21 de Enero de 1998 .
Su contenido, si bien es conciso, recoge una serie de puntos,
máximas y pautas de necesaria observación a la hora de afrontar la búsqueda de
soluciones en el ámbito familiar.
Quienes nos dedicamos con pasión a este complejo campo comprendemos
la gran cantidad de emociones e intereses en juego que confluyen, y que a veces
estallan estrepitosamente, cuando nos sumergimos en un proceso de cambio y/o
conflicto familiar.
Y lo peor de todo es que, en todo
este recorrido frenético que se inicia cuando una o dos personas deciden
separarse, muchas veces salen dañados quienes menos se lo merecen, los
inocentes. Los niños.
El referido texto parte del notorio aumento de conflictos
familiares, muy especialmente separaciones y divorcios, a lo que añadiría además
que nos encontramos ante un escenario dónde actúan múltiples factores en juego,
como pueda ser la actual heterogeneidad de los modelos familiares o el
papel de la mujer en el mundo laboral.
Quienes somos testigos del dolor irreparable y de las
consecuencias, muchas veces irreversibles, que sufren todos los miembros de la
unidad familiar cuando se inicia una batalla judicial, debemos intentar sembrar
paz dónde otros solo siembran tempestades.
Por las manos de un profesional dedicado a las familias pasan
infinidad de contextos diferentes. Todos ellos únicos, urgentes y especiales.
Pues cada familia es un mundo y la solución a su conflicto, también lo es.
Es por ello que cuando hablo de las ventajas de la mediación, y del
acuerdo al que llegan las partes, me gusta utilizar el símil de un
maravilloso traje a medida.
El mediador es un dedicado artesano que afanosamente ayuda a
tomar las medidas exactas de cada miembro de la familia para que ese traje, que
realmente ellos mismos construyen con sus manos, simplemente encaje a la
perfección en todas y cada una de las partes implicadas.
Una prenda con la que todos se sentirán a gusto, protegidos,
confortables. Porque dicho traje está elaborado con distintos materiales que
perdurarán en el tiempo gracias a la técnica con la que éstos han sido cosidos:
la comunicación positiva, el entendimiento, el perdón, el respeto, la escucha
activa.
Dichos componentes son retales aportados por cada una de las
personas que forma parte del proceso de mediación. Distintos tamaños y
contornos, todos ellos asimétricos. Muchos están desgastados por el tiempo, y el
color de la tela está apagado, carcomida. Otros llaman la atención por su
brillo, el cual deslumbra e incluso puede eclipsar a las tonalidades más grises.
Algún trozo presenta una textura áspera, aunque puede que en el
pasado fue suave y aterciopelada. Encontraremos también alguna triza de lo que
un día fue una prenda elegante y cuidada, pero que había quedado olvidaba en el
cajón de los recuerdos, esperando a ser rescatada. También hay sobrantes que se
escabullen entre el resto para evitar ser vistos.
Fragmentos de historias mezcladas, en forma de retazos, que nos
hablan de como esas personas que tenemos enfrente de nosotros han llegado hasta
allí.
El dedicado artesano (mediador) entregará las herramientas adecuadas
orientando a las partes para que consigan esbozar juntas su perfecto traje a
medida. Nada de encargos a terceros, elaboraciones industriales,
fabricaciones en serie o productos de baja calidad que se deterioren a los dos
días.
No es aconsejable dar puntada sin hilo pues cada detalle
cuenta tanto o más que el anterior. De lo contrario corremos el riesgo de
comprar una prenda que no es de nuestra talla, que no nos resulta cómoda o peor
aún, que no encaja con las expectativas que nos habíamos creado o que nos habían
generado otros.
¿Por qué arriesgarse de tal forma cuando, con la ayuda del
profesional adecuado, podemos crear un boceto que se ajuste como un guante
a las necesidades y deseos de toda la familia?
Quizá sea necesario tomar medidas varias veces, elaborar varios
proyectos, recortar de aquí y añadir por allá. Pero haciendo y deshaciendo va
la modistilla aprendiendo, y sin duda alguna el resultado final habrá
merecido la pena.
Y lo más importante es que ese traje de distintos colores y
estampados, entremezclados los unos con los otros formando un todo, también es
resistente e impermeable. Una capa protectora diseñada para proteger el interés
familiar, muy especialmente el de los niños.
No me canso de repetirlo: las separaciones o los divorcios no son
traumáticos. Las personas los hacemos traumáticos. Y los hijos son siempre
quienes salen más dañados, no debiendo ser utilizados jamás como moneda de
cambio en los procedimientos judiciales.
Debemos tener en cuenta que las relaciones entre los miembros de la
familia perdurarán en el tiempo, y que cualquier mala decisión que tomen los
adultos, impulsados o cegados por sus egoísmos o intereses personales,
repercutirá en todos los miembros de la familia, sobre todo en los niños. Y
lamentablemente hay consecuencias muy dolorosas que son para siempre.
El matrimonio o la pareja se acaba, pero la unión que implica el
tener hijos en común es para toda la vida. Por ello se hace necesario potenciar
la comunicación positiva entre los progenitores, creando escenarios de
normalidad ante la nueva situación, lo que nos permitirá velar por la
continuidad de las relaciones paternofiliales.
La mediación nos ofrece sin duda una vía de solución de conflictos
familiares que nos permite buscar soluciones personalizadas, consensuadas y
duraderas, poniendo voz a todos los implicados. Y por supuesto, reducir también
los gigantescos costes emocionales, económicos, sociales y temporales que supone
un procedimiento judicial.
Es cierto, afrontar cualquier situación de cambio vital no es coser y cantar
pero existen diferentes fórmulas, entre las que se encuentra la mediación
familiar, que nos permiten encontrar las dimensiones exactas para ese traje a
medida que deseamos nos dure muchísimos años.