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Memoria de un crimen: En el día de la Memoria del Holocausto y Prevención de los Crímenes contra la Humanidad
MADRID, 29 de ENERO de 2014 - Especial Lawyerpress / Ricardo Ruiz de la Serna, Abogado
 

Este pasado lunes 27 de enero se ha celebrado en el Antiguo Salón de Sesiones del Senado el acto oficial de Memoria del Holocausto y Prevención de los Crímenes contra la Humanidad coincidiendo con la fecha que la Asamblea General de Naciones Unidas designó para recordar en todo el mundo a las víctimas de la barbarie nazi. En este acto, los discursos de Isaac Querub, Presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, y Juan de Dios Ramírez Heredia, Presidente de la Unión Romaní, han precedido a los de los Ministros de Educación y Justicia. Clausuró el acto el Presidente del Senado, Pío García Escudero. Todos ellos han evocado el sufrimiento del pueblo judío, el pueblo gitano y los restantes colectivos que sufrieron el horror de los campos, el terror de las cámaras de gas y el espanto del exterminio de mujeres y hombres, niños y ancianos. Nadie ha aplaudido los discursos porque en las conmemoraciones del Holocausto jamás se aplaude.
Durante la ceremonia, supervivientes del Holocausto han encendido seis velas que conmemoran los seis millones de judíos asesinados en los guetos, los bosques, los campos y las fosas. Junto a ellos se ha recordado a los homosexuales, los disidentes, los republicanos españoles, los testigos de Jehová, los disidentes. Ha sonado el estremecedor himno del pueblo gitano –Djelem, djelem- y el rabino Moshé Bendahan ha entonado el Male Rahamin, la plegaria por los muertos en la Shoah, cuya sombra sigue alzándose hoy sobre Europa. Auschwitz –es decir, lo que el campo de la muerte representa- cuestiona toda noción de Derecho o de Justicia.
Así, el Holocausto desafía todas las convicciones jurídicas sobre las que construimos el edificio de nuestra convivencia. El sentido de la ley, el Derecho y la mera noción de Justicia se conmueven al pensar que entre los colectivos que primero dieron la bienvenida a los nazis estuvieron los médicos, los juristas y los profesores universitarios. La mayoría de los jueces aplicó el Derecho del III Reich porque era formalmente válido, aunque recogiese disposiciones atroces como la prohibición para los judíos de cortarse el pelo en las peluquerías de los arios o comprar fruta fresca.
La mayoría de los fiscales acusaron a los judíos de infringir las leyes que los condenaban a la exclusión primero y a la muerte después. Muy pocos abogados protestaron por la expulsión del foro de sus compañeros judíos. De los profesores universitarios mejor ni hablemos. Entre los juristas que abrazaron el nazismo estaba el famoso Carl Schmitt, de cuyo pasado nazi apenas se habla en algunas Facultades de Derecho. Los campos de exterminio tenían pólizas de seguro que cubrían las reparaciones de las cámaras de gas que se estropeaban. El proceso de destrucción sistemática de los judíos de Europa estuvo minuciosamente reglamentado en una mezcla atroz de improvisación y detalle. En su juicio, Eichmann aseguró tener amigos judíos y haberse limitado a cumplir su función en el engranaje administrativo de las deportaciones.
Sin embargo, además de los verdugos y sus crímenes debe recordarse a aquellos que resistieron, aquellos que se negaron a dejarse exterminar o a colaborar en el exterminio. Los judíos famélicos que hicieron retroceder a los nazis en la Sublevación del Gueto de Varsovia (1942) o la rebelión del Sonderkommando en Auschwitz (1944), demuestran que aquellas mujeres y aquellos hombres no fueron como ovejas al matadero. Al contrario: allí donde pudieron luchar, combatieron y se defendieron con una legitimidad que nadie pondrá en duda.
No obstante, no todos los que resistieron fueron judíos. Por eso, hay que mantener la memoria de aquellos Justos Entre Las Naciones que salvaron judíos a riesgo de su propia vida sin lucrarse, infringiendo reglas y normas, pero salvando la condición humana. Ahí están los diplomáticos como Sanz Briz o Wallemberg -de bendita memoria- que utilizaron instituciones como la protección consular o los salvoconductos para salvar las vidas de miles.
Al polaco que ayudaba a un judío lo mataban junto a toda su familia y, sin embargo, Polonia es el país con más Justos Entre Las Naciones. El ruso Vassili Grossman –periodista enrolado en el Ejército Rojo - tomó consciencia de lo que significaba ser judío cuando llegó a Treblinka. Todas las categorías de nuestra civilización –norma, Ley, Justica, Derecho- deben ser repensadas desde las víctimas y los campos.
Así, Emil Fackenheim proclamó el nuevo mandamiento que pesa sobre quienes viven después del Holocausto: no dar a Hitler ni a sus aliados una victoria póstuma. De este modo, la destrucción de los judíos de Europa impone sobre nosotros –especialmente sobre aquellos que vestimos la toga y pedimos justicia para otros- el deber inexcusable de la memoria y el compromiso.
Vivimos en un tiempo en que las ideologías del odio reviven en Europa bajo distintos ropajes pero con el mismo aliento que las inspira. Sea el odio a los extranjeros o a los pobres, a los homosexuales o a los musulmanes, a los gitanos o a los judíos siempre, el espíritu que movió a los nazis y sus colaboradores está regresando a nuestro continente.
Depende de nosotros impedirlo.

 

 

 

 

 

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