“He sido un canalla con todos” – Antonio García Borrajo (II)

Publicado el martes, 21 abril 2020

José Manuel Pradas – La huella de la toga.

En el ejercicio de la labor de abogado se conjugan -como en otras profesiones- una serie de habilidades que no es malo tenerlas. Conocimiento de las leyes, de los Principios Generales, capacidad de análisis y síntesis, oratoria y en definitiva, todas aquellas que se nos puedan ocurrir, ya que cuantas más tengamos, mejor y como dice mi padre, “de lo que no cuesta, se llena la cesta”. Sobre mi persona tengo pensadas dos con las que estoy relativamente orgulloso  –entiéndase bien como lo digo-  pues me han dado, a lo largo de un buen puñado de años de ejercicio, muchas más alegrías que disgustos. La primera sería tener un puntito de “mala leche”, tampoco excesiva no nos vayamos a pasar, que lo poco agrada y lo mucho cansa y la segunda creo que es poder tener una especie de sexto sentido –vamos a llamarlo olfato- por el que acostumbro a dejarme llevar y que, la verdad sea dicha, pocas veces me ha defraudado.

José Manuel Pradas

José Manuel Pradas

En la reciente historia de España hay uno de tantos personajes curiosos que nos servirá para llevarnos de nuevo, revisitar a García Borrajo. Me refiero a Enric Marco, Presidente de la asociación “Amicale de Mauthausen en España” y que estuvo yendo durante años de colegio en colegio y de plató en plató, dando charlas como superviviente que era de los campos de exterminio nazis. Se ganaba así la vida y gozaba del reconocimiento de muchos. Llegó incluso a ser condecorado con la Cruz de Sant Jordi por la Generalitat de Catalunya, que es la más alta distinción que concede esta Comunidad Autónoma. Pero mira tú por donde, de golpe y porrazo, se descubrió que todo era un invento y no había pisado un campo de concentración en su vida. Item más, ya en el colmo de la paradoja, al profundizarse en las investigaciones sobre su persona, lo último que se descubrió resultó ser que había sido colaborador de los nazis, y que había estado trabajando voluntariamente en los astilleros de Kiel. De esta historia dio cuenta, hace pocos años, Javier Cercas, autor de “Soldados de Salamina” –un libro que me impresionó en su momento- en su novela biográfica “El impostor”.

El caso es que ya sea por el olfato o por ese punto de mala leche al que antes me he referido, me he convertido con este artículo en investigador de la verdad y tener, no se bien si el honor o la decepción, de desenmascarar a otro impostor.

Antonio García BorrajoMe refiero, como ya habrán adivinado, a Antonio García Borrajo, ese héroe de guerra, reconvertido con su esfuerzo y sacrificio en abogado y adalid de los Derechos humanos, paladín de determinadas concepciones ideológicas. En definitiva una vida que, narrada por él mismo, estuvo llena de aventuras y tribulaciones, que fácilmente podían haber sido llevadas al cine por Costa Gavras, Ken Loach o el cineasta español de turno que cada uno de nosotros estará pensando.

Pero es que en la huella de la toga que le dediqué hace unas semanas, había una idea que venía rondando en mi cabeza y no terminaba de alejarse. Una cierta desazón porque algunas fechas y los relatos de sus vivencias eran contradictorios. No conseguía hacerlos encajar adecuadamente. ¿Cuándo había empezado a estudiar Derecho? ¿Dónde? ¿En qué Universidad y cuando había terminado? ¿Había llegado a  ejercer? ¿No era extraña su huida?

En esas tribulaciones estaba, cuando mi veterana nariz de sabueso apuntó hacia la calle Serrano donde debía conservarse el expediente de incorporación de García Borrajo en el Colegio de Abogados de Madrid. Allí deberían estar depositados los documentos precisos para haber ingresado en la corporación.

Y claro está, ¡Bingo! descubrí el pastel.

