El Pantocrátor y el tetramorfos

Publicado el viernes, 31 enero 2020

Natalia Velilla Antolín – Arte Puñetero.

Cuando era adolescente, viajé con mi madre y una amiga por Italia y allí me quedé fascinada con los ábsides de algunas iglesias, bellamente ornamentadas, con destellos de teselas doradas y azules, como la de San Marcos, en Venecia o la iglesia del mismo santo, en Roma. La imagen simple y un tanto naïf bien de Cristo, bien de la Virgen María, rodeados de santos, inscripciones y colores vivos me impactó, hasta el punto de que me llevó a interesarme especialmente por el arte bizantino y románico y por el

Natalia Velilla Antolín, Magistrada - Arte Puñetero

Natalia Velilla Antolín, Magistrada – Arte Puñetero

Pantocrátor (en griego Todopoderoso, también conocido en latín como Maiestas Domini). La figura de Dios Redentor-Creador que aparece en busto o cuerpo completo sedente en el domo de algunas iglesias románicas y bizantinas, como el de la Catedral de Cefalú, en Sicilia, siempre bendice con la mano derecha mientras porta en la izquierda el evangelio abierto mirando al público. La mano con la que bendice suele tener dos dedos rectos –el índice y el corazón­– y el pulgar aparece despegado de la palma, formando el número tres de la Santísima Trinidad, como el Cristo del altar de la iglesia de San Apolinar, en Rávena. Todo en el Pantocrátor es simbología, en una imagen que suele ser hierática, sin expresión, al gusto de la época, en la que el arte trataba de ilustrarte, no de conmoverte. Ese Dios Todopoderoso y Creador que, mirando al espectador, se presenta como la encarnación de Justicia Divina, el Dios-Juez, sentado en su púlpito para juzgarnos a todos.

La representación del Pantocrátor suele realizarse dentro de un espacio ovalado denominado mandorla (almendra, en italiano) o almendra mística; espacio del que emanan a menudo rayos o haces de luz que indican dramáticamente el origen divino del representado, como puede observarse en el Pantocrátor de Sant Climent de Taüll (Lleida), que, actualmente, está en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC). Además de la almendra, aparecen otros variados símbolos cerca del Cristo sedente, como el Alfa y Omega (“yo soy el principio y el fin”), el cordero del Apocalipsis con siete ojos ­–símbolo de la omnisciencia de Dios– (nuevamente, muy relevante el de Sant Climent de Taüll), o los ángeles y arcángeles que, solemnes, tocan diversos instrumentos musicales. A veces son los veinticuatro ancianos del Apocalipsis los que hacen música, como puede apreciarse en el ábside de la iglesia de San Justo en Segovia, de muy recomendable visita.

Tan interesante como el propio Pantocrátor, en la representación mística aparece el Tetramorfos, formado por los cuatro Evangelistas en sus formas simbólicas o los santos acompañados de estas formas representativas. Para muestra, un botón, como el de la Capilla de la Magdalena de Solanllong, cerca de Ripoll (Gerona), actualmente en una colección particular. El primer evangelista, San Mateo, se representa por un hombre o un ángel, puesto que, de los cuatro evangelistas, San Mateo fue el que puso mayor hincapié en la condición humana de Jesús como Mesías, dándole menor importancia a su lado divino. El segundo, San Marcos, representado por un León, símbolo de la fortaleza de Dios y de la voluntad de Cristo, e insignia de la ciudad de Jerusalem, de donde era oriundo el evangelista. El tercero, San Lucas, simbolizado por un toro, que representa el sentimiento noble de Dios, evangelista que reflejó mejor que los demás los sentimientos de compasión y justicia de Jesucristo hacia la humanidad. Y, finalmente, el cuarto, San Juan, representado por un águila, como sublimación de la idea de Dios. El evangelio de San Juan es el más místico y para cuyo entendimiento se requiere un mayor esfuerzo de abstracción. No en vano se ha utilizado tradicionalmente al águila de San Juan al pie de los atriles de los altares de las iglesias y catedrales, como símbolo de la palabra de Dios.

Al Pantocrátor le suele acompañar a los pies o a los lados, además del Tetramorfos, el conjunto de todos los apóstoles, con sus respectivos utensilios de identificación. Al autor medieval le interesaba transmitir la idea de coro celestial, del peso de la palabra, de la divinidad conjunta de Dios y sus apóstoles y evangelistas. Como decía al inicio del artículo, un Dios Creador pero también un Dios-Juez, como exaltación de la Justicia Divina, de la que nadie puede evadirse. Y es que no podemos olvidar que, para la tradición cristiana, Dios presidirá el Juicio Final de los hombres, un Juicio donde supuestamente no cabe segunda instancia ni tribunal al que poder recurrir en caso de disconformidad y donde desconocemos si tendremos derecho a abogado y a la última palabra ¿Podrá tacharse a los testigos parciales? ¿La admisión de prueba en nuestra contra podrá recurrirse o protestarse? Reconozco que, como magistrada, se me atraganta la idea de un juicio de tamaña envergadura en el que no se respeten las garantías reconocidas en el artículo 24 de la Constitución… habrá que esperar a obtener respuestas más allá del arte.

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