Laila Essaguir Errouaiti, presidenta del Grupo de Abogados Jóvenes del Ilustre Colegio de Abogados de Málaga.

Laila Essaguir Errouaiti
Como abogada joven, conozco de primera mano las dificultades y obstáculos que nos podemos encontrar en esta profesión. La Abogacía en mi opinión, es una de las profesiones más bonitas del mundo, al igual que una de las más sacrificadas.
Si me preguntas sobre los principales problemas de la Abogacía Joven en particular, te diría que principalmente la precariedad laboral y la inexistencia de conciliación laboral y familiar.
Cuando hablo de precariedad laboral en la profesión me refiero, por un lado, a la problemática de los tan conocidos falsos autónomos que se colegian como profesionales por cuenta propia y en realidad prestan servicios para un despacho en condiciones de trabajador por cuenta ajena, pero sin contar con los beneficios de un asalariado.
Y, por otro lado, tenemos a los que sí prestan servicios en el marco de una relación laboral, que cuentan con un contrato laboral, pero se encuentran desarrollando la profesión bajo unas condiciones que no se ajustan a los estándares de cualquier trabajo si tenemos en cuenta el esfuerzo y tiempo invertido. En estos casos, se suma además la carente regulación de estas relaciones laborales, ya que ni tan siquiera existe un Convenio Colectivo propio de la Abogacía.
Mención a parte merecen los pasantes que trabajan con contratos de prácticas que algunas veces con suerte son remuneradas, y otras – mayoría de las situaciones – ni eso. Ni contrato en prácticas. Ni sueldo.
A estas dificultades hay que añadirle la inexistencia de medidas de conciliación de la vida familiar y profesional y la famosa desconexión, esta vez a todos los niveles. La falta de conciliación no discrimina entre letrados asalariados o autónomos. Se puede decir que tenemos nuestra propia pandemia, y para esta parece que no hay vacuna posible que la erradique.
A modo de ejemplo, en los casi cuatro años de mi ejercicio profesional no recuerdo ni un solo periodo de vacaciones en el que no haya tenido que atender consultas, llamadas, emails de clientes, así como notificaciones judiciales o administrativas. Los abogados y abogadas somos muñecos con pilas inagotables, tenemos que estar disponibles 24h al día de los 365 días al año, y sin tregua. Esto trae como consecuencia no disponer de tiempo de calidad para pasar con nuestra familia y seres queridos, ni para descansar como es debido. Tal es así, que cada vez tenemos más compañeros/as que padecen enfermedades graves fruto del estrés provocado por este ritmo que tenemos que soportar, que en muchas veces les cuesta la vida.
Y si este déficit de conciliación afecta a la abogacía en general, en la abogacía joven se acentúa aún más, ya que estás en tus inicios y tienes que dar el 200% para hacer tu hueco en un mercado en el que cada vez hay más competencia.
Resulta contradictorio pensar que precisamente aquéllos que luchamos por los derechos del resto de la sociedad, somos extremadamente negligentes con nuestros propios derechos. Una de las luchas eternas de la Abogacía Joven es precisamente acabar con estas lacras, que por desgracia están tan normalizadas en nuestra profesión.
En este sentido, es de vital importancia la lucha institucional que hacemos desde los Grupos de Abogados Jóvenes de los diferentes Colegios de Abogados de toda España, como la labor institucional a nivel regional y estatal. Por supuesto nuestros colegios luchan incansablemente, pero somos los jóvenes los que lo vivimos en nuestras carnes y los que conocemos de primera mano la realidad, por ello debemos ser impulsores y las voces activas en esas luchas y hacer todo el ruido que haga falta para ser escuchados.
Soy de las que sostiene, que criticar de forma constructiva es importante, pero más importante es ofrecer alternativas y realizar propuestas, por eso desde el Grupo de Abogados Jóvenes de Málaga que presido, junto a todos mis compañeros de la Junta Directiva, tenemos claro que si queremos cambio la única forma es tener una actitud activa, por ello estamos trabajando en la creación del Defensor del Abogado Joven, figura que ya existe en otras Agrupaciones de Jóvenes Abogados. Así mismo, siguiendo esta filosofía de acción, estamos trabajando en propuestas que llevaremos a instituciones de ámbito nacional y regional como la Confederación Española de Abogacía Joven (CEAJ) y la Federación Andaluza de Jóvenes Abogados (FADEJA), para llegar lo más lejos posible, no limitándonos únicamente al ámbito de nuestro Colegio, buscando siempre la unión que hace la fuerza para alcanzar nuestros objetivos defensa de la Abogacía Joven.
Aquello que nos queda por hacer, es mucho más de lo que hemos logrado
Tomando el testigo
Con la abogacía joven, mejor hoy que mañana
El horizonte de la abogacía joven
El indudable talento de la abogacía joven
Reflexionando sobre el futuro de la abogacía joven
La voz de la Abogacía Joven ha de contar desde hoy
La situación de la Abogacía Joven
Iuvenes dum sumus (mientras somos jóvenes)
La situación de los jóvenes abogados
La situación de la ABOGACÍA JOVEN