Maria Mercedes Vazquez Cortes, Presidenta sección Penal AMAFI
¿Quién dijo que las herencias son solo un asunto civil?
La abogada penalista Raquel Vega Suso ha puesto sobre la mesa una realidad inquietante: el fraude hereditario es hoy una forma de criminalidad silenciosa, sofisticada y repartida en dos tiempos. Primero se manipula al mayor vulnerable. Después, ya fallecido, se manipula su herencia.
El fraude hereditario, es un fenómeno que combina manipulación emocional, engaños y delitos que pueden comenzar mucho antes de que alguien fallezca.
En el V Congreso AMAFI, Vega habló claro:“El fraude sucesorio es pluriofensivo: ataca la libertad del causante, el patrimonio y la seguridad jurídica.”
Los delitos empiezan antes del fallecimiento —con engaños, coacciones o abusos sobre personas mayores— y continúan después —con falsedades, apropiaciones y maniobras para vaciar la herencia—. En este último caso, la víctima final no es una persona: es la herencia yacente y aquí ya no es de aplicación la excusa absolutoria que ,ideada para mantener la paz familiar, despenaliza delitos patrimoniales cometidos entre familiares .
Pero lo más sorprendente es que la ley, tradicionalmente pensada para conflictos familiares, no estaba preparada para este fenómeno. La reciente jurisprudencia ya lo confirma: no hay excusa familiar posible cuando se defrauda a la herencia. Y las consecuencias son demoledoras: restitución, indemnización e incluso la expulsión del heredero indigno.
La prueba es la clave , ya que detectar el fraude no es sencillo .Por eso, Vega insiste en la importancia de la prueba: informes médicos o neuropsicológicos, mensajes o llamadas que demuestren presiones, registros bancarios, o testigos que hayan visto aislamiento o manipulación. Todo ello permite demostrar si una persona actuó libremente o si su voluntad estaba anulada.
Vega propone medidas inéditas: un registro de poderes con alerta por vulnerabilidad, pericia médica obligatoria para impugnar testamentos y penas agravadas para albaceas y administradores que traicionen su deber. Su mensaje final es tan sencillo como alarmante:
Si la sociedad no protege a sus mayores, los delitos sucesorios seguirán creciendo. La clave está en detectar a tiempo el fraude y reforzar la prueba científica.
