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Mis primeros pasos profesionales (IV): Lydia Muñoz, Juez Sustituta
MADRID, 31 de ENERO de 2014 - LAWYERPRESS

Por Lydia Muñoz, Juez Sustituta

Acababa de salir de la Facultad de Derecho e inscrita en el Turno de Oficio, llegó mi primer caso. Mi primera sorpresa fue que no me asignaron unas simples faltas, sino un delito contra la salud pública bastante serio. Con la ingenuidad del que todavía no sabe lo que le espera, me estudié aquel expediente como si me fuera la vida en ello.
Mi primera intervención fue ir a hablar con mi cliente que se encontraba como preso preventivo en el centro penitenciario Me impresionó pasar el control de seguridad y traspasar unas puertas blindadas.
Una vez identificada por los agentes que custodiaban el acceso, se abrió de forma automática una puerta de acero .Mientras esta puerta se cerraba a mis espaldas, quedé unos segundos atrapada en el medio hasta que se abrió la puerta que daba al interior del recinto. Me fui encontrando “presos” por el pasillo, fregando el suelo, paseando o charlando entre ellos. Alguno me dedicó algunas palabras ininteligibles.
Reconozco que me impresionó entrar en el mundo de los que estaban privados de libertad. El corazón me iba a mil por hora. Me dirigí con paso rápido al locutorio que me habían asignado, y pronto apareció un joven de raza negra, alto, muy corpulento, pero con cara de asustado y muy abatido. Nunca se me olvidará su nombre .Se llamaba Johnny. Me explicó su historia, y enseguida vi que aquel chico no había tenido nada que ver con aquel turbio asunto. Le dije que no se preocupara y que todo se aclararía, pero me di cuenta que aquel chico confiaba en mí, más que yo misma.
Por el tipo de delito, tuve que ir a la Audiencia, y no a un Juzgado. Esta circunstancia, aumentó mi estado de nervios por encima de lo normal. Lo único que quería en mi fuero interno, era pasar totalmente desapercibida .Por esa razón no se lo comenté tan siquiera ni a mi propia familia.
Pero como suelen decir por ahí, si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes. Cuando llegué a la sección correspondiente, me encontré con un nutrido grupo del Cuerpo Nacional de Policías uniformados y en prácticas. Venían a ver un juicio.¡¡El nuestro!!
Os aseguro que tuve ganas de desaparecer en ese momento. También merodeaba por allí un grupo de periodistas que suelen recorrer las Salas de las Audiencias, para ver si encuentran algo interesante con el que rellenar las páginas de sus rotativos.
Uno de mis compañeros que también intervenía en el mismo juicio, me fue a buscar un refresco azucarado por el edificio, porque me estaba viendo palidecer por momentos. Podéis creer que las piernas no me sostenían. Mientras lo hacía, le dije al agente Judicial, que me permitiera hablar con el Presidente de Sala antes de comenzar. Les comenté que era mi primer juicio, y que les pedía disculpas de antemano si cometía algún error. Fueron muy atentos, y me reconfortaron muchísimo.
Cuando entramos en la Sala asignada de la Audiencia Provincial os aseguro que me impresionó. Nunca había entrado en ninguna de ellas. La Sala me pareció muy solemne y tenía dos niveles. Los Letrados teníamos que subir al nivel superior, donde se encontraban los estrados. Mi compañero me dijo que le siguiera, porque yo no sabía si me tenía que sentar a la derecha o a la izquierda del Tribunal. Una vez sentados, se oyó una voz que gritaba de forma enérgica…” Audiencia Pública” y en un momento la Sala se llenó de todas aquellas personas que nos miraban con interés.
Cuando el Presidente dio por iniciado el acto, las manos me temblaban tanto que no podía sostener el bolígrafo. Me pesaba mucho la responsabilidad, de que la libertad de una persona que yo sabía que era inocente, dependiera tan sólo de mí, y que hubiera tanta gente pendiente de mi primera intervención.
Pero fue ver entrar a Johnny esposado, y los nervios desaparecieron como por arte de magia. Mi patrocinado me buscaba tembloroso con la mirada, ante las preguntas del Fiscal y yo le correspondía intentando transmitirle confianza desde estrados, hecho que nos valió a los dos, una amonestación del Presidente. Mis intervenciones con las preguntas fueron afortunadas y fue fácil desmontar aquella acusación del Ministerio Publico.
Cuando el juicio acabó, el Presidente de la Sala me felicitó y me dijo que nadie hubiera dicho que aquel juicio fuera el primero, palabras que le agradecí sinceramente Me invadió una gran satisfacción y recuerdo que bajé las escaleras del edificio de dos en dos .Hice lo que tenía que hacer, aunque ahora no dependía de mí el resultado. Al cabo de unos días llegó la sentencia absolviendo a Johnny. No existen palabras que puedan describir ese momento. Los que son abogados saben a qué me refiero.
Unas horas más tarde, Johnny se puso en contacto conmigo, acababa de salir en libertad y quería darme las gracias. Me invitó a un café, y fue entonces cuando le desvelé que había sido mi primer juicio. Echamos unas risas recordando las anécdotas y luego le recomendé que vigilara las “amistades peligrosas”.
Me regaló una figurita que aún conservo y nos despedimos deseándonos mucha suerte los dos. No os puedo reproducir la de piropos que recibí ese día por su parte, pero era lógico que se sintiera tan agradecido. Sus ojos temblaban de emoción, cuando me explicaba lo que sintió al salir a la calle y a mí me traspasaron el alma. Johnny me consideraba su heroína y así me hizo sentir por un día.
Los primeros casos, nunca se olvidan y yo nunca pude olvidar la sonrisa de Johnny dándome las gracias. Es verdad que le devolví la libertad, pero él a cambio me descubrió mi vocación que no tuve demasiado clara hasta ese día.
Fue entonces cuando me di cuenta que no me había equivocado de profesión y que deseaba ganarme la vida con ella. Eso sí, ni que decir tiene que puse yo más dinero que lo que luego me pagaron por el turno de oficio, pero yo me sentí recompensada emocional y profesionalmente.
Dedico esta historia a todos aquellos, que como yo, pasarán por el trance de su primera vez. Especialmente a Marc.
Un abrazo sincero y SUERTE.
 


 

 

 

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