Cuando me llegó el expediente personal, en la carátula donde aparece su nombre y número de colegiado, el 14057, se dice que se incorporó el 25 de septiembre de 1950 y que fue “eliminado” el 17 de noviembre de 1951 por acuerdo de la Junta de Gobierno. Primera sorpresa. Pasando páginas llego a su solicitud de ingreso, donde dice que solicita el alta por estar ya colegiado en Pontevedra, acompañando la preceptiva certificación. Segundo asombro. ¿Cuándo ha estado este hombre en Pontevedra, que nunca lo ha citado?

Aparece más tarde una hoja en blanco, con la siguiente anotación: “Expediente disciplinario por usurpación de funciones. Baja. 1951”. Ni qué decir tiene que la cosa se estaba poniendo emocionante, pero sin llegar a la hiperventilación, que a uno ya le ha pasado casi de todo.

Más adelante, en una carta de 14 de noviembre de 1951, el abogado Francisco Labrador Leal, se dirige a la Junta de Gobierno del colegio, para poner en conocimiento de ésta que su socio de despacho, Antonio García Borrajo, ejercía ilegalmente la profesión, que así se lo había afirmado un Procurador amigo, al que habían visitado unos clientes de García Borrajo que se sintieron estafados. Muy alarmado, Francisco Labrador se fue a ver a la esposa de su socio para intentar informarse y cuenta a la Junta que ésta, muy enojada, le había dicho que era falso y que lo que contaban tenía que ser “una denuncia falsa o una broma de muy mal gusto”.

Pero mira tú por dónde Francisco Labrador, recibe poco después una carta del García Borrajo, a quien seguro su mujer le había contado, de la que da traslado al Colegio y que transcribo literalmente:

“Madrid, a 10 de noviembre de 1951.- Paco: Perdóname, he sido descubierto de lo que a todos os he ocultado, a ti que eres un santo quiero darte una explicación lo hice porque siempre quise ser abogado, primero la guerra y después los años que estuve detenido por izquierdista –de esto también te lo oculté-  me impidió realizarle ese sueño de toda mi vida. He sido abogado y ya me creía serlo, de los conocimientos que tenía en la cárcel lo aprendí en libros y compañeros que eran abogados o catedráticos, por eso Máximo y González Deleito que estuvieron en la prisión les engañé también y creyeron lo mismo, como todos por eso he vivido un tiempo como soñé. Ni mi mujer ni mi padre supieron la verdad, todos creían que era abogado y lo demostré en los Juzgados ganando asuntos como a González de Miguel y otros que todos sabéis. Júzgame como quieras, solo te pido que reces a tu Dios para que me de suerte.- Anima a mi pobre mujer, está en estado y esto le va a costar la vida, he sido un canalla con todos, con el engaño que habéis sido víctimas, pero conseguí lo que pretendí, ser abogado.- Bueno que vamos a hacer, que te de mi mujer todas las cosas que tiene en la casa de su familia y que yo te las pedí que las llevaras.- Que tengas suerte en la profesión.- Te saluda.- Antonio García Borrajo”

El Colegio de Madrid actúa con celeridad, da de baja al defraudador, se dirige al Colegio de Pontevedra y al Juzgado de Guardia, instruyéndose el Sumario 273/1952.

Conclusión de la historia, Antonio García Borrajo ES UN FRAUDE. Ni debió fundar la F.U.E., ni le pondría preso Gil Robles –que no fue nunca presidente del Consejo de Ministros como él afirma- ni seguramente estudiaría Derecho antes de empezar la guerra, si acaso algún curso después de terminarse y por supuesto estoy casi seguro que no debió cruzar a nado el Bidasoa escapando a los disparos de la Guardia civil, sino seguramente en tren y únicamente cuando se descubrió el pastel que acabo de contar.

