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Milton
Friedman
dijo:
"Estoy
a
favor
de
reducir
los
impuestos
bajo
cualquier
circunstancia,
con
cualquier
excusa,
por
cualquier
razón
y
siempre
que
sea
posible."
Así
mismo
sentenció:
“Uno de
los
más
grandes
errores
es
juzgar
a
las
políticas
y
programas
por
sus
intenciones,
en
lugar
de
por
sus
resultados.”
Veremos
los
resultados
de
la
reforma
fiscal.
Sin
embargo
cabe
preguntarse
si
estamos
ante
una
autentica
reforma
fiscal,
o
simplemente
ante
una
bajada
de
impuestos.
La línea
entre
autentica
reforma
o
simple
bajada
de
impuestos
es
muy
delgada.
En mi
opinión,
un
conjunto
amplio
de
medidas,
dirigidas
a
reducir
los
tipos
y
hacer
desaparecer
la
mayoría
de
deducciones,
es
un
ejemplo
de
reforma
y no
simple
maquillaje
del
sistema
que
hasta
entonces
existía.
En
cualquier
caso
no
creo
que
esto
sea
importante
y
debamos
perder
más
tiempo
en
cuestiones
conceptuales.
Analizando
las
medidas,
lo
que
pretenden
es
generar
mayores
recursos
poniendo
mayor
liquidez
a
disposición
del
ciudadano.
La
teoría
económica
señala
que
la
misma
se
puede
reactivar
por
vía
del
consumo
y
del
ahorro:
- mayor
consumo,
que
genera
empleo,
y
mayor
recaudación.
Esto
será
posible
desde
el
momento
que
el
ciudadano,
al
habérsele
reducido
los
impuestos,
dispondrá
de
más
dinero.
- Vía
ahorro,
que
se
traduce
en
inversión.
Desde
el
momento
en
que
el
ciudadano
dispone
de
mayor
liquidez,
invierte
más,
que
se
traduce
nuevamente
en
generación
de
empleo
y
mayor
recaudación
impositiva
del
estado.
Al adoptar
estas
medidas
el
riesgo
está
(riesgo
que
se
puede
medir
o
reducir
pero
no
evitar
completamente)
en
que
disminuya
la
recaudación
del
Estado.
En
un
primer
término,
así
habrá
de
suceder.
Sin
embargo,
si
la
confianza
de
los
ciudadanos
aflora,
los
mecanismos
de
consumo
e
inversión
se
activarán,
lo
que
se
traducirá
en,
incluso,
mayores
recursos
a
favor
del
estado
vía
recaudación.
No obstante,
la
economía
es
una
ciencia
inexacta
que
se
basa
en
las
emociones
de
los
ciudadanos.
Al
final,
sí
resultará
que
la
economía
es
un
estado
de
ánimo.
La
reducción
de
tipos
influye
en
el
bolsillo…y
en
el
corazón
de
los
contribuyentes.
Por
ello
tipos
más
bajos
conducen
a
una
voluntad
de
pagar
lo
que
corresponde.
Tipos
superiores
animan
al
fraude
fiscal.
Y es
que
es
necesario
bajar
impuestos
para
volver
a
crecer.
En este
sentido,
Arthur
Betz
Laffer,
creador
de
la
"Curva
de
Laffer",
sostiene
que
una
menor
presión
fiscal
tiene
como
efecto
una
mayor
actividad
económica,
generar
empleo
y
aumentar
la
recaudación.
Es
cierto
que
también
tiene
sus
detractores,
pero
yo
en
particular,
más
allá
de
modelos
matemáticos
que
demuestren
la
precisión
o el
error
de
esta
teoría,
sí
comparto
su
punto
de
vista
y no
pocas
veces
(no
todas),
la
realidad
ha
demostrado
que
su
teoría
se
cumple.
Ahora
bien,
para
que
lo
anterior
sea
cierto,
no
deben
cumplirse
únicamente
las
condiciones
que
los
economistas
consideran
idóneas,
ya
que
los
artífices
del
cambio
son,
en
último
término,
los
ciudadanos.
El
éxito
o
fracaso
se
deja
así
en
manos
de
los
propios
contribuyentes,
quienes
son
los
que,
cargados
de
emociones
(las
personas
somos
razón
y
emoción)
deciden
si
les
gusta
o no
lo
que
escuchan,
si
refrendan
esa
política
económica
o la
rechazan.
