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LP emprende - especial: Reforma laboral y los Tribunales

 

 

Jueces y reforma laboral: Urge delimitar qué materias deben someterse al arbitrio judicial y cuáles no
MADRID, 15 de NOVIEMBRE de 2013 - LAWYERPRESS

Por Fernando Vizcaíno de Sas, socio director área laboral Jiménez de Parga Abogados

Fernando Vizcaíno de Sas, socio director área laboral Jiménez de Parga AbogadosCuando leía en mi juventud los tebeos de Lucky Lucke sobre el juez Roy Bean ("la ley al Oeste del Pecos"), tenía una imagen idílica de seres que impartían justicia, algo tosca en el caso del juez Bean, y hacían del “ius suum cuique tribuendi” lo esencial de su vida.
Estudié la carrera y empecé a convivir con los jueces, entre los que me precio de tener grandes amigos, y a tratar con los magistrados que después llamamos “de pata negra”, que en la jurisdicción laboral eran juzgadores cercanos, profesionales e intentaban ser objetivos en aplicar la ingente y dispersa legislación laboral de los años 80 y 90 en España.
Creo que fue la “Reforma Múgica” la que introdujo el acceso a la judicatura a través del conocido como “Cuarto Turno” y vi como compañeros de los juzgados, preferentemente de las filas sindicales, accedían a ser jueces como vocación que tenían oculta y hoy plagan los juzgados y tribunales. De hecho un solo dato es significativo tanto el actual Presidente del Consejo, como el Presidente del Tribunal Constitucional, de la Sala de lo Social de la Audiencia y de la mayor parte de salas de lo social de los Tribunales Superiores de Justicia son “laboralistas”.
Nunca entendí que alguien que había militado, por ejemplo, en las filas de Comisiones Obreras y se convirtiera en juez tuviese la objetividad y alejamiento necesarios para no fallar siempre en la misma dirección, es decir, a favor de los trabajadores otrora sus clientes. Es verdad que ejemplos hay de que esto no es así y es posible sentencias justas y objetivas, pero mayoritariamente al grito del “indubio pro operario” se ha ganado la jurisdicción social la fama de que la empresa nunca gana y es imposible le den la razón en la mayoría de los casos.
Siempre nos quejábamos los que defendíamos a empresas primordialmente, que la pelea era desigual y llegabas al juicio con un desequilibrio en el ánimo del juzgador importante. No digo yo que con jueces únicamente de carrera no pudiera pasar lo mismo, me limito a destacar la sensación que manifestábamos continuamente en las postrimerías de los años 90 y al principio de este siglo.
Por eso siempre se oían voces que pedían, dentro del respeto a la libertad judicial y a la necesaria independencia de este poder democrático, se intentara limitar la preminencia judicial en el ámbito social del derecho.
Decía Francis Bacon que “…Los jueces deben recordar que su misión es jus dicere, y no jus dare: interpretar a ley, y no hacerla o dictarla." Brillante aserto que no deberíamos olvidar los que participamos en el mundo jurídico y, menos aún, los que lo hacemos en la jurisdicción social.
Es verdad que el exceso puede llevar a lo radical del Profesor Inglés Benjamin Whichcote, celebre puritano que gritó aquello de: “El juez no es otra cosa que el vocero de la ley…”, pero sinceramente prefiero eso al libre albedrío en hacer de su capa un sayo y de la ley un instrumento ineficaz a sus fines.
No olvidemos que la ley es cada una de las normas o preceptos de obligado cumplimiento que una autoridad establece para regular, obligar o prohibir una cosa, generalmente en consonancia con la justicia y la ética y que, en un régimen constitucional, es una disposición votada por un órgano legislativo. Su interpretación es cierto que corresponde a jueces y tribunales, llegando al órgano máximo de vigilancia del Estado de Derecho que debe ser el Tribunal Constitucional, pero su interpretación no su modificación o alteración sustancial.
Llegó al Reforma Laboral de la Ministra “valiente” y supuso el cambio radical, un nuevo orden en las relaciones laborales y puso fin a muchas cosas, como los automatismos en las condiciones legales y la primacía de un convenio colectivo inamovible y eterno. Pero, ya lo denuncié en su momento, daba una extraordinaria fuerza a las resoluciones judiciales y a los jueces a quienes convertía en decisores de los temas más “calientes” de la Reforma.
En la carrera hasta el estudiante más novato, se aprende lo de “excusatio non petita acusacio manifiesta” y por eso me preocupa que el Presidente de la Sala de lo Social del Supremo, a quien considero un gran jurista y mejor amigo, haya tenido que declarar que "la norma es la que es y que los juzgados se limitan a interpretarla, por lo que no es cierto que haya una voluntad de la sala de lo Social del Supremo de tumbar la reforma laboral ni de ensalzarla".
¿Tumbarla?¿Ensalzarla? ¿Por qué no nos limitamos a aplicarla? Esa idea de que los jueces son alguien para corregir la política del Ministerio de Empleo en materia laboral o alterar lo que empresarios y trabajadores deciden pactar, es aberrante.
Urge ya la reforma de la Reforma y delimitar qué materias pueden quedar sometidas al arbitrio judicial y cuales no (por ejemplo, vuelvo a decirlo, salvo caso de quebranto de Derechos Fundamentales un ERE pactado) y determinar el sentido en el que la Ley debe entenderse de obligado cumplimiento.
Lo que ha ocurrido con el ERE de Canal 9 es un ejemplo de que una decisión judicial, sea correcta o mala de solemnidad, no puede inmiscuirse en la vida de las empresas sin grave riesgo de un quebranto de tal naturaleza que suponga volver a la inseguridad jurídica más propia de otros tiempos en nuestras leyes laborales.
Quiero jueces que juzguen en Derecho. Que apliquen e interpreten las leyes sin salirse de ellas y que no se crean inspiradores de la doctrina social pensante. Para eso que se dediquen a la cátedra o que se presenten a diputados/as e intenten alterar las leyes en la sede legislativa.
Pero sobre todo quiero jueces objetivos, independientes, libres de ataduras políticas y partidismos de cualquier clase, justos librepensadores y con la vocación de hacer cumplir las leyes y no de convertirse en funcionarios de la protesta permanente a políticas del Gobierno, sea este el que sea.
En parte esta generación judicial está perdida, por el desastre en las políticas de los distintos gobiernos sobre el acceso y mando en la judicatura, y en parte porque ya han sido demasiado coprotagonistas de la revolución Bañez.
Confío en que los que vengan sean los hombres justos que Roma buscaba y que me anime a decir con Fray Antonio de Guevara: “El buen juez no ha de torcer las leyes a su condición, sino torcer su condición conforme a las leyes…”

 


 
 

 

 


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