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Decir que no corren buenos tiempos no resulta precisamente original. Desgraciadamente, tampoco resultan originales las portadas de los medios de comunicación cuando nos abofetean con el enésimo escándalo, o nos anuncia la cuadragésima medida que tiene como fin salir de la maldita crisis a costa de acabar con los derechos sociales o incluso la dignidad de los ciudadanos. A mi ya no me preocupa tanto los mil y un insultos que semanalmente recibimos los ciudadanos de boca y acción de esos falsos líderes que nos representan. Lo que me empieza a preocupar, y de verdad, es el sentimiento de resignación y desilusión que esta empezando asentarse en la sociedad. Hoy es difícil dar con alguien que pueda decir sin titubeara que confía en nuestro sistema de Justicia, nuestros políticos o, incluso, en la dirección que toma nuestra monarquía. La sensación de que “todo huele a podrido” empieza a ser casi generalizada. Leer un periódico o echar un vistazo a cualquier telediario supone acabar con un fastidioso sentimiento de desesperación. Como ciudadano, acongoja abrir los ojos y ser testigo de la tragedia de millones de personas que se encuentran acechadas por el drama del paro, los desahucios o la incompetencia de un sistema que permite que cualquier necio pueda enriquecerse a costa del empobrecimiento de millones de personas, las cuales tan sólo han cometido el delito de no conocer al portero del señor “X” o no tener un primo que trabaje con el señor ”Y”, garantías más que suficientes en este país para se le conceda un favor, bien en forma de sobre o de enchufe de por vida con nómina blindada. Esto que esta pasando hoy en España supone el caldo de cultivo perfecto para que cualquier día alguien decida aprovecharse de ese sentimiento que inunda a la sociedad. La historia nos ha enseñado como determinados escenarios resultan proclives para el desarrollo de según que ideas. Alguien tiene que abrir los ojos y darse cuenta de lo peligroso que puede ser que una sociedad pierda sus referentes o que los valores sobre los que se construye un sistema democrático dejen de tener sentido. Nadie parece querer darse cuenta de ello, ni tampoco aceptar su parte de responsabilidad. Ningunear al ciudadano, hacer uso de las herramientas democráticas de forma antidemocrática, quebrar la confianza en el sistema legal por un uso politizado del mismo o dejar de responder a las necesidades reales de los ciudadanos, son situaciones que ya se han dado a lo largo de la historia y de las cuales, también sabemos como terminaron resolviéndose. Juan José de Lanuza Torres, Psicólogo Forense y perito judicial, Gabinete de Psicología Clínico-Forense EASO
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