José Manuel Pradas – La Huella de la toga (segunda temporada)
En la primera parte, ya publicada, me he referido al procedimiento de depuración, cuándo se inició, en qué consistía básicamente y cuándo finalizó, con una pequeña referencia a lo que sucedía en el supuesto de no ser depurado favorablemente.
El documento con el que se iniciaba el procedimiento era un impreso en folio doble que habitualmente servía de carpetilla para contener los papeles, carnets y documentos que se podían acompañar al expediente, y que contenía las quince preguntas fatídicas que debía contestar el colegiado, siendo la primera una sencilla identificación del solicitante y manifestar en qué situación se encontraba el 18 de julio y, si estaba dado de alta en el ejercicio profesional, qué cargo desempeñaba.
Las preguntas se sucedían a continuación y van a ser transcritas al pie de la letra.
2.- Si prestó adhesión al Movimiento Nacional: fecha y forma en que lo efectuó.
Lo más frecuente era una respuesta negativa, ya que en muchos casos el afectado estaba en Madrid, donde el golpe de Estado fracasó, por lo que, según afirmaban muchos, no había forma humana de poderlo hacer.
Pero también, por contra, a muchos otros colegiados, siendo ya verano, les sorprendió en la zona donde triunfó el golpe desde los primeros momentos, lo que aprovecharon para afirmar su adhesión al llamado bando nacional desde el inicio.
3.- Si prestó adhesión al Gobierno Marxista, a alguno de los autónomos que de él dependían, o a Autoridades rojas con posterioridad al 18 de julio de 1936; en qué fechas y en qué circunstancias.
Como fácilmente se podrá uno imaginar, la respuesta general era un rotundo NO y si no era así, se intentaba rebajar el tono afirmando que no se había tenido más remedio o que, siendo funcionario o similar, se le había obligado a declarar su lealtad al Gobierno de la República.
4.- Servicios prestados desde el 18 de julio de 1936, indicando especialmente los destinos, tanto en el Colegio, como en otros Cuerpos: los ascensos que hubiera obtenido, especificando las circunstancias que concurrían y causas de las vacantes.
Esta pregunta se prestaba a respuestas que podían ser emitidas, por así decirlo, desde los dos bandos. Tan pronto se podía haber pasado la guerra como teniente fiscal en alguna división del ejército nacional, o como juez en algún tribunal de espionaje en la España republicana.
Respecto al especial hincapié que se hacía sobre otros destinos y ascensos, quiero pensar que obedece la pegunta a que, en muchos casos, abogados ocuparon plazas de fiscales, jueces o magistrados, incluso en el Tribunal Supremo y otros de carácter especial, debido, básicamente, a la perentoria necesidad de cubrir vacantes por causas variadísimas.
5.- Servicios prestados en favor del Movimiento Nacional. Por cuánto tiempo y por qué motivos.
Aquellos que pasaron la guerra en el Madrid leal a la República, curiosamente, afirmaban que su principal servicio fue el difundir bulos y noticias tendentes a disminuir la moral de la población.
En muchos otros casos decían que ninguno, por estar escondidos toda la guerra para evitar ser detenidos o “paseados”.
Los que habían pasado la guerra en el lado rebelde o nacional relataban sin miedo sus actuaciones, que en muchos casos eran como oficiales del Cuerpo Jurídico.
6.- ¿Ejerció la profesión durante la dominación roja? ¿Ante que Tribunales y en qué clase de asuntos?
No fue, por lo que tengo estudiado, muy frecuente el ejercicio de la profesión. Generalmente se hacía alusión a asuntos antiguos, anteriores a la guerra, y en bastantes casos se intentaba afirmar que se llevaba la defensa -no sé por qué razón casi siempre con éxito, según decían- de personas que eran acusadas de desafección al régimen republicano en los llamados tribunales de urgencia.
7.- Que volumen de ingresos ha obtenido desde Julio de 1936, hasta Marzo de 1939.
Las cantidades siempre eran modestas. Muchas veces se había sobrevivido gracias a la ayuda de préstamos familiares o de amigos. Algo distinto ocurría en el caso de los geográficamente localizados en la zona nacional e incorporados, en muchos casos, al ejército como oficiales.
8.- Indique con medios económicos ha vivido en dicho lapso de tiempo. (sic)
Sirve lo dicho para la anterior cuestión.
9.- Partidos políticos y entidades sindicales a que ha estado afiliado, indicando fecha de su afiliación y en su caso del cese; cotizaciones voluntarias o forzosas en favor de partidos, entidades sindicales, o Gobierno que haya realizado, incluyendo en ella los hechos a favor del socorro Rojo internacional, Amigos de Rusia o entidades análogas.