En definitiva nos encontramos con otro impostor, o un canalla como él mismo se define, que es capaz de engañar hasta a su propia esposa embarazada. Es otro Enric Marco. Podría esbozar unos renglones sobre esos referentes de determinadas ideologías que parecen ser los poseedores del progreso, la integridad y la superioridad moral de la izquierda y el resto o somos unos burgueses o unos “fachas”, pero no lo voy a hacer. Todos somos ya lo suficientemente inteligentes para sacar nuestras propias conclusiones.

Hoy día, en Google está todo o casi todo –cosa diferente es que sea verdad o no-. Me cabrá desde ahora, la pequeña satisfacción íntima de haber descubierto a este estafador. Cuando cualquiera busque su nombre, aparecerán los panegíricos que se han escrito hasta ahora de él y los relatos de sus “hazañas”, bélicas o de las otras. Pero también aparecerá este artículo. Con eso me conformo, para mí estas personas no merecen ya muchas más líneas y que cada cual piense lo que quiera al leerme.

Es costumbre acompañar estas reseñas de una foto. Dije en el anterior artículo que de Antonio García Borrajo no había mucho donde elegir y es verdad. Hay otra, que es la que acompaño ahora, donde se muestra una especie de carnet de la masonería con la foto de Antonio García Borrajo. También es otra turbia historia, como no. Al parecer, en complicidad con otras dos personas, crearon una especie de organización masona, cuyo último objetivo era conseguir ser indemnizados por el Estado español, como lo fueron los sindicatos y los partidos políticos, debido a la incautación de bienes que se produjo al finalizar la guerra. Fueron descubiertos y la cosa quedó aparentemente en nada. Pero ya me pasé del límite de palabras impuesto y creo que no merece la pena profundizar en algo tan sórdido como apunta ser. Me basta la frase “quien hace un cesto, hace ciento”. Con eso debiera bastarle al lector. Para mí, cuando estoy llegando al punto y final,  Antonio García Borrajo ya es historia.

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5 Comentarios sobre este articulo. Comenta tu primero.

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    luis suarez machota 21 abril, 2020 a las 20:43 - Reply

    estimado Jose Manuel: No tengo el gusto de conocerle, pero interés en transmitirte mi conocimiento personal de Antonio Garcia Borrajo, al que conoci en septiembre de 1973, cuando me exile en Francia. Yo estaba procesado por TOP por propaganda ilegal y seguido por la brigada político social y preferí exilarme en Francia. Te abrevio pase la frontera en autobús de emigrantes y con un pasaporte falso que nadie me pidió al atravesar la frontera:: era por la noche, subio el policía y pregunto: » ¿algo que declarar?. Si dijeron la mayoría d elos viajeros: chorizos, quesos,… Buen viaje respondio el policía ( se trataba de líneas de autobuses regulares en diariamente viajaban miles de espoñoles emigrantes a parís y acaba en Holanda).

    ¡Bueno¡ cuando salí en 1973, tenia 23 año. En Paris un matrimonio de españoles ( un niño de la guerra el marido) me puso en contacto con los republicanos ya asentados en Paris y en concreto con Antonio Gacia Borrajo, este señor, el de la foto, sin duda, aunque ya mas mayor, me presento a la policía Francesa en la Comisaria Central de Paris , a través suya me fue fácil obtener el carnet de refugiado político que otorgaba la OFRA ( oficina francesa de refugiados y apátridas) , me dieron el pasaporte del OFRA, valido para todos los países menos España y estuve exilado, hasta el 14 de julio de 1976, en que volvi con uno de los doscientos pasaportes que Fraga dio a exilados políticos ( a mi se me dio porque en teoría estaba indultado por el primer indulto real, antes dela amnistía). Todo esto tiene su historia pequeña, algunos ha sido nombre conocidos y otros no, algunos fallecidos y alguno vivo.

