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Por Marc Comas, Abogado. Barcelona.@mcomasmartinez,
Tengo 24 años, terminé la carrera en julio de 2013 y el martes 21 de enero de 2014 fue mi primera vista. Eran las 12.15, y mi ansiado estreno tuvo lugar en uno de los juzgados penales de la Ciutat de la Justícia. Fue mi primer caso ante los juzgados: delito contra la seguridad vial por conducir sin carné. Después de mantener infinitas charlas con mi cliente, y ante su negativa a disponerse a pagar la pena de multa, decidimos ir a por la mínima pena de prisión prevista para el tipo: 3 meses, y solicitar la suspensión de la misma por el plazo mínimo de dos años, ya que éste carecía de antecedentes penales. Llegamos con antelación suficiente, aunque tuvimos que esperar debido al ligero retraso de 20 minutos que llevaba el juzgado. Eran las 12.05 y salía la oficial para llamar a los compañeros que tenían vistas ese mismo día, y en una de las salidas que efectuó, aprovechó la titular del despacho para comentarle que era mi “bautizo” y que me cuidara. A esto, la oficial sonrió y me miró, y acto seguido asintió. Llegado el momento, la oficial abrió la puerta con una sonrisa y me dijo que por favor, pasara. Así hice, esbocé un enérgico “¡Buenos días!”, a lo que tanto fiscal como jueza contestaron asimismo con una sonrisa en el rostro. Me acerqué para hablar con la fiscal, saqué el expediente de mi cliente y lo dispuse encima de su mesa, indicándole previamente que mi intención era la de conformarme con la pena mínima de prisión de 3 meses interesando la suspensión de la misma. La fiscal miró el expediente, me preguntó que cuáles habían sido los motivos de la pérdida de puntos, a lo que contesté rápidamente. Al tiempo, la jueza junto con la oficial realizó una llamada para comprobar si carecía de antecedentes penales mi representado conforme lo que había expuesto yo anteriormente, y así se confirmó. Comprobado dicho extremo, la fiscal me dijo que aceptaba mi propuesta y que modificaría su escrito de calificación provisional, interesando la pena solicitada. Hecho esto, les dije a ambas que quería que supieran que era mi primera vista, a lo que ambas contestaron con una sonrisa empática. La fiscal le dijo a la jueza que le hacía ilusión que empezara gente tan joven, a lo que la jueza asintió. Llegado ese momento, salí de la sala, donde estaba mi cliente y la directora del despacho esperándome, y les comuniqué que llegábamos a conformidad, de lo que se alegraron. Acto seguido, entramos me fui directo para el sitio de la defensa – ¡qué distinto se ve todo desde ahí!, pensé –. Una vez todos en su sitio, se inició el acto, empezando el Ministerio Fiscal interesando la modificación de su escrito de acusación de acuerdo con lo pactado, a lo que no me opuse posteriormente cuando se me dio el turno de palabra. Tras esto, se le dio la palabra al acusado, advirtiéndole de las consecuencias de la suspensión de la pena. Finalmente, se me dio copia del acta para que la firmara. Finalizado el acto, me dirigí con una sonrisa hacia la jueza y fiscal para estrecharles la mano. Justo antes de marchar, la fiscal me deseó suerte en mi carrera profesional, detalle muy bonito por su parte. Se trató de una conformidad, pero para ser el primer contacto con una sala de vistas más allá de asistir como público, considero que ya estuvo bien. Debo añadir que al salir, me quedé con el gusanillo de realizar todo un acto de juicio en sí, con sus preguntas e informes orales, algo que seguro no tardará en llegar.
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