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Las razones del bajo coste económico de la mediación de conflictos
MADRID, 16 de MARZO de 2013 - LAWYERPRESS

Por Alfonso Fabregat, Mediador. Miembro del equipo de Acuerdo Justo

El pasado 24 de enero muchos portales digitales se hicieron eco del titular que saltó a la prensa durante el Congreso sobre mediación en el ámbito de los seguros que tuvo lugar en Barcelona. Para el Banco Mundial, tal y como se destacaba, la mediación es un 76% más barata que la justicia ordinaria. Según nos informaron, en dicho congreso se defendió, con gran acierto sea dicho de paso, que la mediación permitiría un ahorro sustancial en el coste y la duración de los litigios.

El titular es cierto, claro que sí. Cae por su propio peso que es más barato acudir a un solo mediador que activar un proceso judicial en el que intervienen (como mínimo) dos abogados, dos procuradores, un fiscal, un secretario judicial y un juez. En el proceso normal de mediación intervienen las partes y el mediador, basta (aunque en algunos casos pueden intervenir co-mediadores y/o terceros expertos). ¡Blanco y en botella! Sin embargo no perdamos pie de tierra. Ello me hizo recordar un encuentro con una novel mediadora que planteaba que estamos hablando de modelos de intervención completamente distintos, lo que implica lógicamente costos muy distintos.

En aquella conversación dicha colega mediadora, abogada en origen, me comentaba que eso de cargar las tintas con que el proceso judicial es más caro y que los abogados son caros no es del todo correcto. Me pareció que lo que decia tenía un alto grado de sentido común y luego de darle un par de vueltas en la cabeza creo sinceramente que tiene razón ya que la labor del mediador, la del abogado y del juez son distintas, con metodologías distintas, que implican a gente distinta aunque algunos temas puedan ser los mismos. Creo que es importante que reflexionemos y maticemos sobre el titular aportado por el Banco Mundial para que evitemos las falacias fáciles y equivoquemos el auténtico sentido de la mediación.

Hecha esa primera y sencilla reflexión, quisiera centrarme en lo que para mí justifica los bajos costes económicos de mediación de conflictos, que evidentemente repercutirán en la construcción de una sociedad más pacífica y dialogante. Será entonces cuando seremos capaces de mirar de frente a la mediación, la reconoceremos en su esencia y dejaremos de lado la vaguedad en el uso de su nombre para justificar cualquier tipo de intervención.

A mi entender hay dos elementos imprescindibles para alcanzar el bajo coste que se le atribuye a la mediación de conflictos:

- Cambio de paradigma: “La dinámica que puede explicar el fracaso o el éxito de una pareja es la misma para las empresas; y el paradigma ha cambiado: hasta ahora el mayor valor era el control, y ahora es la confianza.” (Dolan) ¡Premio! Cambiado el paradigma de las relaciones, es necesario que cambiemos el paradigma de la resolución de los conflictos que surgen en dichas relaciones. Es la base de todo el proceso. El coste de la confianza en la posibilidad de alcanzar un acuerdo beneficioso para las partes es mucho menor que enfrentarse en la dura pelea legal en la que al final todos perdemos.
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- Es evidente que ese cambio de paradigma es necesario en cualquier estamento civil y mercantil que por sí mismo no llegará. Señores, el conflicto no es el enemigo a batir en la mediación. La misión del mediador no se reduce a facilitar la resolución de los conflictos de las partes que acuden al proceso de mediación, sino que ante todo sirve a la sociedad rescatando individualmente a cada persona en su conflicto. Cuando nos limitamos a enfrentar el conflicto, se gana o se pierde. Pero si se cambia el paradigma de intervención puedo garantizar que siempre se gana. Es hora de creer en la mediación, de dejar a un lado las palabras huecas, de evitar que sean otros con poca ética y vaguedades los que ocupen el espacio del mediador y bajar a la realidad lo que estamos viendo que comporta un enorme beneficio.

- Profundidad en la formación: Si nos atrevemos a cambiar el paradigma empecemos rechazando los mayores enemigos que podemos encontrar en ese camino, la indiferencia y la mediocridad. La mediación aporta una gran innovación, “pero la innovación y la estupidez están muy cerca, porque para innovar hay que pensar diferente y puede que te tomen por imbécil. Europa, por más que lo intenta, no es innovadora, le falta tolerancia al fracaso.
- Y sin confianza, la innovación no funciona, la jerarquía no consigue innovación” (Dolan). Por lo que parece, el camino legislativo emprendido nos lleva por derroteros poco innovadores ya recorridos anteriormente. Abramos los ojos y no nos dejemos arrastrar al camino fácil, aquel que dice llegar pronto pero que lo único que hace es desviarnos y llevarnos a cualquier parte que no es mediación. Un buen ejercicio de la mediación exige una formación específica. A nuestros legisladores tenemos que hacerles ver la conveniencia de un sistema de formación exigente que sea abierto e innovador.
 


 
 

 

 






 



 

 
 

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