No aparecen aún en Chambers o en otros Who is Who de la profesión, pero son los
mejores abogados a la hora de resolver grandes cantidades de trabajo en tiempo
record, o cuando se trata de ahorrar costes para clientes. KIM, ThoughtRiver,
ROSS, Margin Matrix o IRIS son proyectos de despachos o empresas basados en
machine learning e Inteligencia Artificial. Y todos ellos pueden estar
amenazando nuestros puestos de trabajo o la existencia de nuestro bufete.
Hace poco hemos oído de una App que ha protestado con éxito a 160.000 multas de
tráfico en Londres y Nueva York. Su autor es un estudiante de informática de 19
años. Cada día leemos, y ya no en los foros especializados, sobre Inteligencia
Artificial y el aprendizaje de las máquinas, machine learning. Hace dos años en
el Legal Management Forum Elisa Martín, directora de Tecnología de IBM en
España, presentó a Watson, que ahora se llama ROSS Intelligence adaptado al
sector legal.
Hay dos lados de la balanza, que parecen impulsar la utilización de AI y machine
learning en el sector legal. Por un lado las empresas quieren reducir sus gastos
en consultoría externa y en su propio funcionamiento, y la otra es que los
despachos grandes tienen “una tonelada de horas de investigación que el cliente
no les paga” explicaba a Bloomberg Law Andrew Arruda, de 27 años e impulsor de
ROSS.
Empecemos por el lado de las empresas. La existencia de departamentos de precio,
pricing, en las grandes firmas es cada vez más frecuente. Estos departamentos
mantienen bajo control el gasto de grandes multinacionales en sus servicios
legales externos y ponen una importante pelota en el tejado de los despachos.
El Financial Times nos explicó hace poco como la multinacional de seguros AIG se
ahorra 200 millones de dólares utilizando el data mining (extracción y análisis
de datos) en sus contratos externos. AIG trabaja mundialmente con más de 1.500
despachos con 30 líneas de negocios en 90 países. La firma ha automatizado la
selección de proveedores, especialmente los que revisan los contratos que una
empresa de seguros hace a millones.
ThoughtRiver, un software basado en machine learing es uno de los abogados en el
nuevo ranking de AI-abogados, que se llama a si mismo software inteligente para
contratos. Su fundador cuenta a FT, que “el trabajo empleado para revisar un
contrato no ha variado para un abogado en los últimos 20 años.” Pero las
maquinas realizan ahora esta tarea a velocidades indescriptibles y los abogados
pueden emplear su tiempo en otras tareas.
Thought River puede identificar un lenguaje específico y patrones de palabras,
para evaluar el riesgo que puede conllevar un contrato, si está en una
jurisdicción complicada, si se basa en una resolución de conflictos en cortes
dudosas, etc. Según el nivel de riesgo extraído, los contratos pueden ser
revisados por equipos de especialistas, porque tienen un alto valor o un gran
riesgo. El resto no tendrá gran importancia para la firma.
KIM, el asistente virtual del despacho RiverView Law, es otro aspirante al
premio de abogado virtual del año. Su capacidad de análisis de datos pude ayudar
a un equipo in-house a distribuir su carga de trabajo. “Sabes que carga de
trabajo tienes, a quien va tu trabajo y cuando se tarda en realizarlo y cuanto
cuesta,” decía Karl Chapman a FT. “Eso significa que tienes control,” añadía.
Pero KIM puede mucho más que eso. Puede mandar consejos e información sobre los
casos en los cuales trabajan los diferentes equipos. Se basa para ello en miles
de casos anteriores. El sistema también detecta oportunidades de mejora y
eficiencia con el análisis de anteriores contratos y se lo comunica a los
usuarios que pueden tomar decisiones de mejora.
Despachos grandes como Allen & Overy o el ya muy famoso Axiom están reaccionando
al cambio de regulación sobre la venta de derivados en el sector bancario
americano, que entrará en vigor en 2017. Los bancos tendrán que reescribir miles
de contratos para integrar las nuevas regulaciones y normas. Las dos firmas han
anunciado la creación de plataformas propias que pueden hacer el trabajo de
adaptación de contratos que hubiera significado miles de horas de abogados, con
“un coste de decenas de millones de libras,” contaba David Wakeling socio de
Allen & Overy en Londres a Bloomberg Law.
El abogado virtual de Allen & Overy se llama MarginMatrix y se basa en un
software de HighQ. Mientras Axiom ha llamado al suyo IRIS que se basa en la
plataforma de Salesforce.com. Ambas plataformas pueden redactar contratos entre
diferentes jurisdicciones o entornos normativos.
La inteligencia artificial y el machine learning se están apoderando del trabajo
repetitivo y de bajo valor que hasta pocas fechas eran el trabajo de abogados
junior o de despachos pequeños. “Todo trabajo de poco valor, ya muy
commoditizado, será pasto de las maquinas. Y no hay que esperar mucho,” resume
Hans A. Böck esta tendencia.
Habrá que crear un ranking para abogados virtuales.