Por un nuevo marco de tributación global

Publicado el martes, 22 junio 2021

Beltrán Sánchez, Director Precios de Transferencia en Bové Montero y Asociados

Beltrán Sánchez

Beltrán Sánchez

La crisis de 2008 provocó un tsunami en las reglas de tributación internacional que atacó de un modo eficaz los instrumentos de planificación fiscal que se beneficiaban de incoherencia en las normas entre estados, además de otros vacíos legales. La mayoría de incoherencias o vacíos legales no eran errores en los sistemas tributarios estatales, sino ganchos comerciales pensados para atraer a compañías a tributar en sus territorios, tal y como hacen las empresas con los consumidores con sus ofertas.

Y es que pedirle a una compañía que no aprovechara estas normas vendría a ser como requerirle a un consumidor que desaproveche las ofertas tentadoras y lícitas del banco X, porque su entidad bancaria de siempre necesita ese dinero.

Las ingentes necesidades de fondos que se generaron después de aquella crisis financiera y económica causaron la implosión de todos estos mecanismos y estrategias comerciales y se alcanzó un entendimiento en materia de tributación internacional como pocas veces había ocurrido antes.

Por lo indicado y en el contexto de la reciente reunión del G7, hay una sensación de déjà vu. Y los estados, tras el gran esfuerzo hecho durante el último año y medio con el propósito de reducir los efectos económicos y sociales generados por la Covid-19, se enfrentan de nuevo a una gigantesca necesidad de recaudación de fondos.

La OCDE viene trabajando, desde hace unos años, en los llamados Pilares 1 y 2, que ya trataban de abordar estos mismos retos, aunque el avance ha sido muy lento. En tal contexto muchos países, España incluida, optaron por un impulso unilateral de sus llamados impuestos digitales como una fórmula distinta de dar respuesta al mismo problema.

No obstante, la última cumbre del G7 en Londres parece haber terminado con la falta de impulso y, en espera de lo que pueda acontecer en el G20 de principios de julio, ahora se percibe la voluntad clara de crear un nuevo marco de tributación internacional para las grandes multinacionales.

Los retos de implementación de la reforma son titánicos, aunque los cimientos ya están puestos: se aboga por una tributación mínima por país del 15% y por derechos de tributación sobre, al menos, el 20% del beneficio que exceda el 10% de margen en los países donde las compañías hagan negocio.

Si bien el primero de los puntos ha generado muchos más titulares, es en lo relativo a la segunda medida donde quizás sea necesaria una reforma de más calado –en particular, de la normativa sobre la que descansan los sistemas tributarios actuales para una aplicación de los principios marcados por el G7 con la suficiente seguridad jurídica– y donde más incógnitas surgen.

Los sistemas contables a los que someten sus cuentas las empresas no están armonizados al 100% en el plano internacional. Y a menudo ese margen al que se refiere el G7 no viene reflejado en los estados contables de las compañías que serán contribuyentes fiscales en un país determinado y deberá ser recalcularse con base en magnitudes diferentes a la tradicional contabilidad financiera.

Anticipar algo sobre la implementación de las medidas necesarias para generar este nuevo marco de tributación internacional es muy aventurado. Pero sí que habrá que estar ojo avizor a cómo se logra equilibrar la seguridad jurídica, la justa tributación y el conjunto de normativas y obligaciones que conforman el sistema tributario español.

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