Beatriz Ferreres Folch, presidenta de la Agrupación de Jóvenes Abogados de Valencia

Beatriz Ferreres Folch
Cuando llega el momento de escribir sobre una efeméride como el “Día Internacional de la Abogacía Joven”, resulta inevitable para las Agrupaciones de Jóvenes Abogados de los muchos colegios del país sentir un sabor agridulce.
La parte agradable de conmemorar tan importante colectivo, la protagoniza la constatación de que, año tras año, día a día, sigue existiendo una inmensa pasión por el ejercicio profesional entre los jóvenes abogados. Y es que ser letrado, con todo lo que ello implica (tesón, sacrificio, estrés, sí; pero también satisfacción, ilusión y autorrealización) sigue siendo un orgullo para toda persona entre cuyos fines y vocación se halle el servicio público, la prevalencia de la justicia, la defensa del necesitado y el contribuir, con trabajo de biblioteca y trinchera, al avance y progreso de la sociedad.
En este sentido, es indudable que el idealismo propio de nuestro colectivo se complementa con el rigor y las fortalezas que confiere la profesión, creando un grupo de profesionales altamente cualificados y perfectamente capaces de superar la habitual carencia de experiencia durante los primeros años de vida laboral.
Sin embargo, es deber de esta Agrupación poner el acento del discurso en la parte más negativa, y aprovechar el altavoz de los medios de comunicación y las redes sociales para reivindicar, de nuevo, que el ejercicio de la abogacía por parte de nuestros jóvenes sea lo más digno posible.
En pleno 2021, perviven problemas que llevan lastrando a la abogacía joven desde hace mucho tiempo. Así, la precariedad del joven letrado se extiende a todos los ámbitos de la profesión, salvo muy contadas excepciones.
De este modo, ya se hable del abogado joven que, aventurero, decide ejercer por cuenta propia, ya se trate de quien inicia dicho ejercicio al servicio de otra persona o empresa, se repiten las siguientes carencias: salarios bajos y, en todo caso, no acordes al trabajo que se realiza; jornadas laborales maratonianas, que no solo impiden la tan necesaria conciliación, sino que llegan a invadir la vida personal del joven letrado hasta el punto de absorber los fines de semana, puentes, festivos y hasta las vacaciones; intrusismo; fomento de situaciones de falso autónomo, y contratos no acordes con la categoría de aquél que ejerce como auténtico profesional del derecho; sensación de desamparo ante las instituciones; y un largo etcétera. Estas y otras muchas situaciones, suponen, de hecho, la automática pérdida del prestigio de nuestra profesión.
En consecuencia, desde los poderes públicos, los Colegios de Abogados y las agrupaciones y asociaciones de jóvenes letrados, urge acometer una profunda revisión del escenario laboral que, lamentablemente, impera en general y, en particular en esta profesión, y que nos afecta a todos.
Así las cosas, la situación de los jóvenes abogados actualmente puede tildarse de retadora.
Hablamos de, probablemente, algunas de las generaciones de abogados mejor formadas. A los conocimientos eminentemente teóricos, cabe sumar una formación cada vez más práctica, tecnológica, constante y universal. Los jóvenes abogados salen de las universidades y los posgrados con plena capacidad para ejercer la profesión; amplio dominio de las aplicaciones informáticas que, seguro, marcarán el devenir de la Administración de Justicia y otros estamentos, así como de las herramientas LegalTech; idiomas que permiten ampliar el foco a relaciones jurídicas internacionales en un mundo indudablemente globalizado; familiaridad con los nuevos modelos de empresas, su constitución, gobierno, gestión; y, lo que es más importante, una empatía y sensibilidad adecuada a los tiempos que corren y que, con urgencia, requerían de nuevas conciencias en pro de la tolerancia, solidaridad y notoriedad en cuestiones de igualdad y diversidad de género, la citada conciliación, movilidad y accesibilidad, salud mental, inmigración… En resumen: respeto y consideración a los compañeros y a la sociedad, en general.
Definitivamente, los jóvenes abogados disponen de actitud y aptitud suficientes como para justificar un necesario cambio de paradigma, que a todo aquél que decide formarse y profesionalizarse en el Derecho le coloque en el lugar que le corresponde.
En el Día Internacional de la Abogacía Joven, alzamos nuestra voz por una mejora de las condiciones y estatus de un colectivo que, aun asumiendo las limitaciones inherentes a la edad, ostenta la capacidad y el aplomo necesarios para asumir la defensa de los intereses y derechos de quien solicite sus servicios, cumpliendo así con una importantísima misión en el seno de un estado democrático de Derecho.
Desde la Agrupación de Jóvenes Abogados del Ilustre Colegio de Abogados de Valencia, creemos (y sabemos) que lo mejor está por llegar y, juntos, nunca mejor dicho, lucharemos por hacer Justicia a esta bella profesión.
Feliz Día Internacional de la Abogacía Joven.
Aquello que nos queda por hacer, es mucho más de lo que hemos logrado
Tomando el testigo
Con la abogacía joven, mejor hoy que mañana
El horizonte de la abogacía joven
El indudable talento de la abogacía joven
Reflexionando sobre el futuro de la abogacía joven
La voz de la Abogacía Joven ha de contar desde hoy
La situación de la Abogacía Joven
Iuvenes dum sumus (mientras somos jóvenes)
La situación de los jóvenes abogados
La situación de la ABOGACÍA JOVEN
La vocación, un tortuoso placer.