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La llamada economía
colaborativa
está
cada
vez
más
de
moda.
Sin
embargo
no
es
de
ninguna
manera
algo
nuevo
sino
que
la
acción
de
compartir,
intercambiar
o
alquilar
entre
particulares
y
comprar
colectivamente
productos
y
servicios
se
lleva
haciendo
desde
siempre.
La
única
diferencia
es
que
el
uso
de
la
tecnología
facilita
y
difunde
estos
hábitos
entre
la
población
y
muchas
más
personas
pueden
participar
en
este
tipo
de
“economía”.
Además,
la
crisis
económica
ha
propiciado
que
mucha
gente
busque
formas
alternativas
y
más
económicas
para
conseguir
los
productos
que
necesita
y
empresarios
avezados
han
encontrado
la
forma
de
hacerlo
fácil
a
través
de
las
nuevas
tecnologías.
Modelos
Hoy en día existen
varios
modelos
en
funcionamiento,
el
más
básico
trata
de
comunicar
ofertas
y
promociones,
mediante
las
que
una
plataforma
pone
en
conocimiento
de
terceros
determinadas
promociones
que
realizan
empresas.
Un
paso
adelante
en
este
modelo
de
negocio
sería
el
que
realiza
Groupalia
(www.groupalia.es)
que
no
se
limita
a
comunicar
descuentos
sino
que
dispone
de
comerciales
que
captan
empresas
para
que
ofrezcan
beneficios
a
los
clientes
de
la
plataforma.
Un paso más en
este
ámbito
es
la
compra
colectiva,
es
decir,
la
agrupación
de
múltiples
pedidos
de
diferentes
clientes
en
uno
sólo
permite
que
los
compradores
se
puedan
beneficiar
de,
por
ejemplo,
descuentos
por
volumen
que
no
podrían
obtener
por
separado.
Los
beneficios
obtenidos
mediante
este
sistema
se
reparten
entre
todos
los
consumidores.
Este
tipo
de
iniciativas
que
desde
hace
muchos
años
se
llevaban
a
cabo
en
el
ámbito
empresarial,
por
ejemplo
gran
parte
de
las
principales
marcas
de
alimentación
y
bebidas
a
través
de
la
asociación
Calidalia
(www.calidalia.com).
Gracias a ella
han
agrupado
pedidos
de
todos
los
sectores
desde
su
nacimiento
en
el
año
2000,
aumentando
su
fuerza
de
negociación
y
consiguiendo
grandes
descuentos
y
ventajas.
En
el
ámbito
del
consumo
privado
era
más
complicado
poner
en
contacto
a un
número
de
clientes
suficiente
para
realizar
este
tipo
de
compras
colectivas
pero
Internet
ha
conseguido
que
empresas
como
Groupon
(www.groupon.es)
llegue
a
una
masa
crítica
para
poder
ponerlo
en
marcha.
Este planteamiento
también
ha
sido
puesto
en
marcha
por
otras
organizaciones
como
la
Organización
de
Consumidores
y
Usuarios
(www.ocu.es)
que
reciente
ha
realizado
una
compra
colectiva
de
suministro
eléctrico
y
otra
de
telefonía
con
un
existo
relativo.
Por otro lado
están
los
portales
que
ponen
en
contacto
a
personas,
unas
con
ciertas
necesidades
y
otras
con
disposición
para
satisfacerlas.
También
aquí
existen
varios
modelos.
Por
ejemplo
el
que
adopta
BlaBlaCar
(www.blablacar.es)
en
el
ámbito
del
transporte.
Por un lado,
una
persona
necesita
realizar
un
viaje
puntual
o
repetitivo
entre
un
origen
y un
destino
y lo
anuncia
en
la
plataforma.
En
paralelo,
un
conductor
va a
realizar
dicho
viaje.
Gracias
a la
plataforma
pueden
ponerse
en
contacto
y
acordar
realizarlo
juntos
compartiendo
gastos
(gasolina,
peajes,
etc.).
Los precios de
los
viajes
los
establece
la
plataforma
y,
aunque
puede
ajustarlos
el
conductor,
están
limitados
para
que
sólo
compensen
los
gastos
del
viaje
sin
que
el
conductor
obtenga
beneficio.