    Yo me reintegre a la España del 76 y he hecho mi vida de abogado, donde sigo ejerciendo. De Francia guardo u recuerdo dual, pero les tengo que agradecer la beca que tuve que permitio obtener la licenciatura en derecho en la Sorbonne Panteon

    Pues bien, a mi Antonio Garcia Borrajo, me domicilio en su casa de YVRY Sur Seine, comi en su casa, me vi con el mas de unas cincuenta veces. Tenia entonces con otros españoles una empresa de construcion y como yo era abogado en aquel entonces ( tengo el numero 11.988 del ICAM), si bien en Paris me ganaba la vida de almacenero, tenia una preferencia en sus relaciones conmigo. En realidad yo era ( junto con otros) un joven español que ligaba aquellos viejos republicanos con la realidad de la España Interior, supongo que por eso para ellos, nosotros los jóvenes que estábamos en Paris por razones políticas ( Un centenar) eramos su proyección que les permitia alguna ilusión en su maltratada vida. Conocí a su hijo y a su hija ( supongo que hoy totalmente Franceses. Debe haber un millon de franceses de origen español, porque siempre hemos sido un pais de emigrantes.

    Antonio Garcia Borrajo me comento mas de una vez que montaramos juntos un despacho de abogados en Paris, dirigido a los españoles, algo utópico en dicho contexto pues mi dominio del francés, aunque culto, no me facilitaba la labor y como tu sabes lo fundamental para un abogado es su red de relaciones sociales.

    Si te puedo decir, que en su despacho el tenia los libros de derecho, códigos de derecho francés, y tenia una vocación por el derecho. Presidia ya entonces la liga de los derechos del Hombre y pertenecia a la masonería ( a mi me tuvo en la puerta de presentación), , me hablaba mucho de la FUE, aunque recuerdo que los avatares de su figura de aviador no era un tema de su conversación cotidiana.

    En resumen, conmigo se porto bien y le estoy agradecido.
    Por otro lado, si era abogado falsario, lo desconozco, pero juzgar hoy lo que hizo un persona republicana en una España franquista de los cincuenta, no creo que merezca el juicio tan severo de tus comentarios. Supongo que la necesidad y la persecución política a los de la «cascara amarga» que se decía en lenguaje franquista, pudieron impulsarle hacer ostentación de un titulo que no tenia. Sirvete de excusa que al final de la guerra y en la postqguerra se regalaron títulos de notarios, de magisterio, de profesor, etc Conviene pues y tu lo sabes como abogado, juzgar los hechos en sus circunstancias.
    Gracias por la atención prestada en esta tarde de confinamiento

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    Damian 23 abril, 2020 a las 14:40 - Reply

    Está claro que este axioma:” Podría esbozar unos renglones sobre esos referentes de determinadas ideologías que parecen ser los poseedores del progreso, la integridad y la superioridad moral de la izquierda y el resto o somos unos burgueses o unos “fachas”, pero no lo voy a hacer. Todos somos ya lo suficientemente inteligentes para sacar nuestras propias conclusiones.” no gusta, pero lo cierto es que tanto el título de este señor, como el de la señora Cifuentes y del señor Sánchez valen lo mismo: nada, han sido fruto del engaño y del plagio. Todo ello, presuntamente, por si viene ahora la censura de los bulos …, la que mete los cadáveres y plagios en los armarios y la que reescribirá su artículo Sr. Pradas. Enhorabuena por este y los anteriores artículos sobre ABOGADOS de todas las ideologias, sólo faltaba la unidad de pensamiento y verdad única de goebbels, de stalin, de mao y de chavez.

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    Luis Pozo 23 abril, 2020 a las 18:18 - Reply

    En relación al comentario del compañero, quiero opinar que creo que en ningún caso el autor, José Manuel Pradas, hace un juicio ideológico de Antonio García Borrajo, sino un sensato juicio crítico sobre una conducta, absolutamente reprochable, como es la de ejercer la profesión de abogado careciendo del título habilitante para ello. Somos precisamente los abogados, como conocedores del valor que tiene nuestra profesión para el ciudadano, quienes debemos ser los más rigurosos y exigentes críticos sobre estas conductas.

