Ernesto Manzano Luque, presidente del Grupo de Abogados Jóvenes del Ilustre Colegio de Abogados de Granada.

Ernesto Manzano Luque
El día 31 de octubre se celebra el día de la abogacía joven. Una buena excusa para interrumpir la marcha de un vehículo que ha hecho del exceso de velocidad un hábito, sentarse en el arcén y meditar sobre hacia dónde conduzco con tanta prisa y con tan poco tiempo.
A día de hoy estoy convencido de que el verdadero problema de ser abogado joven es que se es joven demasiado tiempo antes de ser abogado. Autónomo demasiado tiempo después de ser joven. O, peor aún, universitario demasiado tiempo antes de ser autónomo; sin que lo uno te prepare adecuadamente para lo otro en casi ninguno de los casos y, por supuesto, sin que sepas exactamente qué significa la palabra vocación antes de buscar apresuradamente la que crees que es la tuya.
Créeme lector, quizá compañero, que no quiero ser pesimista. Pero de tanto en tanto nos dan voz, con ocasión de un día señalado esta vez, y resulta obligado aprovecharlo para contarte mi opinión sobre qué es ser abogado. Serlo de verdad.
Si estas por incorporarte a este mundillo, el mío, el nuestro si así lo decides, vas a oír mil consejos, algunos de ellos de quién vive de darlos pero no de la abogacía. Como en todo sector, es más fácil ser el arbitro que meter goles.
Mi consejo, el 1001, es que te obligues a que sea la vocación lo que te guíe. Pero no sólo a ser abogado, sino a decidir qué tipo de abogado quieres ser o incluso a no serlo si así te lo dictase esta última. Créeme si te digo que cuando decides escribir tu vida con tu propio trazo la vocación es el mejor dictado.
No es sólo un tópico, es cierto que de hacer lo que te gusta surge la energía necesaria para pelear debidamente por ello. Ese convencimiento otorga arrojo al tímido, perseverancia al holgazán o beligerancia al indolente. Sé exactamente lo que es porque he identificado perfectamente las veces que me he dicho a mi mismo “por esto me hice abogado”. Esa sensación de plenitud, breve pero intensa, es atributo exclusivo de quién ha elegido lo que hace porque es feliz haciéndolo.
Pero bajemos al mundo, te pondré un ejemplo concreto. Hace un tiempo, no importa cuanto, atendí un cliente en prisión provisional por un delito especialmente reprensible moral y jurídicamente.
El juez que lo juzgará en su día nunca se enterará de ello, pero el hombre de cincuenta y tantos que me escuchaba al otro lado de la vitrina que separa al abogado del cliente no podía contener las lágrimas (ese tipo de lágrimas que no se fingen) mientras le contaba lo que me afirmaba no recordar haber hecho. Se estaba enterando mientras le leía el atestado, lo que me obligaba a ir parando casi a cada frase. Al parecer, la mala combinación entre una patología clínica diagnosticada y el consumo sustancias podían estar detrás de la irracionalidad de los hechos por los que se le enjuiciará.
Sé que “no lo recuerdo” es una frase demasiado común y por ello de denostada aptitud para despertar la empatía de nadie con facilidad, no me creas iluso. Pero insisto, hay cosas demasiado subjetivas, demasiado abstractas, que no pueden fingirse o muy difícilmente.
Qué exista una solución justa y que estés colocado en la posición que te hace útil para conseguirla es lo que te hace ser abogado, lo que despierta tu vocación por serlo. Es de eso de lo que estábamos hablando un par de párrafos atrás.
Podrán cambiar o no tus condiciones laborales, tu miedo a actuar en sala, tu nivel de estrés, tu forma de organizarte o el tiempo que dedicas a tu vida o a tu familia, fácil o difícil pero todo ello tiene arreglo. Por el contrario, la vocación no se trabaja, surge o no, está o no está y no se entrena.
Por tanto, en definitiva, el consejo que me tomo la libertad de darte es que te entregues a la abogacía si es tu vocación, o que tengas el valor de huir de ella a tiempo si no te gusta. Haz lo que te guste, punto. Ahora bien, si la abogacía es tu vocación y te has dado la oportunidad de descubrirlo te aseguro que serás feliz con el camino que has elegido, al menos yo así lo creo.
Feliz día del abogado joven si me lees, compañero.
Aquello que nos queda por hacer, es mucho más de lo que hemos logrado
Tomando el testigo
Con la abogacía joven, mejor hoy que mañana
El horizonte de la abogacía joven
El indudable talento de la abogacía joven
Reflexionando sobre el futuro de la abogacía joven
La voz de la Abogacía Joven ha de contar desde hoy
La situación de la Abogacía Joven
Iuvenes dum sumus (mientras somos jóvenes)
La situación de los jóvenes abogados
La situación de la ABOGACÍA JOVEN
La vocación, un tortuoso placer.