Por una igualdad real entre hombres y mujeres – Entrevista a Susana Gisbert y María Gavilán

Publicado el miércoles, 10 marzo 2021

Escarlata Gutiérrez Mayo, Fiscal – No solo acusamos.

Con ocasión del día de la mujer este 8 de marzo he querido entrevistar a dos mujeres que son referente en la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres: Susana Gisbert y María Gavilán. Además, para mí ambas son un modelo que seguir tanto a nivel profesional como personal. Son grandes juristas, amigas y compañeras generosas.

Escarlata Gutiérrez MayoSusana Gisbert ingresó en la Carrera Fiscal en el año 1992. Ha formado parte de la Sección Especializada contra la Violencia de Género de la Fiscalía Provincial de Valencia desde su creación en 2005 y es la Fiscal Delegada contra los Delitos de Odio de dicha Fiscalía desde mayo de 2019. Ha pertenecido también a las secciones de Jurado, contra la criminalidad informática y de protección y tutela de las víctimas. Igualmente ha sido Portavoz de la Fiscalía Provincial de Valencia durante 11 años (desde junio de 2008 hasta mayo de 2019) y ha pertenecido a nuestro órgano electo, el Consejo Fiscal entre 1999 y 2000. Además de Fiscal es escritora de ficción, habiendo publicado varias novelas, la penúltima de ellas, No me obligues, en febrero de 2019 y la última su libro en la editorial Vinatea: “101 valencianas frente a mi espejo”.

Susana es referente en materia de comunicación, pues ha sido de las primeras en lanzarse a la labor divulgativa, a través de las redes sociales (@gisb_sus) y de su blog (conmitogaymistacones.com), abriendo el camino a muchos otros que vinimos después.

Por su parte, María Gavilán es Magistrada y profesora universitaria. Experta en Trata de Seres Humanos, participando en la formación de jueces y fiscales, así como fuerzas y cuerpos de seguridad tanto a nivel nacional como internacional en esta materia. Compareciente llamada a la subcomisión del Congreso de los Diputados del pacto de estado contra la violencia de género. Docente en diversos cursos para la formación de operadores jurídicos (abogados, procuradores, graduados sociales…). También es autora de diversos artículos doctrinales en revistas jurídicas especializadas.

Susana Gisbert y María Gavilán

Susana Gisbert y María Gavilán

PREGUNTAS a SUSANA GISBERT:

Pese a la igualdad formal existente, igualdad en la ley, ¿crees que siguen existiendo desigualdades reales entre hombre y mujeres en el ámbito laboral y en otras facetas? ¿Puedes ponernos algunos ejemplos?

Creo que siguen viéndose cada día. Son especialmente evidentes en materia de conciliación, o, mejor dicho, de corresponsabilidad. Las mujeres nos seguimos cargando con el peso de las tareas domésticas, y eso siempre es en desventaja respecto a nuestros compañeros varones que, haciendo el mismo trabajo, no tienen ese plus de dedicación de tiempo. Incluso en los casos de parejas que reparten las tareas, es la mujer la que se encarga de hacer ese reparto y de saber qué hace falta y cómo solucionarlo, sea la compre, los uniformes de las hijas e hijos o la llamada al fontanero o al antenista. En los colegios siempre se llama primero a la madre que al padre si el niño o niña se pone enfermo, y las reuniones están repletas de madres con muy pocos padres.

En el ámbito laboral tengo la sensación que a las mujeres, incluso en el mismo trabajo, se las valora menos. El hombre es brillante o excelente y la mujer es eficiente o expeditiva. Es ella quien coge mayoritariamente la excedencia para cuidado de hijos o mayores y, cuando es el hombre, suele ser porque el trabajo de ella no se lo permite. Y eso, por supuesto, hace que la promoción de las mujeres en el trabajo salga perjudicada.

Ha cambiado la ley, pero a las mentalidades aún les falta hacer camino para el cambio necesario

¿El mero transcurso del tiempo crees que sería suficiente para lograr la igualdad real?