Por regla general, se ponía énfasis en la afiliación a partidos de la derecha, como Acción Española, Partido Agrario o la CEDA y, después de las elecciones de febrero del 36, a Falange Española. Respecto a sindicatos, estar afiliado a alguno equivalía a una especie de salvoconducto, por lo que muchos se afiliaron -generalmente a la CNT-; también se intentaba obtener dicha afiliación para conseguir un pasaporte y poder pasar la frontera con Francia.
10.- Si pertenece o ha pertenecido a la Masonería, grado alcanzado en ella, y cargos que hubiere ejercido.
La respuesta solía ser un lacónico NO. En algunos casos, tengo visto que, a pesar de negarlo, se detectaba posteriormente una conexión con la masonería, en cuyo caso, el expediente empezaba a engordar, librándose oficios al Tribunal de Represión de la Masonería, aunque generalmente el afectado alegaba que era una especie de “pecadillo de juventud” y que había abandonado la logia casi acto seguido después de haber ingresado.
11.- Ha residido en el extranjero o en población dominada por el enemigo, ¿qué tentativas hizo para salir? ¿Recibió algún auxilio? ¿De quién?
En este caso es donde normalmente se recogen los testimonios de quienes se refugiaron en distintas embajadas, y se relatan los intentos para pasar a la denominada zona nacional -en algunos casos coronados con éxito- o la obtención de un pasaporte para salir al extranjero.
12.- Nombres de personas destacadas como izquierdistas de su departamento y oficinas del mismo o de fuera.
Como norma, la mayoría de los declarantes daban una respuesta genérica. Se decía también, en otros casos, que los abogados izquierdistas eran por todos conocidos y que, por eso, no era necesario facilitar nombres. En un menor número de casos se citaba a algunos, que solían ser siempre los mismos nombres.
13.- Si formó parte de algún batallón de Milicianos, o de algún servicio especial de incautación, o Tribunales u otros de persecución a elementos de derecha.
También aquí, generalmente, se contestaba negativamente.
14.- Nombre de personas que confirmen sus manifestaciones (por lo menos dos) y sus domicilios.
Se hacía escribir los nombres de los avalistas del declarante quienes, generalmente, después eran contrastados por el ponente o, en otros casos, se aportaba ya directamente la declaración con el aval. Siendo como eran todos abogados, se intentaba aportar los nombres de aquellos que mayor rasgo de verosimilitud podían tener a priori (miembros de la Junta, militares de alta graduación o miembros del clero).
15.- Presentación de prueba documental que obre en su poder (pasaporte, certificados, cartas, carnets, bajas o altas en centros Nacionales del enemigo, etc.)
En este caso, era variadísima la aportación de documentos: desde carnets sindicales, hasta oficios del Colegio expulsándolo por haber firmado un manifiesto condenando el asesinato de Calvo Sotelo, etcétera.
Con esta pregunta terminaba el cuestionario; a continuación, se fechaba y firmaba el documento y, en la parte inferior de la última página del cuadernillo, se hacía la siguiente advertencia, remarcada en negrilla: “NOTA.- La Ley de 10 de febrero de 1939, que establece la depuración de funcionarios, previene en su art. 12: que las falsedades en las declaraciones juradas o la omisión en ellas de hechos esenciales se sancionarán con la separación del servicio.”
De esta manera, se equiparaba al colegiado con cualquier otro funcionario público de la categoría que fuese.
Creo que un estudio en profundidad de las depuraciones en el ICAM merece la pena -desde luego también en cualquier otro colegio, y desde aquí queda lanzado el reto a los señores decanos que puedan leer esto- y no descarto yo realizarlo. Llevo estudiados más de doscientos documentos de depuración, por lo que sus intríngulis y las diversas actitudes con que se enfrentan a él los compañeros, los tengo ya desentrañados, aunque cada poco surge alguna sorpresa.
Las sensaciones que te deja el hecho de leerlos son de lo más variadas; pena por lo que muchos han padecido; rabia al ver cómo se destapaban las vilezas y vergüenzas humanas del lado que fueran; sonrisas cómplices al poder contrastar -con el conocimiento que te da el saber la verdad por el paso de los años- las mentiras o “mentirijillas” que algunos se atrevían a decir. Pero, también, una gran solidaridad con el miedo con que más de uno debía afrontar el impreso y rellenarlo. No debía ser fácil.
¿Qué habría puesto yo? Pues no lo sé. Dependería de las circunstancias que me hubiesen tocado vivir. También es posible que no hubiera llegado vivo ni al inicio de nuestra guerra civil ni al final.
Puedo asegurar al lector que, te plantes como te plantes ante escritos así, su lectura no te deja indiferente.
Publico aquí como testimonio gráfico la segunda parte del expediente de depuración del decano Antonio Pedrol Rius