Es
decir,
de
nada
valdría
que
las
medidas
adoptadas
fueran
óptimas
desde
el
punto
de
vista
técnico
(que
existiera
un
consenso
de
todos
los
gurús
de
la
materia,
de
izquierdas
o
derechas,
sobre
su
idoneidad),
si
el
ciudadano
no
interpreta
de
igual
manera
la
reforma
a
como
lo
haya
hecho
el
gobierno.
En
este
sentido
juega
un
papel
trascendental
cómo
se
hacen
llegar
los
mensajes.
Estamos
ahora
analizando
todos,
y
leyendo
los
ciudadanos,
de
que
trata
la
"reforma
fiscal".
Algunos
medios
y
partidos
se
dieron
prisa
en
matizar
las
declaraciones
del
gobierno,
manifestando
que
no
se
trataba
de
una
reforma,
si
no
de
una
bajada
de
impuestos,
como
si
de
esta
forma
le
pudiera
restar
importancia
al
cambio,
o le
pudiera
robar
votos
al
gobierno
actual.
Y
sin
embargo
creo
que
el
mensaje
es
mucho
más
claro
cuando
se
le
habla
al
ciudadano
de
rebaja
de
impuestos,
que
es
un
lenguaje
directo,
coloquial,
y
que
todos
entendemos,
que
cuando
se
habla
de
reforma
fiscal,
con
tentaciones
de
explicar
cuestiones
mucho
más
técnicas,
donde
se
insinúa
un
cambio
trascendente
en
el
sistema
tributario
español,
que
al
ciudadano,
la
verdad,
ni
entiende
ni
le
importa.
A pesar
del,
quizá,
error
en
la
forma
de
nominar
los
cambios
que
han
llegado,
obviamente
el
gobierno,
por
tradición
de
todos
los
gobiernos,
ha
intentado
(veremos
si
lo
ha
conseguido)
“vender”
las
modificaciones
que
llegan.
Así,
los
mensajes
que
se
lanzan
al
ciudadano
son
claros:
reducción
de
tipos
impositivos,
rebaja
de
retenciones,
mayor
dinero
en
el
bolsillo
de
los
trabajadores
y
rentas
medias,
etc.
Viniendo
de
una
época
que
ha
sido
realmente
dura,
estos
mensajes
no
me
cabe
duda
que
van
a
calar
en
la
gente,
del
signo
político
del
que
se
trate,
generando
emociones
positivas
en
los
individuos.
Muchos
ciudadanos
se
van
a
sentir
mejor;
si
no
completamente
en
términos
económicos,
que
también
-aunque
la
rebaja
no
fuera
en
realidad
tal
alta
como
se
hubiera
presumido
de
inicio-,
si
sentirán
una
clase
de
serenidad
en
su
estado
de
ánimo.
Nuestro
ex-presidente
del
Gobierno,
señor
Rodríguez
Zapatero,
fue
criticado
(en
privado
yo
también
lo
hice)
por
manifestar
que
la
economía
era
un
estado
de
ánimo.
En
realidad
esto
no
era
una
idea
suya,
sino
muy
anterior,
y la
mayor
crítica
que
se
le
hacía
en
realidad
era
tratar
de
hacernos
creer
que
no
existía
crisis,
y
que
se
trataba
todo
de
un
error
de
percepción,
que
debía
cambiarse
para
que,
cambiando
nuestro
estado
de
ánimo,
revertiera
el
ciclo
económico.
La realidad
es
que
no
era
posible
que
aquello
que
entonces
defendía
tuviera
visos
de
éxito,
porque
además
de
las
emociones
que
se
generan
en
los
contribuyentes,
es
necesario
que
existan
unos
mimbres
para
el
cambio.
No
se
trata
ahora
de
remover
lo
sucedido
años
atrás,
pero
sí
quiero
destacar
que
entonces
ni
existían
las
condiciones
para
generar
ese
cambio
en
la
visión
de
los
ciudadanos,
ni
se
hizo
nada
en
particular
para
generar
el
cambio.
Actualmente,
por
merito
del
gobierno,
o
porque
la
mejora
ha
sido
en
la
zona
euro,
o
por
que
ha
sido
mundial,
o
por
las
razones
que
fueren,
sí
se
cumple
la
existencia
de
bases
sólidas
que
permiten
que
el
cambio
se
vaya
a
operar
de
forma
efectiva
en
la
mentalidad
de
todos
los
que
nos
rodean. |