|
Mi
primer
cliente
me
llegó
a
través
de
un
conocido.
Un
hombre
con
un
problema
con
su
vehículo,
pues
la
financiera
le
exigía
el
pago
íntegro
del
préstamo.
Un
caso,
a
priori,
sencillo,
pero
que
aún
me
tiene
trabajando
en
ello.
Dado
que
trabajo
en
un
despacho
que
poco,
o
nada,
se
dedica
a
reclamaciones
de
particulares,
no
lo
presenté
en
el
mismo.
Pero
si
me
supuso
un
reto
personal.
Era
mi
primer
caso.
Apenas
colegiado,
me
iba
a
estrenar
en
solitario.
Me
sentí
henchido
de
orgullo,
pues
suponía
que
alguien
confiaba
en
mi,
un
recién
colegiado
sin
mayor
experiencia
que
una
intervención
en
Sala,
en
un
Juicio
de
Faltas
para
mas
INRI,
pues
no
pretende
este
humilde
letrado
conocer
más
allá
de
lo
imprescindible
del
Derecho
Penal.
Pero
también
me
entró
miedo.
Miedo
por
no
saber
como
enfrentarme
a
éste
reto;
temor
por
defraudar
al
cliente;
un
poco
de
susto
por
no
saber
como
responder
ante
el
cliente.
Mi
experiencia
laboral
anterior
como
comercial,
como
administrativo,
como
relaciones
públicas,
de
poco
me
sirvió
en
el
momento
de
aceptar
el
caso.
No
ya
después,
cuando
las
relaciones
personales
si
me
sirven,
y
mucho,
de
cara
al
resto
de
causas.
La
primera
vez
que
nos
sentamos
para
ver
el
caso,
fue
en
una
cafetería
cerca
de
su
lugar
de
trabajo.
No
se
yo
quien
estaba
más
nervioso,
si
el
cliente
o
yo.
Nos
sentamos
y
hablamos
un
poco
de
todo,
hasta
que
entramos
en
el
fondo
del
asunto.
No
hacía
más
que
preguntarme
como
era
posible
haber
llegado
hasta
ese
punto,
y
como
podía
quitarse
ese
problema.
Preguntas
que,
con
algunos
años
más
de
experiencia,
habría
resuelto
sobre
la
marcha,
o,
al
menos,
con
algo
más
de
celeridad.
¿Cómo
se
pueden
hacer
tantas
preguntas
en
tan
poco
tiempo,
y
pretender
obtener
respuestas
inmediatas?
Aún
no
alcanzo
a
entenderlo,
pero
lidio
con
ello
diariamente.
La
segunda
vez
que
nos
reunimos,
toda
vez
estudiado
el
caso,
fue
en
la
puerta
del
Juzgado,
para
una
representación
apud
acta.
¿Y
eso?
Pues
porque,
dada
la
cantidad
que
le
reclamaban,
mi
planteamiento
era:
¿cómo
le
voy
a
decir
a
este
hombre
que
se
gaste
lo
que
sea
en
un
poder
para
pleitos,
si
no
va a
haber
más
pleitos
que
éste
y el
ordinario?
Posteriormente,
aprendí
que
esa
cuestión
no
me
compete.
No
soy
quien
para
entrar
a
decidir
acerca
de
la
economía
de
nadie.
La
reunión
fue
de
pie,
con
el
cliente
y su
mujer,
explicándoles
cual
podría
ser
el
siguiente
paso,
tanto
el
nuestro
como
el
de
la
otra
parte.
La
verdad,
lo
recuerdo
con
mucho
cariño.
El
trabajar
los
fines
de
semana;
el
dedicarle
un
tiempo
que
no
tienes;
el
saber
que
el
futuro
económico
inminente
de
esa
persona
depende
de
tus
decisiones
y,
sobre
todo,
de
tu
argumentación.
Es
bonito,
aunque
sufrido.
Porque,
por
muchas
ganas
que
le
eches;
por
mucha
ilusión
que
tengas;
por
mucha
predisposición
que
poseas,
jamás
sabrás,
a
ciencia
cierta,
cual
será
el
resultado.
Todo
depende
de
lo
que
diga
un
Juez
de
Primera
Instancia.
Pero
el
cliente,
como
buen
desconocedor
del
universo
jurídico,
pero
sabedor
de
sus
derechos,
quiere
que
le
digas
qué
va a
pasar;
qué
va a
suceder;
en
qué
sentido
se
decidirá
el
Juez.
Como
si
fuéramos
adivinos…
La
cuestión
es
que
aún
estoy
trabajando
en
la
causa
de
éste
primer
cliente.
De
la
contestación
del
Monitorio
pasamos
a
contestación
de
Juicio
Ordinario.
Y en
esas
estamos
ahora
mismo.
Vendrán
muchos
clientes
más,
tanto
para
el
despacho
como
para
mi,
como
abogado
autónomo.
Pero
el
recuerdo
de
mi
primer
cliente,
de
mi
primera
causa,
siempre
me
acompañará. |