    No existe ideología alguna que justifique semejante conducta, ya que sólo pueden ser objeto de valoración, en su justa medida, aquellos estados de necesidad, siempre puntuales, que concurran en las personas actoras de dichos actos.

    Por ello, justificar conductas reprochables en una ideología es una manifestación de autoritarismo. El autor, en este caso, posiblemente por su generosidad intelectual, califica simplemente estas disculpas ideológicas, de superioridad moral, yo creo que es una muestra de intransigencia o simplemente de autoritarismo ideológico. Lamentablemente es muy común en España desde hace muchos años.

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    Miguel Hedilla 24 abril, 2020 a las 14:18 - Reply

    La verdad está por encima de las ideologías. No le caben interpretaciones, a no ser que sean interesadas, mal intencionadas y con fines propagandísticos. Lo que dice D. José Manuel Pradas es irrefutables porque está constatado con documentos. Es determinante la carta que recibe en 1951 D. Francisco Labrador del Sr. García Borrajo, en donde el mismo se califica de canallas y de haber engañado a todos.
    La utilización política del Sr. García Borrajo es un ejemplo de la supuesta superioridad moral de la izquierda, que no duda en falsear la historia para que lo que no es parezca que es. Enhorabuena Sr.Pradas por su artículo.

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    Enrique 25 abril, 2020 a las 19:04 - Reply

    En relación con el comentario del compañero, lo primero que yo entiendo es que este periódico se llama la Lawyer Press, es decir, traducido al castellano, prensa de abogados. Por otro lado la aportación del autor se titula la Huella de la Toga.

    Es decir parece ser que estamos en un medio de comunicación para abogados, en el que un autor comenta y nos ilustra con la pequeña biografía de alguien que, a lo largo de su vida, ha llevado la toga puesta, es decir ha ejercido con mayor o menos gloria, la profesión de abogado.

    Yo si entiendo la postura del autor. Estamos hablando de una persona que hizo frente a nuestra profesión una de las mayores afrentas que directamente se puede hacer contra ella. Y es decir que ese es abogado y ejercer como tal sin tener ni la habilitación, ni es de suponer los conocimientos suficientes, para poder ejercerla.

    El asunto no me parece baladí, y menos en un foro como este. Es una estafa, una canallada, en realidad, un delito contra nuestra profesión y contra la Sociedad. Y eso no tiene porque salvarlo ninguna otra actitud del delincuente en la vida. Nos acercaríamos sino a ese concepto, que conocemos absolutamente despreciable, de la actividad humana, consistente en que por un motivo de ideología política personal los actos que cometemos sean o no delitos.

    Me recuerda extraordinariamente el libro, basado en una realidad, QBvii, en el que un auténtico asesino de los campos de concentración de las SS es descubierto en lo anos 50 ejerciendo la medicina en los campos de refugiados palestinos. Debe ello librarle de su responsabilidad por los crímenes anteriores? La justicia Británica y yo pensamos que no.

    Algo, insisto, que para nuestra profesión es absolutamente insostenible. Me importa muy poco si sobre quien se escribe, ha sido o no un luchador, un represaliado, una malísima persona, o la madre Teresa de Calcuta. Es un individuo que robó la condición de abogado y ejerció y teatralizó en juicio la defensa de personas sin tener derecho a hacerlo. No hay más discusión.

    Es desgraciadamente la actitud del comentarista bastante extendida en cierto sector de la sociedad, que parece que la justicia o injusticia, no es por razón de los hechos cometidos, sino por la ideología política de quien los comete.

    Y creo que es primordial función de esta profesión, a la que con mayor o menor lustre, pero siempre con profesionalidad llevo tantos años dedicándome, defender la limpieza y trasparencia de nuestro esfuerzo por la aplicación de la Justicia, por muchas simpatías que nos pueda crear o no el delincuente.

    Un abrazo a todos

    Enrique.

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