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Sin inversión en Justicia no hay recuperación económica
MADRID, 10 de ABRIL de 2014

@LP_Hans

Todavía me acuerdo de aquel fantástico día que mis padres nos llevaron a comprar nuestro primer coche nuevo. El anterior escarabajo había sido de segunda mano.
Fuimos al concesionario de Volkswagen porque en aquellos tiempos de los años sesenta era la marca que correspondía a una familia modesta que se ganaba el pan en un mono azul.
Mi hermano y yo enseguida nos metíamos en los coches en el amplio salón de exposición y nos empapábamos de los olores a cuero, plástico, aceite y productos de limpieza para coches. Mientras tanto mis padres estaban hablando con el dueño de aquel salón, un viejo conocido de mi padre.
Cuando nos llamaron a pasar al despacho mi padre ya tenía entre sus manos un catalogo de un escarabajo 1302, el modelo escogido, y nos consultaba que tipo de accesorios se nos ocurrían. Siempre dentro de un limite económico muy estrecho.
Me acuerdo de las caras que poníamos mí hermano y yo y sobre todo mi padre: contentos de remate con la elección y la compra. Mi madre, como administradora económica de nuestra casa, era algo mas reservada. Pues tocaba a ella preparar el dinero para el nuevo coche desde los ahorros familiares.
Pues salimos los cuatro del salón de exposición del concesionario y todo lo que habían hecho mis padres era firmar la orden de pedido con los extras del coche, que se nos prometía para dentro de 3 largos meses.
Con las ocupaciones del colegio y el buen tiempo se nos pasaron las semanas rápidamente y una buena tarde venía mi padre con el coche nuevo: un flamante VW escarabajo 1302, de color naranja chillón, con asientos con reposa cabezas incorporado, motor de 57 caballos, un spoiler negro cubriendo las salidas de aire en el capó trasero del motor bóxer..... Una joya, la atracción en el pueblo y la envidia de mis amigos....
Todo ello habíamos comprado con aquella firma.
Mi padre radiaba felicidad. Nos invitaba a subirnos y tomar posesión de nuestra inversión. Madre como siempre estaba algo mas reservada, tenía que preocuparse de pagar la factura del coche que traía mi padre en el plazo de tres días para beneficiarse del descuento de pronto pago.
Han pasado muchos años desde aquel día y recorrimos muchos kilómetros en éste escarabajo naranja chillón. Han cambiado los modelos de coches, han cambiado los gustos y hace ya más de 30 años que no vivo en Alemania, pero aún así me sigue sorprendiendo la cantidad de cosas importantes y grandes que se puede comprar como persona privada contra factura, sin llevar el dinero encima.
No quiero imaginarme como hubiera sido la escena de la compra del coche en España. Garantía del banco para el pedido, aportación del 50% del precio con la firma del encargo,…
Como empresario es comprensible que exijamos todo tipo de garantías. Primero la moral de pago es algo relajada en nuestros mercado doméstico y segundo tardaríamos años en reclamar lo adeudado.
Cuando hablo con amigos alemanes y de vez en cando también con algún que otro inversor internacional, me suelen confirmar mi impresión. Donde hay seguridad jurídica, una justicia ágil y rápida, allí las personas y negocios respetan y cumplen las leyes y finalmente encuentran seguridad para sus inversiones.
El día que podamos fiarnos de la simple firma de un cliente nuevo y desconocido, entonces tendremos una economía fuerte y sana, con potencial de crecer con demanda interna y con la internacionalización de sus empresas.
Pero mientras sigamos arrastrando una enorme bola de cañon atado a las piernas de cada español o extranjero que viva dentro de nuestro sistema judicial, no podemos ni pensar en escarabajos naranja chillón, ni en expansión, ni en internacionalización o crecimiento de negocio.
Casi no me atrevo a poner las frases finales a éste post por obvio: sin inversión en Justicia no hay recuperación económica consistente. No podemos perder más tiempo en poner parches y hacer reformas organizativas. Hay que afrontar el problema de la Justicia con la base natural de cualquier proyecto: una inversión económica notable en personal, modernización tecnológica, formación y divulgación para que los ciudadanos también entiendan el funcionamiento de la Justicia, confían en ella y se beneficien de su buen funcionamiento.
La importancia de la Justicia se ve ya directamente en las instalaciones de los juzgados. Envidia me dan los pueblos americanos con sus palacios de Justicia con escalinatas altísimas y columnas fuertes y pomposas. Hay que darse cuenta que las columnas de un palacio de Justicia son también los pilares de la economía. Espero que podamos explicar eso al Ministerio de Justicia, al de Economía y al de Hacienda.
Hay que empezar los proyectos sólidos por la base: ¡Invertir en Justicia!


 


 


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