Por
supuesto,
tanto
conductor
como
pasajero
pueden
ser
evaluados
por
otros
usuarios
y
que
puedan
valorar
a la
persona
con
la
que
realizar
el
viaje.
No existe ningún
problema
legal
ya
que
el artículo 101, apartado 1a, de la Ley
16/1987,
de
30
de
julio,
de
Ordenación
de
los
Transportes
Terrestres
ampara
el
transporte
entre
particulares
siempre
que
“En
ningún
caso,
salvo
el
supuesto
de
percepción
de
dietas
o
gastos
de
desplazamiento
para
su
titular,
el
transporte
particular
puede
dar
lugar
a
remuneraciones
dinerarias
directas
o
indirectas".
El
conductor
no
obtiene
remuneración
dineraria
sino
que
el
viajero
entrega
una
compensación
por
los
gastos
ocasionados.
Otro modelo de
plataforma
es
el
que
pone
en
contacto
a
usuarios
con
proveedores
pero
donde
el
proveedor
sí
que
es
un
profesional
por
cuyo
trabajo
será
remunerado.
Una
de
las
plataformas
que
usan
este
sistema
es
Etece
(www.etece.es).
Su
modelo
se
basa
en
los
usuarios
que
tienen
que
realizar
algún
tipo
de
trabajo
y
necesita
una
persona
o
empresa
que
lo
realice.
El
usuario
publica
las
condiciones
del
trabajo
y el
precio
que
está
dispuesto
a
pagar.
A esta oferta
responden
uno
o
varios
“solucionadores”
que
han
sido
“certificados”
previamente
por
la
plataforma.
El
usuario
escoge
al
que
más
le
interese
basándose
en
el
precio,
la
reputación
del
“solucionador”
según
la
valoración
de
otros
usuarios
anteriores,
etc.
y
adelanta
el
pago
a la
plataforma
junto
con
una
comisión.
Una
vez
realizado
el
trabajo,
si
es
satisfactorio,
la
plataforma
procede
al
pago
del
servicio.
En
este
caso,
la
plataforma
cobra
la
comisión
por
el
servicio
de
gestión
del
pago/cobro
y
por
la
“certificación”
de
los
“solucionadores”
que
realiza
previamente.
Un modelo similar
al
Etece
pero
con
otras
connotaciones
puesto
que
se
presta
en
un
ámbito
regulado
legalmente,
es
el
que
utiliza
la
plataforma
Uber
(www.uber.es).
En
este
caso,
Uber
utiliza
determinados
criterios
para
seleccionar
una
serie
de
conductores
con
su
vehículo
particular.
Cuando un cliente
le
demanda
un
servicio
de
transporte
con
determinadas
características,
la
plataforma
se
lo
asigna
al
conductor
que
pueda
prestarlo
y le
pone
en
contacto
él.
Uber
impone
además
los
precios
por
los
servicios
en
función
de
la
distancia
y
del
tiempo
y no
siempre
estos
son
más
baratos
que
los
de
un
taxi
tradicional.
Sin
embargo
hay
clientes
que
asumen
el
sobrecoste
por
un
servicio
más
personalizado
y
cómodo.
En los últimos
días
hay
una
enorme
polémica
en
cuanto
al
modelo
implantado
por
Uber
en
Europa
ya
que
el
servicio
de
transporte
de
viajeros
es
un
servicio
regulado
que
requiere
de
una
licencia
administrativa
para
prestarlo.
La gran diferencia
entre
Uber
y
otras
plataformas
como
MyTaxi
(www.mytaxi.es)
radica
en
que
Uber
busca
particulares
sin
requerir
la
correspondiente
licencia
y
MyTaxi
usa
profesionales.
Otro
sistema
completamente
diferente
es
el
servicio
de
BlaBlaCar
que
oferta
transporte
pero
en
un
formato
no
lucrativo.
Los beneficios
de
la
economía
colaborativa
saltan
a la
vista.
Los
consumidores
ahorran
costes,
las
empresas
consiguen
pedidos
más
importantes
y se
producen
beneficios
sociales
y
medioambientales.
Sin
embargo,
las
leyes
están
para
ser
cumplidas,
saltárselas
lo
único
que
hace
es
distorsionar
gravemente
el
mercado.. |