Desde luego que no. El tiempo es un factor, pero si no va acompañado de evolución todavía estaríamos en las cavernas. Sin las mujeres que lucharon por nuestros derechos, por el sufragio femenino, por la equiparación salarial y por el acceso a cualquier profesión no tendríamos ahora esa igualdad formal de la que hablamos. El tiempo no hace sino consolidar esos logros, pero sin logros no hay consolidación posible por más tiempo que pase. Las cosas nunca vienen dadas, y para las mujeres todavía menos

¿Cuáles crees que son los pilares esenciales para remover esas desigualdades?

Creo que hay que vencer los estereotipos y actuar en consecuencia. Todavía pesa mucho el rol de la mujer como cuidadora y el del hombre como quien “trae el dinero a casa”. El mito del hombre cazador desde la Prehistoria sigue pesando, a pesar de que últimamente han aparecido estudios que prueban que también las mujeres cazaban. Hay que vencer la tendencia a considerar el papel de la mujer como secundario o decorativo que todavía arrastramos. Un claro ejemplo lo tenemos en el modo en que se configura la corona en nuestra Constitución, con la preferencia del hombre sobre la mujer para reinar.

La publicidad o los medios de comunicación tienen que hacer los deberes para no transmitir la imagen sexista que vemos con demasiada fr4ecuencia. Pero también nuestro lenguaje y nuestro comportamiento ha de adaptarse, aunque suponga un esfuerzo

Alguna vez has dicho que eres feminista, sin peros, ¿a qué te refieres con esa expresión y por qué crees necesaria la matización?

Fue en un artículo que escribí hace tiempo y que tuvo mucha repercusión donde afirmaba tal cosa, y podría seguir afirmándola. Desde algunos sectores, tiende a relacionarse el feminismo con la abolición de la femineidad, cuando nada tiene que ver. Se pude ser feminista y llevar tacones de a palmo, o no serlo y llevar mocasines. Lo importante es que la igualdad nos permite escoger qué calzado llevamos, si nos maquillamos o vamos con la cara lavada o si llevamos falda o pantalón, y esa igualdad es la que defiende el feminismo. Hay que eliminar ese estereotipo interesado y rancio que afirma que para ser feminista hay que descuidar nuestro aspecto. El feminismo defiende y valora las características femeninas, no pretende masculinizarnos.

También hay que superar las afirmaciones de quienes defienden que las “buenas” feministas eran las de antes, con Clara Campoamor y las sufragistas a la cabeza. Por descontado que son referentes y les debemos mucho, pero cada época tiene que luchar por los problemas de ese momento. Ojalá llegara un momento en que la igualdad fuera tan real que esa lucha no hiciera falta y celebraciones como el 8M fueran solo una conmemoración, no una jornada de necesaria reivindicación. Pero, por desgracia, todavía queda mucho que reivindicar.

Y, por supuesto, hay que desterrar el término “feminazis”. Aunque nos hayamos acostumbrado, por desgracia, alude a una realidad ominosa como es el nazismo y es absolutamente vergonzoso que se emplee, especialmente por quienes ostentan cargos representativos o de responsabilidad o tienen visibilidad pública,

 

PREGUNTAS a MARÍA GAVILÁN

¿Por qué la igualdad formal (en la ley) no conlleva necesariamente a la igualdad real?

La igualdad formal se contiene en la mayor parte de los textos constitucionales, y declaraciones de derechos humanos regionales o la declaración universal, y sin embargo vemos que esta igualdad no es real y efectiva: sigue existiendo violencia sufrida por mujeres y niñas por el mero hecho de ser mujeres y niñas, y siguen existiendo diferencias de trato y oportunidades para mujeres y niñas en aspectos políticos y sociales a lo largo del mundo. Así mismo en los países que denominamos “desarrollados” seguimos encontrándonos con un techo de cristal, es decir, la menor presencia de mujeres en cargos directivos y superiores, la desigualdad salarial…

La igualdad formal no conlleva a la igualdad real si no educamos a la sociedad de forma igualitaria, y elaboramos políticas para corregir la situación actual, políticas destinadas a la igualdad efectiva. Educación y políticas efectivas son en mi opinión dos de los pilares para llegar a esa anhelada igualdad efectiva.

