A
nivel
nacional
el
año
que
acabamos
de
terminar
nos
dejó
una
Ley
de
Mediación
civil
y
mercantil
y
los
primeros
borradores
que
la
desarrollarán
(asumiendo
que
la
ley
es
mejorable
y
que
previsiblemente
la
regulación
también
lo
será).
Igualmente
en
los
albores
de
ese
mismo
año
la
Federación
Nacional
Asociaciones
y
Profesionales
de
la
Mediación
nos
aportó
el
Código
Deontológico
de
los
mediadores.
Con
su
corpus
legislativo
y su
marco
deontológico
propios
parecería
que
la
mediación
puede
ser
tomada
como
una
profesión
en
sí
misma,
la
del
Mediador,
distinguiéndose
del
psicólogo,
abogado,
trabajador
social
y
profesiones
afines.
¿Será
cierto?
Por
momentos
parecería
que
han
dejado
un
pastel
en
la
puerta
de
un
colegio
a la
hora
de
la
salida
y
que
los
niños
se
han
abalanzado
sobre
él
para
ver
quién
se
lleva
mayor
tajada.
Me
da
miedo
ofrecer
una
respuesta.
Cantos
de
sirena
suenan
al
decir
que
la
mediación
ayudaría
a
resolver,
en
parte,
el
colapso
judicial
en
el
que
nos
encontramos.
Cantos
de
sirena
siguen
sonando
al
ofrecer
a la
opinión
pública
una
soberana
confusión
de
términos
al
que
al
final
le
colocamos
la
etiqueta
de
“mediación”
a:
arbitraje,
negociación,
orientación,
intermediación,
intervención,
coaching,
...
Cantos
de
sirena
que
no
llevan
más
que
al
callejón
sin
salida
que
ya
hemos
vivido
en
otras
profesiones.
La
mediación
no
es
una
moda
pasajera
y
una
percha
sobre
la
que
colgar
todo
lo
que
se
nos
ocurra
relacionado
con
los
conflictos
y el
crecimiento
personal
y
social.
Abramos
los
ojos.
La
mediación
no
es
una
mera
técnica
de
resolución
de
conflictos.
La
mediación
es y
debe
ser
aceptada
como
una
profesión
prosocial
que
sirve
a la
sociedad,
pero
no
ayudando
y
"reparando"
a
las
personas
sino
rescatándolas
individualmente
en
su
conflicto.
Sinceramente
creo
que
un
día
como
el
de
hoy
nos
tiene
que
hacer
reflexionar
sobre
la
necesidad
de
afrontar
nuestros
conflictos
desde
una
nueva
perspectiva,
de
forma
humana
y
sana.
Alfonso Fabregat Rosas, Mediador, Miembro del equipo de Acuerdo Justo