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Por Cristina Ribas Casademont, Abogada Experta NT
Los iBeacons son un dispositivo pequeño, económico, con capacidad de microgeolocalización y de bajo consumo eléctrico dado que se basa en la tecnología Bluetooth Low Energy (BLE). Esta breve descripción permite descubrir que estamos en presencia de una especie de sensores o balizas inalámbricas cuyo objetivo es saber dónde vamos, qué hacemos y durante cuánto tiempo. Dichas balizas ofrecen nuestro posicionamiento o check-in en espacios cerrados, lugares donde no llegan las señales que emiten los GPS, tales como supermercados, centros comerciales, museos, edificios, etc. De este modo, sus posibilidades son infinitas puesto que son unos testigos muy discretos de nuestro paso y actividad por los entornos físicos en los que solemos movernos. Tanto es así que, por ejemplo, las tiendas pueden colocar uno en la entrada (y varios en su interior) y enviar publicidad contextual a los potenciales clientes que transitan justo por delante; los supermercados pueden inundar sus locales con balizas y descubrir a los consumidores las mejores ofertas del día; en los aeropuertos, podrían guiarnos hasta las puertas de embarque; también podrían ser nuestras guías turísticas particulares en galerías de arte y museos; incluso, funcionar como un mapa en interiores de grandes edificios como los hospitales, los juzgados, las administraciones, y ya sea como sustituto o complemento de los tradicionales paneles que vemos en los vestíbulos o en las salidas con escaleras y ascensores. La próxima vez que vayamos de compras al súper, ¿recibiremos un mensaje de bienvenida al móvil nada más entrar? O bien, ¿recibiremos uno recordándonos que hace tiempo que no pasamos por ahí? Aproximación a sus riesgos Dado que estas balizas son dispositivos discretos y económicos (99$ aprox.), cualquier particular podría adquirirlas para su uso personal. Una posible utilidad sería la de abrir remotamente las puertas de nuestra casa. Los iBeacons se colocarían en las puertas o cerca de ellas, y con el smartphone se introduciría el código de acceso vía Bluetooth para abrir las cerraduras. No existe sistema informático alguno 100% fiable y menos 100% seguro, esto significa que cualquier sistema informático es atacable y todavía más fácil lo pone la tecnología Bluetooth. Así, en caso de que un intruso interceptara la señal que se emite entre el iBeacon y el smartphone descubriendo el código de acceso, tendría vía libre para entrar y salir de nuestra casa y, evidentemente, para robar en su interior cuando le viniera en gana. Si se quiere debatir una hipotética calificación jurídica de estos hechos, considero que estaríamos ante: a) Un delito de daños informáticos del art. 264.2 del Código Penal (CP) porqué el hecho de interceptar la contraseña se puede entender como una “obstaculización o interrupción del funcionamiento de un sistema informático ajeno (…) introduciendo, transmitiendo, dañando, borrando, deteriorando, alterando, suprimiendo o haciendo inaccesibles datos informático”; según sea el procedimiento mediante el cual se ha conseguido obtener el código de acceso. En todo caso, se exige que el resultado producido “sea grave” y la pena oscilaría entre los seis meses de prisión hasta los tres años. No obstante, también cabría la posibilidad de calificar dicha conducta como un delito de descubrimiento y revelación de secretos del art. 197.3 CP por cuanto se estaría “accediendo sin autorización a datos informáticos” al interceptar la contraseña, y cuya pena es la de seis meses a los dos años de prisión. Pues, se puede equiparar al mismo supuesto del cracker que consigue acceder remotamente al ordenador personal de su víctima para extraer información íntima y utilizarla maliciosamente. b) Un delito de robo con fuerza en las cosas previsto y penado en los art. 237 y 238.4º CP porqué se utilizarían “llaves falsas”. A este respecto, el Código Penal entiende por “llaves falsas”, entre otros supuestos, las “llaves legítimas perdidas por el propietario u obtenidas por un medio que constituya infracción penal” (p.ej. mediante la comisión del delito del art. 197.3 o 264.2 CP). En este caso, la llave legítima la constituiría el código de acceso del iBeacon dado que es la que utiliza el propietario para acceder a su vivienda. Además, concurriría el subtipo agravado del art. 241 CP por cuanto la conducta delictiva se cometería en casa habitada. Por estos hechos, el autor se enfrentaría a una pena de prisión de dos a cinco años. En otro orden de cosas, también habrá que analizar el impacto del uso de iBeacons sobre nuestra privacidad sobretodo, en lo que al marketing de proximidad se refiere. En efecto, en nuestro país su uso por los comerciantes habrá que ajustarse principalmente a las estipulaciones que prevé la Ley de protección de datos de carácter personal (LOPD) así como de la Ley de servicios de la sociedad de la información y de comercio electrónico (LSSICE) y en especial, a lo relativo a la obtención del consentimiento del usuario y a la lucha contra el spam. Y es que además, la nueva forma de ofrecer marketing de proximidad será un caldo de cultivo y el sitio idóneo para que los intrusos con finalidades maliciosas puedan actuar infiltrándose o suplantando las empresas que ofrezcan publicidad o, redirigiendo a los consumidores a sitios web falsos para obtener sus datos personales y utilizarlos para campañas de spam y phishing. Son muchas las cuestiones jurídicas que revolotean en torno a los iBeacons y a las que se deberá ofrecer respuesta a medida que el uso de dichas balizas prolifere y se expande entre la sociedad. 5 consejos si usas Bluetooth 1. Mantén la señal de Bluetooth apagada si no la utilizas. 2. Al vincular tu dispositivo con otro, procura que el tuyo esté en “oculto” o en modo “no visible”. 3. Cambia el nombre que se asigna a tu dispositivo por defecto (este suele ser la marca y modelo). Ten en cuenta que si un intruso conoce estos datos, puede saber qué vulnerabilidades existen en tu concreto dispositivo, y utilizarlas para atacarte. 4. No transmitas información personal vía Bluetooth. 5. Actualiza el software y el firmware.
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