El tercer pilar sin lugar a dudas es una justicia efectiva que permita el reconocimiento y protección de esa igualdad.

¿Cuáles son algunas manifestaciones de esa desigualdad?

Algunas de las manifestaciones de la desigualdad son la violencia de género: Desde 2003, 1082 hombres han matado a sus parejas o exparejas mujeres. Esto no se ha producido en sentido inverso. Hay otras manifestaciones de violencia contra las mujeres: violencia física, psicológica, sexual, la mutilación genital femenina, los matrimonios forzados y la trata de mujeres y niñas. Violencia que nos afecta de forma desproporcionada a las mujeres respecto a los hombres. Existe violencia de género porque no existe una sociedad igualitaria; la violencia de género se produce por el deseo de dominación del hombre sobre la mujer y la subordinación de las mismas, como dice mi admirada amiga Gloria Poyatos es la educación la mejor vacuna contra la violencia de género.

Otras de las manifestaciones son la desigualdad salarial, los techos de cristal. Hemos oído los penosos datos del desempleo hace pocos días y ponen de relieve la mayor precaridad de las mujeres también en este aspecto. Y no podemos olvidar que la precariedad económica acentúa la vulnerabilidad y la subordinación de las mujeres.

¿Consideras que la trata de seres humanos con fines de explotación sexual es una de esas manifestaciones de desigualdad?

Por supuesto. Me avalan los datos que facilita la UNODC (Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito), que determina que el 65% de las víctimas son mujeres y niñas en la trata en general (el dato se modificó a finales de 2020, anteriormente era el 71%). La trata de seres humanos con fines de explotación sexual supone un 50% de los casos identificados de trata en el mundo, y aquí si afecta de forma mucho mas desproporcionada a mujeres y niñas que son más de un 90% de las víctimas según la red de fiscales GLOACT.

Las causas de la explotación sexual son muy diversas pero sin lugar a dudas lo favorece la precariedad económica, y ya hemos visto que afecta de forma desproporcionada también a las mujeres, unida a una sociedad no igualitaria en la que alguien se crea con derecho a “comprar” o ”alquilar” a otro ser humano, en el 90% de los casos mujeres y niñas. Los seres humanos no se compran ni se alquilan, creo que es obvio, y quien lo hace lo efectúa movido por un sentimiento de dominación y abusando de la vulnerabilidad de esa persona, repito, en el 90% de los casos mujeres y niñas.

¿Cuáles serían las vías para erradicar la trata de seres humanos y otras formas de violencia contra las mujeres?

La primera vía sería una educación igualitaria y una educación en valores y respeto a los derechos humanos.

En segundo lugar políticas adecuadas para conseguir esa igualdad de forma efectiva, con igualdad de trato y de oportunidades.

En la violencia sexual considero fundamental que se suprima la necesidad de la denuncia de la víctima y sea un delito público perseguible de oficio.

En el caso concreto de la trata así mismo seguir reforzando la cooperación internacional e interinstitucional, y creo que ayudaría mucho el tratar la problemática de una forma integral, y por tanto dotarnos de una Ley Integral contra la Trata de Personas, así como imprescindible y urgente la tipificación del proxenetismo en todas sus formas y una definición penal de los conceptos de explotación.

Y también es fundamental reforzar la confianza de la ciudadanía en la justicia, pues es preocupante la cifra oscura: las mujeres tienen que saber que el aparato judicial se pone en marcha si piden ayuda, y que la judicatura, la fiscalía, las fuerzas y cuerpos de seguridad son profesionales y están para ayudarles. En los medios de comunicación salen los casos que no han salido bien, que son anecdóticos frente a la inmensa mayoría de ocasiones en que la justicia funciona. También es importante que seamos conscientes de que la violencia de género es un problema que nos afecta a todos y todas, a la sociedad, y que si detectamos un caso ajeno tenemos que denunciarlo, de no hacerlo nos hacemos un daño a la sociedad en general.

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