Según Jueces para la Democracia y Unión Progresista de Fiscales el acuerdo
pactado entre Europa y Turquía el 7 de marzo de 2016 para devolver al país
vecino a toda persona extranjera que llegue ilegalmente a las costas
griegas, a cambio de traer desde Turquía a un número de refugiados
equivalente al de expulsiones y a aumentar los 3.000 millones de euros
destinados a Turquía para atender a los refugiados/as, supone el abandono
por parte de la Unión Europea de la legalidad internacional al no
discriminar, y retornar de manera masiva a quienes pueden ser víctimas de
persecución y víctimas de la guerra.
El comunicado reza: “El drama de las personas refugiadas ha puesto de
manifiesto que la concepción de Europa como un espacio común de libertad,
seguridad y justicia, fundada sobre los valores de la dignidad humana, la
libertad, la igualdad y la solidaridad a los que se refiere el Preámbulo de
la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea ha claudicado frente
a una organización de mercaderes de bienes y servicios.
La actuación de las instituciones Europeas no ha hecho sino reflejar la
incapacidad y ausencia absoluta de voluntad de abordar la situación de una
forma justa y conforme a los principios de los Tratados Fundacionales de la
Unión.
Como muestra basta señalar el incumplimiento de los compromisos, ya de por
si exiguos, que se adoptaron en el seno de la Comisión Europea en octubre
de 2015. Entonces la Unión se comprometió a la reubicación de 160.000
refugiados mediante un reparto de cuotas entre los distintos países. No
obstante, a día de hoy, solo 660 refugiados han sido reubicados y, en el
concreto caso de España, de los 16.231 personas que nuestro país se
comprometió a acoger, solo ha recibido a 18.
El mensaje que la Unión Europea trata de trasladar no es más que la
culminación del fracaso en la gestión de la política migratoria, en lugar de
buscar soluciones y ofrecer alternativas a quienes se ven obligados a dejar
su patria y su hogar, la UE, ha conseguido trasladar la imagen de que una
crisis humanitaria es un problema de orden público y la respuesta, basada en
gravísimos errores de concepto, se fundamenta, una vez más en levantar
vallas y separar pueblos, en convertir al migrante en un objeto y despojarlo
de su dignidad como persona.
Se legitima además, el comportamiento político de un gobierno, el turco,
cada vez más distanciado de prácticas democráticas.
Se cambian, por tanto, vidas por dinero y ello en clara contravención de la
normativa internacional y europea. Baste señalar que el artículo 78 del
Tratado de Funcionamiento de la UE obliga a la unión a tener una política de
asilo común que garantice la protección internacionales de todo nacional de
un tercer país sometido a persecución y respete el principio de no
devolución de conformidad con la Convención de Ginebra.
Sin embargo con esta medida se generalizan expulsiones colectivas,
expresamente prohibidas en el artículo 19 de la Carta de Derechos
Fundamentales de la Unión sin respetar el derecho a la solicitud de asilo
que asiste a todo ciudadano que se encuentre en el interior de un Estado
Miembro, cualquiera que sea el medio por el que accedió a él. Se basan para
ello en la concepción de Turquía como Tercer País Seguro y ello a pesar de
las dudas que suscita su sistema Político y la limitadísima aplicación que
se realiza en dicho país de la Convención de Ginebra.
La ratificación de este acuerdo supondría un golpe de muerte para el
Derecho de Asilo y la Protección Internacional dentro de la Unión Europea y
quiebra los pilares básicos de su propia construcción.
Por tal motivo denunciamos y reclamamos que, en cumplimiento de la legalidad
internacional, no se ratifique el pacto avanzado hasta el momento y se abran
vías de acceso seguros para todas aquellas refugiadas y aquellos refugiados
que, de acuerdo con la ley, tienen derecho a que se les reconozca esta
condición dentro de la Unión.”